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El vertido de crudo del Golfo de México

Ángel Ruiz Cediel
Ángel Ruiz Cediel
@angelruizcediel
viernes, 16 de julio de 2010, 00:39 h (CET)
Para cualquier ciudadano que tenga una mínima formación, lo más difícil que se le presenta es creer a sus políticos. Saben que mienten de forma sistemática, usando la falacia o la media verdad como una simple herramienta de trabajo. A veces, en el nombre de la seguridad nacional, a veces por conveniencia de Estado o simplemente, a veces, por conveniencia políticamente correcta, el caso es que casi nunca dicen la verdad, y esto es precisamente lo que está sucediendo con el vertido de crudo que está teniendo lugar en el Golfo de México. Y no es, ni mucho menos, un asunto menor. Ni siquiera queda claro qué se está vertiendo, cuánto o de cuántas fuentes distintas. Vamos, que no sabemos nada: descartada la verdad oficial, todo son rumores y filtraciones.

Los “hilitos” que se están vertiendo varían, según las fuentes, del equivalente a unos cuarenta mil barriles diarios a cerca de doscientos mil, que es decir de nueve mil a decenas de miles de toneladas diarias, habiendo quién cifra el vertido a día de hoy en casi un billón (europeo) de toneladas. Sin ninguna duda, la mayor catástrofe medioambiental de la Historia. Incluso hay fuentes que indican que no es un vertido, sino cinco distintos, pues que cinco tipos distintos de chapapotes se han encontrado en las playas del golfo, además de ingentes cantidades de gas metano que se están vertiendo a la atmósfera hasta el punto de poder producir formidables deflagraciones espontáneas por causa de la simple actividad eléctrica del hombre o de las tormentas. Un panorama desolador para la fauna marina, para los pescadores (hoy prohibida la faena pesquera en buena parte del golfo), para la población costera… y para el resto del planeta, pues que las corrientes marinas parece ser que están arrastrando grandes cantidades de crudo hacia el Atlántico Norte, y Dios sabe desde ahí a qué otros lugares de todo el planeta. Estamos, pues, hablando de una catástrofe global de proporciones apocalípticas para la que las supuestas autoridades no encuentran remedio, habiendo llegado a considerar el uso de armas nucleares para sellar las grietas del fondo marino, lo que podría representar, habida cuenta del panorama, que el remedio sería peor que la enfermedad.

El Estado norteamericano es uno de los más psicopáticos del planeta, en el que abundan tal cantidad de agencias secretas –todas ellas de tres letras- que algunas llegan a ser secretas para las demás agencias secretas, y tanto más para el propio Presidente. Una de estas agencias, precisamente, ha sido la encargada de meter el miedo en el cuerpo a los ciudadanos costeros, llegándose a la paranoia de que está prohibido filmar o tomar fotografías de los vertidos, bajo penas de cárcel, quedando toda la información en manos oficiales, que es decir de la desinformación y la mentira. El problema, en consecuencia, se puede colegir como mucho más grave de lo parece a simple vista, y su alcance de unas dimensiones escatológicas que nos afecta a todos.

Por si fuera poco, y para arreglar la tragedia, ese invento que muchos conocerán de los Web-bots (un algoritmo informático desarrollado para encontrar fórmulas eficaces que permitieran una certera especulación en bolsa, pero que se ha decantado accidentalmente como un fiable, para algunos, proyector de sucesos), se ha soltado el pelo asegurando que hay altas probabilidades de esperarse a partir del 11 de julio –anteayer- un promedio de 1298 millones de muertes durante este año, en una combinación del vertido junto con una guerra global termonuclear producida por un atolondrado ataque israelí-norteamericano a Irán que desataría todo un festín para la parca. El clímax de la situación se alcanzará, según esa proyección, el 8 de noviembre próximo. Un mundial más, como aquél que dice.

Cierta o no la apocalíptica predicción que estos días consume ingente cantidad de bites en los márgenes de Internet, el panorama no es nada halagüeño, no faltando biólogos que sostienen que este derrame puede contaminar todos los mares y caladeros del planeta en poco tiempo más, y que puede dañar de forma irremediable y durante un larguísimo lapso de tiempo (tal vez siglos) la vida en el mar, lo que se puede traducir simplemente como hambruna mundial. Y todo ello, claro, sin considerar las consecuencias externas que el vertido de gases tan tóxicos como inflamables a la atmósfera pueden tener para la vida de superficie. Todo un mundial, ya digo.

Que los belicistas hebreo-norteamericanos más pronto que tarde nos van a meter en berenjenal del que podemos salir trasquilados, es cosa cantada. Difícilmente se librará Madrid de ser sede del espectáculo, si tal contienda llegara a verificarse, Dios no lo quiera. Pero si a eso le añadimos este desastre –para el que no faltan voces que aseguran intencionalidad tácita-, y si además consideramos el Tratado de Iron Mountain o el Proyecto 2000 que mencionaba en esta misma columna hace sólo unos días, la cosa se pone de mil colores. ¿Qué por qué?..., pues porque para algunos paranoicos muy poderosos somos demasiados y hay que entresacar personal, según parece: unos miles de millones de almas nada más. En fin, que si el aforismo chino dice que “procura vivir tiempos interesantes”, nos estamos hartando. ¡La actualidad está que arde!

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