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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

El rostro de la inmigración

Edward Schumacher-Matos
Edward Schumacher-Matos
viernes, 16 de julio de 2010, 00:35 h (CET)
BOSTON - ¿Cómo se promociona el éxito cuando su rostro humano es el de los inocentes castigados?

La administración Obama está haciendo una labor miserable de promoción de sus éxitos en la implantación de la inmigración entre el pueblo estadounidense, y una razón fundamental es que no sabe responder a esa cuestión.

La cifra de inmigrantes en situación irregular en el país está bajando de forma drástica. La cifra de los que cruzan la frontera es la menor en casi 40 años. Las agencias federales, locales y estatales del orden llevan ante la justicia a la reducidísima cifra de inmigrantes que cometen actos violentos u otros delitos.

Pero, ¿dónde están los telegénicos directores de la Patrulla de Fronteras de aspecto heroico de los programas del cable? ¿Dónde están las gráficas como las del Pentágono que registran las tendencias en una sola imagen que los ciudadanos pueden ver? ¿Dónde está, sobre todo, el presidente, al pie en la frontera, dando confianza a los estadounidenses en que la administración la tiene bajo control?

Por ningún lado. En apenas las dos últimas semanas, lo que hemos visto es al presidente lanzando pullas a los Republicanos en un discurso tibio, una secretario de interior competente por lo demás dando una charla aún más densa a los 'expertos' de Washington, y a los gobernadores Demócratas de la nación rasgándose las vestiduras diciendo que ni siquiera ellos entienden lo que está haciendo la administración en materia de inmigración, además de revocar por la vía judicial la popular ley de Arizona.

Una gran parte del liderazgo consiste de espectáculo, y el presidente tiene legítimamente algo que mostrar. Pero pregunte al funcionario medio de la administración el motivo de que ellos no y, tras mucho divagar, la razón se reduce al rostro humano de los castigados. Los encarcelados y deportados son en su mayoría personas honestas y bienintencionadas, pobres muchas de ellas, que se colaron por la frontera o superaron la vigencia de sus visados simplemente porque querían trabajar. Algunos tienen hijos, que se suman al drama.

Tales imágenes no quedan bien con funcionarios de la administración a nivel personal ni político. Tenemos que respetar la ley, pero es difícil. Las imágenes encolerizan a los grupos religiosos, a los activistas de la inmigración y a los colectivos latinos entre otros, que forman parte del electorado del Presidente Obama.

Y por eso la administración sale del paso político a duras penas. Espera convencer de algún modo a la opinión pública estadounidense de apoyar una reforma integral del sistema de inmigración demostrando que se puede confiar en la administración para implantar la ley, pero sin hacer campaña de su eficacia en la puesta en práctica por temor a ofender a los electorados del presidente. A continuación culpa a los Republicanos de no aprobar la reforma integral de la inmigración. Además, culpa a los Republicanos de la situación de los inmigrantes pobres, incluso si los que ponen en práctica la implantación son Demócratas.

Si eso no parece tener mucho sentido, tiene razón. El gobierno no sabe lo que está haciendo - por sí mismo, por los Demócratas que se la juegan en las elecciones de noviembre ni por el país. Los Republicanos no ayudan, mientras cortejan a los extremistas asertivos entre su electorado, que sólo quieren oír hablar de medidas policiales.

Ha llegado el momento de que el presidente recupere su valor, mire más allá de sus electores y lleve la campaña al pueblo estadounidense. Lo que muestran las encuestas es que los estadounidenses apoyan la regularización condicionada de los 11 millones de inmigrantes en situación irregular que viven y trabajan aquí, pero quieren estar seguros de que el gobierno se compromete a evitar que lleguen más ilegalmente.

Como escribía en un informe hace dos semanas Stewart Verdery, adjunto de Interior con el Presidente George W. Bush, la administración Obama ha cumplido o está cumpliendo en la práctica los plazos que los restriccionistas de la inmigración del Senado habían fijado en 2007 como parte del pacto de reforma integral que no salió adelante.

Si Obama no incluye sus éxitos ni apela al país en materia de inmigración, tiene el peor de los escenarios: una opinión pública desconfiada, un electorado resentido y los Republicanos de bonanza aprovechando todo en noviembre. La reforma, mientras tanto, es imprescindible para la economía, para nuestro sentido de la justicia e, irónicamente, para que las medidas policiales funcionen totalmente.

Pero ¿qué objetivo tiene cumplir plazos si nadie los conoce?

Siendo justos, Obama tiene prioridades enfrentadas, empezando por la recesión. Pero la inmigración se ha vuelto tan tóxica que el país se está desgarrando. Se producía una imagen triste hace poco también. En el municipio de Milford, Mass. , los inmigrantes ecuatorianos plantaban un lecho de flores en forma de corazón en señal de agradecimiento a su hogar adoptivo, sólo para que desconocidos del municipio lo arrancaran.

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