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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

El futuro del ferrocarril en Galicia

José Luis Chamborro
Redacción
domingo, 18 de julio de 2010, 14:02 h (CET)
En estos momento de recortes y dificultades económicas, probablemente sea un buen momento para que hagamos una parada y una reflexión acerca del futuro de nuestro ferrocarril y de las inversiones que quedan por emprender.

Vamos a intentar en éste momento abstraer un poco y hacernos con una visión global de la situación presente y futura.

No voy a hablar de dificultades técnicas, que ahí están. Ni de los derechos como frontera de Verín, que ahí están consolidándose. Son cuestiones muy importantes que pesan. Pero en ésta meditación nos vamos a centrar solamente en el aspecto económico. Luego ya habrá que sumarle estos otros factores.

A todos, y en especial a los que no apoyan la propuesta de trazado alternativo, que espero que sean muy pocos, les pido que se intenten poner en contexto:

-Tenemos una propuesta de un tramo que tiene un coste de alrededor mil millones*, frente a otro tramo que cuesta alrededor de 4.000, es decir 4 veces más.

-En una década de vacas gordas, bien gordas, la inversión en ferrocarril en Galicia puede haber rondado los 3.000 millones**. Y eso con reivindicaciones constantes, que no hemos estado callados.

- Tenemos inversiones ferroviarias pendientes de realizar en todas las LAV de Galicia por más de 16.000 millones. Más de 5 veces lo que se invirtió en 10 años prósperos.

- En Olmedo-Santiago quedan más de 7.000 millones pendientes de invertir. Más del doble de lo que hemos conseguido en una década de vacas gordas. Al ritmo de la década pasada, se tardaría en finalizar más de 20 años.

-Nos espera una década perdida en lo económico. No habrá dinero. Para los 3-4 próximos años ya dijo el Sr. Ministro que no íbamos a superar los los 5.000 millones anuales, para inversiones en obras de Fomento, en toda España.***

Os pido realizar una mezcla de éstos ingredientes, y posteriormente una reflexión acerca del plato que ha resultado. Por mi parte, después de mis reflexiones, dejo unas preguntas en el aire:

-¿Vamos a conseguir sólo para Olmedo-Santiago, en la próxima década, más del doble de lo que hemos conseguido en la próspera década pasada?

-¿Cuándo vamos a terminar de realizar todas las inversiones ferroviarias pendientes, contando que al ritmo de la década anterior, tardaríamos más de 50 años?

-¿Por qué se va a desperdiciar una oportunidad de oro de rebajar en un gran importe, el monto de inversiones a realizar?

-¿Por qué no facilitamos la labor a todas las autoridades públicas implicadas, y de camino realizamos un proyecto fundamental para el sureste de Galicia?

Estamos en una situación en la que el horizonte es negativo. No está bien que a la vez que nos quejándonos por la falta de inversiones, pidamos obras faraónicas. Obras en las que se puede conseguir lo mismo, a 1/4 de precio, por un recorrido muy cercano. Seamos un ejemplo de coherencia para todo el país. Dejemos de huir hacia adelante. Pidamos con responsabilidad.

Lo que está en juego es bien complicarnos más la vida y ponernos un horizonte más difícil, o bien facilitar un poco las cosas e intentar que tengamos más infraestructuras construidas en el mismo tiempo. Y el horizonte de tiempo para conseguir ese dinero necesario es muy largo.

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Si bien, en esta lucha maníquea entre movimientos que se oponen a la igualdad y sólo buscan la discordia entre los diferentes géneros, un papel clave lo juega el auge del feminismo radical. A grandes rasgos, el feminismo no es una única ideología, sino que se divide en variantes como el liberal, el socialista, el étnico y el radical. Mientras el primero defendía los derechos de las mujeres, el segundo destacaba la opresión de las mujeres de clase trabajadora y el tercero el de las mujeres pertenecientes al mundo postcolonial. Actualmente, el feminismo radical se arroga el monopolio sobre el discurso feminista, convirtiéndose en un pensamiento excluyente y etiquetando como “machista” a todas aquellas corrientes que no comparten la totalidad de sus puntos de vista. El feminismo radical culpabiliza al hombre por el mero hecho de serlo, lo feminiza en su forma de ser y lo funde bajo el signo del patriarcado. En última instancia, el fin de esta versión ultramontana del feminismo es presentar la supremacía de la mujer sobre el hombre como una supuesta y falsa igualdad. No hay que engañarse. El feminismo radical no sirve a la mujer, ni tampoco al hombre. Ha desechado como motivo de su lucha otras causas en las que también está en juego la igualdad frente a la coacción: la violencia en los matrimonios homosexuales (tanto de hombres como de mujeres), la identidad transexual, el maltrato de los niños en el seno familiar, el maltrato del hombre en el hogar, el maltrato de los discapacitados y de las personas mayores por parte de su propia familia. El feminismo radical entiende que esta violencia no existe, que es mínima y que no puede ser comparada con la sufrida por la mujer. En definitiva, el feminismo radical es la gran traición -tanto como el patriarcado- hacia el propio ser humano.

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