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Etiquetas:   El crisol   -   Sección:   Opinión

Para acabar con la corrupción

Pascual Mogica
Pascual Mogica
sábado, 17 de julio de 2010, 08:11 h (CET)
Cada día son más los casos de corrupción política que se están dando en este país, esto hace que desde mi modesta condición de ciudadano de a pie, lo que no me exime de mi obligación de aportar ideas, sugerencias, propuestas y todo tipo de observaciones que puedan coadyuvar a adoptar medidas para acaba con esta vergonzante actitud de ciertos políticos desaprensivos.

Dicho esto y en cuatro líneas, más o menos, voy a resumir y hacer públicas dos propuestas dirigidas a quien corresponda. La primera de ellas es que desde el poder legislativo, las Cortes Generales, se promulguen leyes muy severas, cosa que no se está haciendo, salvo algún parcheo, que se aplicarían a todos los políticos y personas civiles que se vean involucradas en casos de corrupción. A todos ellos se les aplicarían penas de cárcel hasta una edad en la que no pudieran disfrutar, por su avanzada edad, del dinero conseguido de forma ilícita.

La segunda propuesta es la de gobernar “a lo Berlusconi”, es decir: aprobar leyes que hagan oficial y por tanto legal lo que a nivel de calle ya viene siendo normal: la corrupción y la sinvergonzonería de muchos políticos y no políticos. Estas leyes y tomando como referencia las dictadas y aprobadas por los gobiernos de Berlusconi, librarían de la cárcel a muchos corruptos que es más o menos lo que está sucediendo en España. Aquí nadie va a la cárcel. Se eternizan los procedimientos judiciales contra los corruptos debido a los cambios de jueces y fiscales y en ocasiones se les pone en manos de jueces que están actuando de forma interina, en funciones, y que dan la sensación de que no quieren meterse en camisa de once varas.

Estas son mis dos propuestas para acabar con la corrupción en España. A los legisladores, a los políticos, les corresponde actuar con mayor dureza o por el contrario habrá que gobernar y legislar “a lo Beslusconi” con lo cual lo anormal se torna normal y lo normal no molesta a nadie. Mucho menos a los corruptos. A nadie le cabe la menor duda de que no se está actuando con la firmeza que se precisa. Nos encontramos con estafadores que han sido condenados pero que la comida que consumen en la cárcel se la suministran desde un restaurante. Con delincuentes que se quedan con el dinero de unas religiosas y luego son indultados, entre otros, y claro, así da gusto ser un corrupto y al que no lo es se le puede tachar, perfectamente, de gilipollas.

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