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Tags: Opinión · Momento de reflexión · Octavi Pereña
Alejandro El Grande y las riquezas


Octavi Pereña


Octavi Pereña Octavi Pereña
miércoles, 14 de julio de 2010, 00:34
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Desconozco si lo que dice un Power Point se ajusta a la realidad al atribuírsele a Alejandro de Macedonia una última voluntad que dio a sus generales en la que se les ordenaba: 1) que su ataúd fuese llevada a cuestas por sus médicos, 2) que los tesoros adquiridos (oro, plata, piedras preciosas) los extendiesen por el camino hasta la tumba, 3) que sus manos colgasen fuera del féretro a la vista de todo el mundo. Uno de sus generales, sorprendido por una última voluntad tan insólita, le preguntó al monarca por qué lo decía. Alejandro le contestó:

“Quiero que los médicos más eminentes transporten mi ataúd para que muestren ante la muerte que no tienen poder para curar”. Cierto, llega un momento en que la medicina no puede hacer para conservar la vida. De alguna manera el deseo de Alejandro bebe de la filosofía “comamos y bebamos que mañana moriremos”. ¡Por el tiempo que hemos de estar en este mundo démonos la gran vida! El mensaje que transmite el supuesto testamento de Alejandro es pesimista y frustrante. ¿Nuestro destino final es ser enterrados a perpetuidad, aunque sea en un mausoleo de mármol adornado con bellas esculturas cinceladas por los más eminentes escultores para ser pasto de los gusanos? La fe cristiana no ve a la muerte de una manera tan lúgubre. Por la fe en Cristo existe esperanza de vida eterna y de resurrección corporal. A la voz poderosa del Señor, los gusano vomitarán la carne ingerida para levantar de la destrucción un cuerpo glorioso, inmortal e incorruptible.

“Quiero que el camino hasta la tumba se cubra con mis tesoros para que todo el mundo pueda ver que los bienes materiales aquí adquiridos, aquí se quedan”. “No te preocupes cuando alguien se enriquece, cuando aumenta la gloria de su casa, porque cuando muera no se llevará nada, ni le seguirán sus riquezas” (Salmo 49:16,17). Jesús cita la historia de un hombre que había enriquecido mucho y que decía de sí mismo: “Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años, repósate, come, bebe, regocíjate. Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedir tu alma, y lo que has provisto, ¿de quién será? Así es el que hace tesoros y no es rico para con Dios” (Lucas 12:19-21). Un pensamiento que merece ser recordado: “Como la perdiz que cubre lo que no puso, es el que injustamente amontona riquezas, en la mitad de sus días las dejará y al final será un insensato” (Jeremías 17:11).

“Quiero que mis manos cuelguen para que las personas puedan ver que venimos con las manos vacías y nos marchamos con las manos vacías”. El patriarca Job muy conocido por los sufrimientos que pasó y la paciencia mostrada, cuando lo hubo perdido todo y solamente le quedaba un cuerpo sarnoso y una esposa que lo menospreciaba, dijo: “Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá. El Señor dio, y el Señor quitó, sea el nombre del Señor bendito” (Job 1:21). Esforzarse en acumular bienes materiales termina con la muerte de quienes se comportan tan neciamente: “Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma, y lo que has provisto, ¿de quién será? (Lucas 12:20). Debido al final tan trágico que aguarda a quienes viven solamente por los bienes materiales Jesús nos aconseja: “Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre (Jesús) os dará” (Juan 6:27). Ahora es el momento de hacernos tesoros en el cielo que nadie nos arrebatará. Mañana puede ser demasiado tarde porque no sabemos si mañana tendremos la oportunidad de tomar la sabia decisión de buscar las riquezas eternas.

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