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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

¿Las energías renovables responsables de una burbuja?

Miguel Massanet
Miguel Massanet
lunes, 12 de julio de 2010, 08:11 h (CET)
Seguro que todos ustedes podrán recordar cuando, al regreso de su “gloriosa” estancia en Washington –allí donde nuestro presidente presumió de que estábamos mejor que Italia y que andaba a la caza de la Francia del señor Sarkozy en cuanto al nivel de vida de los españoles – nuestro señor Rodriguez Zapatero nos vino con la lección aprendida de lo que, más o menos, fue capaz de asimilar de aquella, tan numerosa como ineficaz, reunión de mandatarios de todas las naciones afectadas por la famosa crisis de las sub-prime. Tan pronto como se le presentó la ocasión nos largó a los españoles aquella receta mágica que iba a sacarnos del hoyo en el que, el mismo, nos había ayudado a caer, y que se resumía en una sola frase que repetía con pesada reiteración: “sostenibilidad y energías verdes renovables”. Bien, aquello fue hace ya un año poco más o menos y, desde entonces, lo único que en España se ha sostenido es un paro creciente, un endeudamiento interno y externo, tanto público como privado, que ha ido creciendo a medida que las medidas para reactivar la economía han brillado por su ausencia y los gastos del Gobierno y de las CC.AA se han desbocado, debido a su impotencia para tomar medidas de austeridad dentro de la propia Administración, en lugar de optar por machacar más las economías de los españoles con más impuestos y congelando o rebajando los salarios.

Lo cierto es que, desde hace tiempo, el gobierno del señor ZP ha venido promocionando las energías alternativas, como la eólica o la fotovoltaica, como un medio de conseguir más energía y más barata. Recordemos la tozudez del señor ZP en la eliminación de las centrales nucleares de las que disponemos en España, hagamos memoria de la manera tan irracional de actuar cuando, a pesar de los informes favorables de los técnicos, de la necesidad de sacar el máximo rendimiento a las inversiones públicas y de la urgencia de su ministrar energía barata a los españoles (se da la sinrazón de que tenemos que importarla de las centrales nucleares francesas, lo que nos cuesta un pico y genera una dependencia de nuestros vecinos los franceses, parecida a la que tenemos en el caso del gas natural que importamos de Argelia), se negó a aceptar prorrogar la vida útil de la central de Garoña por diez años más, aunque presionado por los de su propio partido y la endeble situación económica del país, se sacó de la manga un apaño para disimular su metida de pata. En fin, que lo de la “sostenibilidad” de nuestra economía pasó a la Historia como una simple anécdota, para convertirse en otra situación mucho más preocupante, o sea, el tener necesidad de que “nos sostengan” a nosotros, desde las instituciones financieras de la CE y el propio FMI; para evitar que caigamos en default y arrastremos detrás a el euro y a toda Europa con él. Todo tiene que ver con la sostenibilidad, pero los efectos son, evidentemente, diametralmente opuestos.

Lo de las energías sostenibles ya son higos de otro costal. Muy bien que se proyecten nuevos sistemas para producir energía; está bien que se proyecte, para un futuro no inmediato, cambios en nuestros sistemas productivos de energía y está bien que se investigue al respecto para aprovechar al máximo todas las fuentes de energía naturales como pueden ser el sol, el viento y, por supuesto, el mismo mar. Sin embargo, como ocurre en las economías privadas, cuando la bolsa del Tesoro público no está en su mejor momento; cuando debemos dinero a muchos acreedores que ya empiezan a recelar de nuestra solvencia y esto supone que para que nos renueven el plazo de pago nos vemos obligados apagar más intereses; no parece que sea una buena idea empeñarse en repartir subvenciones a diestro y siniestro para que determinadas empresas, especialmente las eléctricas, se pongan a realizar experimentos, hagan fuertes inversiones y dediquen una parte importante de su potencial humano a poner en marcha molinos de viento o a llenar los tejados de las casas o grandes superficies de terrenos de paneles solares para que, al fin y al cabo, los resultados, si bien parecen esperanzadores, no hayan conseguido que la energía que se obtenga con estos sistemas alternativos resulte más económica que la tradicional ni que se pueda conservar, lo que obliga a que se deba gastar a medida que se produce lo que, visto el elevado coste de financiación y los efectos que tales inversiones han tenido en los recibos de los usuarios ( desde 1.998 hasta el 2009 es coste de la factura eléctrica de los hogares se ha incrementado, por causa de las renovables, en un 36’8%) y teniendo en cuenta que el porcentaje que representa sobre el total del consumo eléctrico de la nación no llega ni al 20%; podríamos llegar a la conclusión de que, al menos en tiempo de crisis y recesión, no ha sido la apuesta más inteligente tomada por aquellos que nos gobiernan. Si a ello añadimos las noticias de que, en el caso de los paneles solares, algunas empresas se han pasado de listas, para recibir las subvenciones del Estado, simulando más producción fotovoltaica por el expeditivo método de poner generadores de gas oil en funcionamiento para simular mayor producción y rendimiento; es posible que pudiéramos concluir en que, el invento, al menos de momento, no ha funcionado como se esperaba y los gastos de su puesta en práctica están resultando privativos para las eléctricas que ha tenido que invertir y para los usuarios que, como siempre, han resultado ser los más perjudicados al tener que apechugar con una factura súper inflada. La prueba de ello la tenemos en que, el señor Sebastián, ministro de Industria se ha visto en la necesidad de dar marcha atrás y cortar de golpe todas las subvenciones que se estaban dando para esta faceta de nuestra economía lo que ha dado lugar a que las empresas que dependían de ellas se hayan quedado en una situación poco envidiable.

De todos es sabido, que las eléctricas, aunque reparten sustanciosos dividendos, siempre se están quejando de su situación es “insostenible” y que los aumentos de tarifas fijados por el Gobierno no sirven para enjugar la diferencia entre el precio de mercado y el de producción. Lo cierto es que, según informan, su déficit tarifario acumulado, hasta el cierre del 2009, alcanzó la desorbitada cifra de 16.000 millones de euros. Esta circunstancia ha provocado que las industrias eléctricas hayan llegado a un punto en el que les es imposible mantener por más tiempo dicho déficit y solicitaron urgentemente poder aumentar sus tarifas. No estamos en situación, en estos momentos, de que España deba asumir un incremento tan importante de la energía lo cual, sin duda alguna, afectaría tanto al comercio como a la industria nacional ya bastante baqueteados por la crisis. El Gobierno ha cortado las subvenciones a las renovables ¿ qué hay de aquel optimismo de ZP que veía en ellas la salvación de Europa? Y, por añadidura ha sido necesario, para evitar males mayores, que el señor Zapatero y Rajoy hayan acordado suspender, de momento, los anunciados aumentos de tarifas. Pero el problema sigue latente y algo se deberá hacer para evitar que el tema de las renovables se convierta, a su vez, en una nueva burbuja, en este caso energética que, en un momento dado, pueda explotarnos en la cara de todos los españoles. Convendría ahora recordarle al señor ZP aquellas “alegrías” y su decidida negativa a confiar en la energía nuclear la que, de momento, más rentable ha resultado y mejor calidad ha demostrado tener en cuanto a la preservación del medio ambiente. Mencionar que, de no corregirse el actual sistema de subvenciones a las renovables, en los próximos 25 años el sector percibiría 126.000 millones de euros ¡una cifra que en un periodo, como el que estamos pasando, en que se nos auguran incrementos negativos del PIB! y, por consiguiente, nulas posibilidades de creación significativa de puestos de trabajo; suena a algo así como en soñar con el cuento de la lechera. Claro que, puedo estar equivocado.

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