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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Se odian pero se necesitan y… así nos va

Miguel Massanet
Miguel Massanet
sábado, 17 de julio de 2010, 08:36 h (CET)
Qué quieren que les diga ¡me aburro! Si, señores, no es que me las dé de oráculo ni que sepa leer en las estrellas o pertenezca al exclusivo círculo de los pitonisos del Oráculo de Delfos pero, lo que si atesoro es un amplia experiencia de la vida (algo que, hoy en día, parece que esta devaluado por la petulancia temeraria de las nuevas generaciones) y creo tener una visión bastante ajustada de aquello en lo que se ha convertido la política y los políticos que la ejercen. Se dice que no hay nada nuevo bajo el sol y que, en Historia, los ciclos se van repitiendo como si, en realidad, el transcurso de los hechos en el tiempo se asemejara a una cinta de película en la que el principio y el fin estuvieran unidos de forma que la imágenes se fueran reproduciendo a través de las distintas etapas históricas. Y es que, cuando uno ha visto uno de estos Debates sobre el Estado de la Nación, los ha visto todos. Sí, señores, en estas asambleas, donde se pierde el tiempo y los dineros de los españoles –que debemos detraer de nuestros respectivos peculios –, para que los que dicen ser nuestros representantes, cuando, en realidad, de lo único que se ocupan, con verdadero fervor, es de hacerse con unas buenas dietas, utilizar sus influencias para hacer “favores” a quienes se los solicitan y frecuentar, con más que sospechosa frecuencia, los grandes restaurantes de Madrid, que haberlos ¡haylos!, y procurar asegurarse una opulenta vida retirada para cuando los cesen en el cargo; resulte que, en realidad, no son más que una representación escénica, donde cada quisque tiene su papel asignado; sin que, aparte de discursos aburridos, aparentes discordancias y deplorable oratoria, no se resuelva nada, se dejen los problemas sin solucionar y, al finalizar, cada partido se ufana de haber sido el vencedor de aquella incruenta batalla.

En realidad, ya se fijarán ustedes, toda la ampulosidad de los oradores del Gobierno y de la oposición, se reduce a algo tan simple como que el señor Presidente del Ejecutivo dice que ha gobernado cojonudamente y que quien lo critique es que no sabe lo que se dice y, en cuanto a los distintos lideres del resto de grupos políticos, suelen ser críticos con el Gobierno, resacándole aquellos aspectos de la gobernación que no les han sido favorables ¡no a los españoles, por supuesto! ¡No!, sino a sus intereses de partido o particulares que todo procede de la misma raíz. Ello no obsta, como ya podremos ver en los meses venideros, que los vascos del PNV (una mezcla de catolicismo retrógrado, de pacto de Ajuría Enea, independentismo y de mercantilismo), que ya han dado a conocer, en el Parlamento, cuál es su precio, renuncien a sus recriminaciones y vuelvan a apoyar al Ejecutivo en los nuevos PGE. No le demos, tampoco demasiado valor a la aparente firmeza del señor Durán de CIU, cuyas amenazas se convertirán en una tormenta en un vaso de agua, si el señor ZP, con su habitual zorrería, les pone un fajo de millones de euros ante sus narices para que los malgasten a placer y, así consigan que Catalunya, sea la primera región independiente desde la unificación de España por los Reyes Católicos.

Verán, yo veo el arco parlamentario desde una perspectiva eminentemente cínica como, seguramente, contemplaría Diógenes a los gobernantes de su tiempo. Sólo consigo apreciar, en dicho foro, a un grupo que consiguió hacerse con el gobierno de España, gracias a la hábil manipulación de un suceso dramático, el atentado del 11-M del 2004; que nos han llevado engañados desde el principio, que no ha dado pie con bola en los más de seis años que llevan en el poder y que recogieron del señor Aznar un país que había conseguido reducir cinco millones de parados, poner a flote nuestra economía, sacar de su situación de pre-quiebra a la Seguridad Social e ingresar, con nota de notable, en la Comunidad Europea; ante el asombro del resto de países europeos. Este grupo, estos socialistas, aparecen en el hemiciclo como si su gestión hubiera sido la mejor, como si España estuviera boyante y no a la cola de Europa; como si no debiéramos un chavo y no tuviéramos mas de 4.600.000 de parados ¡vamos, el colmo de la cara dura y la desvergüenza! El presidente Zapatero habla como si, en lugar de un perdedor, un sujeto sometido a la humillación de que le dicten, desde fuera de España, la política económica y financiera que debe seguir, bajo amenaza de retirarle todas las ayudas del BCE, para que pueda renegociar la deuda pública que vence y sacar del peligro de bancarrota a una buena parte de nuestro sistema bancario ( incluidas las cajas de ahorros) para que, la posible quiebra de España, no arrastre con ella a Europa y mande al euro a aquel infierno, del que puede que nunca debiera de haber salido, si nos atenemos a los problemas que viene generando.

Pero no queda aquí todo, aunque evidentemente la parte del león, en el problema español, se la lleva el Gobierno de ZP; un paradigma de lo que no debe ser un gobierno y un ejemplo del peligro de otorgar la confianza de los ciudadanos a un partido que sólo se rige por el revanchismo guerra civilista y el deseo de retornar a periodos de nuestra historia (que ya deberíamos haber amortizado y pasado página sobre ellos, para que las nuevas generaciones no se dejaran influir por una etapa tan tormentosa de nuestra Historia). No obstante, tampoco podemos sentirnos satisfechos de otros grupos que, como los de izquierdas extremas, se limitan a pedir con insistencia la aplicación de procedimientos burocráticos, intervencionistas, igualitarios y policíacos a imagen y semejanza de los aplicados en la Rusia soviética o en la Alemania del Este, cuyos resultados quedaron inmortalizados para siempre, como sistemas desacreditados y empobrecedores, con la simbólica caída del muro de Berlín. Pero el cáncer verdadero que afecta a España es una consecuencia indirecta de la nefasta idea que tuvieron nuestros constitucionalistas de establecer un Estado de las autonomías. Aquellas cesiones innecesarias a Catalunya y al País Vasco, las hemos tenido que lamentar desde que comenzaron a estudiarse esta fórmula descerebrada de dotar de estatutos propios a lo que antes eran solamente regiones y provincias de España. Este ha sido el coladero por el que se han ido quedando trizas de la soberanía española, en beneficio de aquellos que han encontrado, en este sistema, el método más rápido y eficaz de establecer distancias con el Gobierno Central, adquirir fuerza centrífuga y dotarse de instituciones independientes que les han permitido poner las primeras piedras a la independencia de aquellas regiones que, desde hace años, si bien en estado larvado, ya tenían aspiraciones independentistas.

No podemos olvidarnos del principal partido de la oposición, el PP del señor Rajoy. La verdad es que, si bien recoge el desencanto de muchos indecisos, que aumenta su diferencia con relación al PSOE; estando España en la penosa situación en la que se encuentra, no es comprensible que, a nivel de calle, el señor Rajoy tenga una valoración tan baja y, en general, este PP inspire tan poco entusiasmo entre aquellos que, como yo mismo, fuimos miembros del partido, pero que nos enfriamos cuando observamos la deriva emprendida, desde el congreso de Valencia, por la que las aspiraciones a conseguir el gobierno de España, se sobreponían a una serie de valores que el partido siempre había tenido como santo y seña. Nada sobre el castellano como idioma obligatorio y derecho de todos los españoles a educarse en él; nada o poco menos con respecto al aborto; una posición que, hoy se ha visto en el Parlamento, dista diametralmente, respecto al Estatut catalán de aquella que les indujo a presentar el recurso. Nada respecto a los matrimonios gay; ni mencionar los ataques a la Iglesia católica. Una glacial indiferencia respecto a todo aquello que los pudiera perjudicar electoralmente. ¿Cómo quieren que no sea cínico respecto a este panorama? ¡Imposible!

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