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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

Fórmula del desastre presupuestado

Ruth Marcus
Ruth Marcus
miércoles, 14 de julio de 2010, 23:54 h (CET)
WASHINGTON -- A veces un esfuerzo de presión política alejado de la luz pública cuenta una historia más relevante. Este fenómeno se está produciendo ahora mismo en el improbable asunto de los lácteos de leche maternizada -- y la moraleja más importante y preocupante enseña lo difícil que resulta dar hasta los pasos de mayor sentido común para ahorrar dinero de los contribuyentes.

Los productos de leche maternizada son un gran negocio, y el mejor cliente de los fabricantes es con diferencia la administración federal. Más de la mitad de las ventas en Estados Unidos salen del Programa Especial de Complementos Nutricionales para Mujeres, Bebés y Menores (WIC), que los facilita de forma gratuita. En el ejercicio fiscal 2009, los productos alcanzaron los 850 millones de dólares del presupuesto de 7.300 millones que tiene asignado el WIC.

Desde el año 2002, los fabricantes de los lácteos de leche maternizada empezaron a ofrecer productos con aditivos -- ácido docosahexanoico (DHA) y ácido araquidónico (ARA) -- para copiar los ácidos grasos presentes en la leche materna. Como era de esperar, estos productos cuestan más. El Departamento de Agricultura, que supervisa el programa WIC, permitió que los programas de cada estado decidieran los productos que querían comprar. Como era de esperar, los fabricantes presionaron a las legislaturas estatales para pasar a las versiones enriquecidas más caras.

Y, tal vez no por casualidad, cuando el programa WIC fue renovado en el año 2004, el Congreso metió con calzador en la formulación un lenguaje que dice a los estados que al pedir los productos destinados a los bebés, no pueden obligar a los fabricantes a incluir ni omitir ingredientes concretos.

Ya se imaginará lo que pasó después: los fabricantes empezaron a enviar ofertas exclusivamente de los productos más caros. Un estudio del Departamento de Agricultura fechado en febrero de 2010 sitúa el incremento de los precios en 91 millones de dólares al año, más de la décima parte del presupuesto de los productos de leche maternizada. Ahora las referencias de productos nuevas llevan aún más ingredientes -- y precios aún más altos -- y se ofrecen a través del programa WIC.

Todo sería tolerable si las fórmulas encarecidas fueran claramente mejores para los bebés. (Lo mejor para los bebés es la leche materna, pero esa es otra cuestión). Los fabricantes afirman que los aditivos mejoran el desarrollo cerebral y ocular, y que las pruebas de esto son aplastantes. Pero mientras que la Agencia del Medicamento ha aprobado la seguridad de los aditivos, no ha examinado -- porque dice que no forma parte de sus competencias -- si tienen o no los efectos benéficos que se mencionan.

Nadie espera que el Programa Especial de Complementos Nutricionales para Mujeres, Bebés y Menores vuelva a las referencias antiguas. De hecho, ya ni se fabrican. La verdadera cuestión es lo que pasa a medida que se extienden esta clase de ingredientes. Los ácidos grasos DHA y ARA se están extendiendo a todo, desde los potitos a los huevos pasando por los zumos, junto a otros ingredientes como prebióticos, probióticos, luteínas y licopenos. Los aditivos amenazan con convertirse en La Cosa que Se Comió el Presupuesto del Programa WIC.

Con el programa WIC en vísperas de su renovación, el Comité de Agricultura del Senado ha aprobado una medida legislativa que obliga al Departamento de Agricultura a examinar los aditivos. Un comité de la Cámara tiene programado esta semana considerar una legislación parecida que ordena a la agencia del medicamento a examinar los mejores estudios científicos antes de decidir si facilitar o no la comida más cara enriquecida con ingredientes extra.

Como era de esperar, los fabricantes -- Abbott, Nestlé y Mead Johnson -- están haciendo presión política contra la legislación. También el fabricante de los aditivos, Martek Biosciences Corp., que ha contado con el lobista Demócrata estupendamente relacionado Lanny Davis.

En un correo electrónico enviado a un legislador Demócrata, Davis argumenta que la legislación "es 'el caballo de Troya' de aquellos que tienen un programa político destinado a privar a las mujeres, y en especial a las mujeres pobres... de la posibilidad de utilizar productos de leche maternizada", y advierte de potenciales efectos "discriminatorios". En una entrevista telefónica, Davis dice que la cuestión está siendo impuesta a través de "activistas de los lácteos" anónimos que quieren obligar a todas las mujeres a utilizar leche materna.

El colectivo industrial del sector, el Consejo Internacional de Referencias, también se lanzó a utilizar la baza racial, argumentando que "probablemente redunde en un sistema de dos clases en el que a las beneficiarias del programa WIC que corren riesgo nutricional, pertenecientes a minorías muchas de ellas, se les niega el acceso a productos facilitados de manera generalizada a la población en general”.

Esta conmovedora preocupación por los pobres resultaría más convincente si aquellos partidarios de la investigación científica no incluyeran a la Asociación Nacional del WIC; la Asociación del WIC de California, el mayor grupo del estado; y el progresista Centro de Prioridades Presupuestarias y Legislativas.

Mientras tanto, los legisladores a los que les gusta dar lecciones contra derrochar dinero del contribuyente se muestran extrañamente hostiles a una legislación que permite gastarlo de forma más inteligente. En el comité de la Cámara, el Republicano de Michigan Peter Hoekstra va a intentar tramitar la legislación de la prueba científica, y corre peligro de ser retirada del estrado del Senado.

Habría dicho que los legisladores acogerían encantados la posibilidad de ahorrar dinero en una era de estrecheces presupuestarias. Habría dicho que las empresas que confían en el valor de sus productos acogerían encantadas la posibilidad de tener un sello federal de aprobación que los avale, en lugar de combatirlo. Pero lo habría dicho de no haber pasado tanto tiempo en Washington.

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