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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

Se agota el tiempo de hacer nombramientos sin el Senado

Ruth Marcus
Ruth Marcus
lunes, 12 de julio de 2010, 23:17 h (CET)
WASHINGTON -- Como cuestión administrativa, la elección por parte del Presidente Obama de Donald Berwick para supervisar los programas Medicare y Medicaid fue inspirada: Berwick, co-fundador del Instituto de Mejora Sanitaria, es el principal evangelista de la propuesta de que es posible tener una sanidad de calidad más alta a un precio menor en el país. No sólo ha predicado ese evangelio; ha demostrado que se puede traducir a la realidad.

Como cuestión política, la elección de Berwick por parte del Presidente fue, bueno, la palabra educada es audaz. La menos educada: majadera. Funcionarios de la administración apuntan que los Republicanos habrían aprovechado cualquier candidato como oportunidad para volver a reabrir el debate sanitario. Pero Berwick ofrece a la oposición un arma cargada con su discurso acerca del racionamiento de la sanidad, su debate de la reforma sanitaria como cuestión de redistribución de la riqueza, y sus efusivos elogios al sistema sanitario británico. Si el presidente quería abrir un frente así, más le vale haberse preparado para librarlo.

Como cuestión de buena administración, la maniobra del presidente encaminada a saltarse al Senado e instaurar a Berwick mediante nombramiento presidencial cuando el Senado no está reunido es escandalosa. Utilizar este mecanismo -- mejor dicho, abusiva -- para hacer nombramientos durante un receso del Senado es una tentación bipartidista. Todos los presidentes sucumben, y Obama se enfrenta a una oposición en el Senado implacablemente más recalcitrante. Pero la finalidad original de los nombramientos en receso era permitir que la administración siguiera funcionando durante los largos períodos en los que el Congreso no está reunido, pero eso es agua que no mueve el molino constitucional.

Un nombramiento durante el receso debería ser el último recurso en los casos de escandaloso retraso del procedimiento, no el primero. Ese estándar no se cumple ni de lejos en el caso de Berwick. Berwick fue elegido administrador del Centro de Servicios de Medicare y Medicaid (CMS) el día 19 de abril, hace menos de tres meses. Aún no ha pisado una vista. La investigación de sus antecedentes en el Comité no fue completa.

En resumen, Berwick no tiene nada que ver con el caso de la fiscal general Dawn Johnsen.

Johnsen fue la elección de Obama para encabezar el Gabinete de Asesoría Legal del Departamento de Justicia -- que como el cargo de administrador del CMS, es uno de esos cargos públicos tan importantes como oscuros. Como Berwick, Johnsen no podría haber tenido un currículum mejor. Su elección estaba cantada antes de la investidura del presidente. El Comité Judicial del Senado celebró la vista en febrero de 2009. En marzo aprobaba su nombramiento.

Y después... nada. Dado que el Senado no actuó antes del final del curso legislativo de 2009, el presidente tuvo que nominarla una segunda vez. Por fin, tras 14 meses del proceso, la nominación de Johnsen se descartaba. Un nombramiento sin sesión del Senado -- siempre que Obama se hubiera expuesto a las críticas -- habría estado plenamente justificado en su caso.

En el de Berwick no.
Como dijo el Demócrata de Montana Max Baucus, secretario del Comité de Economía del Senado, tras la precipitada acción de Obama, el proceso de confirmación "sirve para vigilar al poder ejecutivo y ampara... a todos los estadounidenses al garantizar que se plantean las cuestiones cruciales acerca del candidato -- y que se responden". Saltarse a la torera el proceso también perjudica al candidato, al minar su legitimidad y truncar el tiempo que tiene para actuar. Berwick sólo podrá ejercer hasta diciembre de 2011, una oportunidad corta para suponer una gran diferencia.

Existen explicaciones legítimas para los comentarios más incendiarios de Berwick acerca la sanidad. Es una lástima que no llegara a exponerlas. Un cínico -- (BEG ITAL)¿quién, yo?(END ITAL) -- pensaría que la administración simplemente prefirió no sufrir el revés político de un desaire en público.

Un cínico podría preguntarse, mientras la Demócrata de Arkansas Blanche Lincoln se enfrenta a una larga reelección, si Berwick podría superar por lo menos el trámite del Comité mediante una votación con disciplina de partido. Un cínico pensaría que lo último que el líder de la mayoría en el Senado Harry Reid quiere antes de unas elecciones es un enfrentamiento en el estrado acerca de racionar la sanidad.

Un cínico examinaría la explicación facilitada por la Casa Blanca -- que era urgente que el CMS, que lleva desde 2006 sin un administrador ratificado, tuviera un líder -- y se preguntaría: Entonces, ¿por qué se estuvo mareando la perdiz durante 15 meses antes nominar a alguien?

Al anunciar el nombramiento, el presidente se quejaba de que "muchos en el Congreso han decidido atrasar nominaciones críticas por fines políticos". Es cierto, pero ¿dónde están las pruebas de los retrasos en el caso de Berwick? No se puede acusar con justicia a la oposición de partidismo político cuando te saltas olímpicamente el proceso e invades la cancha antes del primer set.

"En cierta medida, se lo ha cargado", decía en el año 2005 el entonces Senador Barack Obama acerca del nombramiento de John Bolton como embajador en las Naciones Unidas mientras el Senado no estaba reunido.

¿Diría lo mismo el presidente de Berwick?

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