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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

El gran cepo

Robert J. Samuelson
Robert J. Samuelson
lunes, 12 de julio de 2010, 08:12 h (CET)
WASHINGTON - Viene siendo la más equitativa de las 11 recesiones registradas desde la Segunda Guerra Mundial. Por diferentes caminos, ha llegado a todas las clases sociales en forma de expedientes de regulación, recortes salariales, pérdida del valor de la vivienda, carteras de inversión mermadas, ahorros para la jubilación consumidos, hijos adultos que vuelven al hogar paterno - e inquietud por todo lo anterior. La Gran Recesión (como se la conoce de forma generalizada) ha cambiado a América psicológica, política, económica y socialmente. Hasta qué extremo exactamente se debatirá y examinará durante años. Surge de esto una pequeña industria en auge de eruditos, encuestadores y expertos.

Un nuevo estudio del Pew Research Center, basado en una encuesta realizada en mayo entre casi 3.000 estadounidenses y en una relación exhaustiva de datos económicos, ofrece un aperitivo. Como era de esperar, se confirma que los estadounidenses se han vuelto más frugales; el 71 por ciento afirma comprar marcas más baratas, el 57 por ciento dice haber recortado o cancelado las vacaciones. Los planes de futuro han cambiado; el 11 por ciento dice haber aplazado un matrimonio o un hijo, al tiempo que el 9 por ciento ha vuelto a vivir con sus padres.

Un hallazgo interesante es que los ancianos han estado relativamente protegidos. "El grupo de los ancianos (de los 65 años en adelante)", según Pew, "se ha visto obligado a recortar el gasto, pedir créditos o dinero prestado, tuvo problemas para pagar facturas médicas o alquileres o tuvo que elevar el límite de su tarjeta en un número de casos muy inferior al del resto de grupos". Por ejemplo, el 28 por ciento de los estadounidenses menores de 65 años pidió prestado dinero a familiares o amigos; sólo el 5 por ciento de los mayores de 65 tuvo que hacerlo. La confianza en el ahorro para la jubilación descendió de la forma más acusada en el caso de los estadounidenses más jóvenes (incluidos los de 50 a 64 años), no así en el grupo de los de 65 años en adelante.

Pero los refugios adicionales de la Gran Recesión han sido escasos. Las recesiones anteriores han centrado su incidencia en la mano de obra joven y sin cualificación. Sigue siendo el caso. Casi la quinta parte de los trabajadores de 16 a 24 años estaba en paro a finales de 2009, casi duplicándose con respecto a finales de 2007. Entre los que carecen del graduado, el paro registrado fue un 50 por ciento superior a la media. Aun así, el castigo económico y anímico va mucho más allá, por muchas razones.

En primer lugar, la enorme destrucción de empleo: Según la mayoría de los baremos (duración de la situación de desempleo, expedientes de regulación vs. despidos temporales), el nivel de paro es el peor de los registrados desde la Segunda Guerra Mundial. El paro entre los licenciados universitarios prácticamente se duplicó hasta alcanzar la cota del 5%. (Aunque la tasa de paro actual no ha llegado al nivel del 10,8% de finales de 1982, reflejo sobre todo de la población activa más joven de la década de los años 80, según los estudios realizados por John Schmitt, Dean Baker y David Rosnick, del Centro de Investigación Económica y Legislativa. Los trabajadores más jóvenes cambian de empleo con mayor frecuencia y registran tasas de paro más elevadas).

En segundo lugar, los recortes salariales: éstos han afectado a casi la cuarta parte de los trabajadores, incluyendo casi un quinto de aquellos con una renta familiar que supera los 75.000 dólares. Algunos trabajadores también han tenido que aceptar bajas sin incentivos o puestos de trabajo a tiempo parcial.

En tercer lugar, la pérdida del valor de la inversión en vivienda o en valores: Este declive (superior al 25% en su apogeo a nivel anual) se ha concentrado en los estadounidenses de rentas más altas, que son titulares de un porcentaje desproporcionado de la riqueza. Un efecto de riqueza inverso se ha apoderado de las rentas altas de la clase media. Al sentirse más pobre, la gente ahorra más y gasta menos.

Por último, los hijos: Todos esos licenciados universitarios e hijos de la recesión en el paro tienen que ser motivo de alarma para sus padres. Sólo el 45% de los estadounidenses piensa que sus hijos van a disfrutar de un estándar de vida mejor, por debajo del 61% registrado en 2002. El pesimismo arrecia entre aquellos con rentas familiares superiores a los 75.000 dólares.

Una paradoja recogida por Pew es que ciertos grupos que "se han visto más castigados por esta recesión (incluyendo los negros jóvenes adultos y los Demócratas) son significativamente más optimistas que sus homólogos más cubiertos (incluyendo los adultos blancos de mediana edad y los Republicanos) con la recuperación". Por ejemplo: los negros registran una tasa de paro superior a la de los blancos (15,4% frente al 8,6% en junio) pero están más convencidos de que ha dado comienzo la recuperación (47% frente al 38%). La explicación de Pew es política. Con una administración Demócrata, los Demócratas son más optimistas y los Republicanos son más pesimistas.

Otra teoría -- más convincente, creo yo -- es que la Gran Recesión, aunque desagradable para casi todo hijo de vecino, ha sido motivo de desengaño y consternación sobre todo para aquellos que antes estuvieron más cubiertos. Pinchó sus burbujas de forma tan inesperada que se volvieron más cautos y asustadizos, mientras que aquellos que se enfrentaban a la pérdida del empleo o a cambios drásticos del poder positivo hasta en los buenos tiempos (muchos negros, los jóvenes y los pobres) se vieron menos sorprendidos. Un legado de la Gran Recesión es que la inseguridad y la incertidumbre se han desatado. La gente se siente más expuesta. Tiende a hacer planes para lo peor en lugar de esperar lo mejor. Su reticencia a la hora de realizar compras de envergadura (un coche o casa nueva) valida su pesimismo al aplazar la recuperación.

¿Se trata de una tónica pasajera o de un cambio duradero? La mayoría de los estadounidenses, dice Pew, cree que los cambios económicos adversos serán temporales. El optimismo volverá. Eso depende de la rapidez con la que - y siempre que - la Gran Recesión afloje su total control sobre la psique estadounidense.

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Esta columna será publicada en Newsweek.

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