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Etiquetas:   Artículo opinión   -   Sección:   Opinión

Manifestación y Mundial

Wifredo Espina
Wifredo Espina
@wifredoespina
lunes, 12 de julio de 2010, 23:23 h (CET)
La realidad estorba en muchas pretensiones políticas. Pero la realidad son los datos, reales y no virtuales, que debe tener en cuenta toda actividad política seria y no de ficción. Y la gran manifestación contra los recortes del Estatut, celebrada en Barcelona (cifras contradictorias y mentirosas a parte sobre asistentes) es una realidad. Y la enorme euforia, también en Cataluña, por el triunfo de la selección española en el Mundial, es otro dato real.

Estas dos realidades podrán interpretarse por algunos como contradictorias y por otros como complementarias. En todo caso, más allá de las miopes o aviesas lecturas, son compaginables. Como las estadísticas nos confirman (y lo acaba de recordar el conseller Saura), más del 70 por ciento de ciudadanos de Cataluña se sienten tanto catalanes como españoles. Es otro dato, que explica muchas cosas.

Entre otras, explica que aparentando ostensiblemente que la manifestación
era una reivindicación independentista, ni lo era mayoritariamente ni representaba un sentimiento independentista generalizado en la sociedad catalana. Cualquier visión en este sentido desde Madrid, o de algunos medios de comunicación, es un error, al margen de que no puede negarse que ciertos comportamientos políticos, gubernamentales y de la oposición, y también de sectores sociales del resto de España, fomenten el sentimiento soberanista catalán. La última legislatura, centralista y nada dialogante de Aznar, y los dos mandatos de Zapatero, ambiguos y engañosos en todos los campos (también respecto del Estatut), han contribuido mucho a ello.

No tener en cuenta los datos reales al opinar o sobre todo al gobernar, llevan a una visión virtual de las cosas y a una actuación equivocada. La realidad estorba. Y no tenerla suficientemente en cuenta en la sentencia del Tribunal Constitucional, le ha llevado a una interpretación jurídica muy rigorista de la Constitución, cuando siendo cierto que su misión es velar por la constitucionalidad de las leyes y normas y estando legitimado para ello (como ha reconocido Cardús), también lo es que podía interpretar la Constitución, que es un texto jurídico-político, desde una lectura de los datos de la realidad, es decir, con más espíritu inclusivo, más apertura, menos inmovilismo (cuando la sociedad se mueve constantemente) y también con menos miedo a la realidad.

La realidad estorba. A los partidismos, a los nacionalismos central y periféricos, a los opinadores comprometidos, a los gobiernos y también, en este caso, al Constitucional. Y cuando la realidad no es tenida debidamente en cuenta y estorba tanto que no cabe en el texto constitucional, es la Constitución la que habrá que reformar.

La masiva manifestación de Barcelona y el entusiasmo generalizado del triunfo en el Mundial, son dos realidades que, en lugar de estorbar, nos deben hacer meditar y obrar en consecuencia.

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