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Etiquetas:   Contar por no callar   -   Sección:   Opinión

Por la dignidad

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
domingo, 11 de julio de 2010, 04:45 h (CET)
El día había amanecido con algunas nubes pero a las cinco de la tarde el Sol iluminaba las calles de Barcelona. En algún que otro balcón, banderas españolas celebraban las victorias de “la roja” en el Campeonato Mundial de Fútbol pero la enseña cuatribarrada representativa de Catalunya les ganaba por goleada, el sentimiento de pertenecer a un pueblo ganó el partido a los ardores futbolísticos que estos días se viven a lo largo de España sin que ello no suponga que muchos catalanes ven con afecto el que la selección española, con mayoría de jugadores del Barcelona, esté haciendo historia futbolística en los últimos tiempos.

Las calles del centro de la ciudad, l’Eixample, bullían cual día de fiesta mayor, jóvenes envueltos en la senyera ornada con la estrella del independentismo se dirigían en grupos hacia el cruce de la Diagonal con el Passeig de Gràcia, otros llevaban simplemente la bandera catalana, personas de la tercera edad con su bandera en ristre tomaban el mismo camino y hacia la misma dirección dirigían sus pasos familias enteras con sus bebes en los cochecitos y los más pequeños alzados en los hombros del padre. Una inmensa muchedumbre que cubría un amplio abanico de edades llenaba las calles de Barcelona y como nexo de unión la inmensa mayoría lucía una pegatina con el siguiente texto: Som una nació. Nosaltres decidim” (Somos una nación. Nosotros decidimos).

Algún que otro extranjero de los que se acercan a visitar esa inmensa obra de Gaudí que es conocida como La Pedrera ponía los ojos como platos mientras se preguntaba qué había pasado para que tanta gente se diera cita en una de las avenidas más representativas de la ciudad. La respuesta es sencilla, los catalanes están, estamos, hartos de que se nos ningunee y se pisotee nuestra dignidad como pueblo y más de un millón de personas hemos salido a la calle para mostrar la repulsa que nos ha producido la tan esperada sentencia del Tribunal Constitucional.

El culpable de que muchos de estos miles de ciudadanos catalanes pidieran la independencia mientras se manifestaban pacíficamente tiene nombre y apellidos y no es otro que el Partido Popular que en su día, y para aprovechar electoralmente su derecho al recurso de anticonstitucionalidad, prendió la mecha del anticatalanismo en España recorriéndola de norte a sur y de este a oeste solicitando firmas contra el Estatut que el Parlamento catalán había aprobado y que fue refrendado mediante consulta popular por el pueblo de Catalunya. Atacar a Catalunya da votos en España y eso lo sabe muy bien Mariano Rajoy y toda su muchachada de la gaviota ya que en el País Valencià llevan años utilizando esta estrategia para muñir votos de un pueblo cautivo entre eventos de cartón piedra.

Los jueces del Tribunal Constitucional, hace tiempo que la mitad de ellos ya debían haber sido cesados por haber finalizado su mandato, han estado durante cuatro años mareando la perdiz y demorando su sentencia sobre el Estatut. Ahora han decidido pasar el cepillo sobre él y minorarlo en aspectos importantes para la autonomía catalana y ello ha llevado a la calle para expresar su protesta al pueblo catalán harto ya de que no se le respete. Los señores de las puñetas en la toga han menoscabado el valor de la ciudadanía catalana y para ello, en un gesto de chulería y prepotencia, han publicado la susodicha sentencia justo el día antes de la celebración de la manifestación de protesta. Con ello han echado más leña al fuego y han acrecentado el desprestigio que la Justicia española se está ganando a pulso día a día. En una democracia la judicatura no puede erigirse en legislador, durante muchos años España estuvo bajo el yugo de las botas de los militares y ahora no queremos estar sujetos al sedoso yugo de las puñetas y las togas judiciales.

En España seguro que la sentencia ha sido acogida con una cierta alegría, la catalanofobia sembrada y alentada por el Partido Popular ha calado hondo en amplios sectores españoles cuyo nacionalismo muchos esconden estos días entre los pliegues de la camiseta de la selección española. En Catalunya ha sido acogida por todos los sectores de la sociedad como un nuevo agravio más de los que viene sufriendo desde hace muchos años y los ciudadanos catalanes, por dignidad, han decidido decir basta. España tiene miedo, y no se porqué, a Catalunya, España lucha por imponer su idea de nación a Catalunya, en España existe un amplio sentimiento nacionalista español pero se trata de un nacionalismo centralista y negador del resto de nacionalismos. España quiere imponer su uniformidad y los catalanes han dicho basta con una manifestación que es, tal vez, la más numerosa que jamás se ha visto por estas tierras.

Más de un millón de catalanes han salido a las calles para demostrar que su dignidad no puede ser pisoteada, quieren, queremos, decidir nuestro futuro y los caminos por los que transitar. Ahora es llegada la hora de que los políticos se pongan en marcha, se arremanguen y comiencen a trabajar duro por el futuro y es llegada la hora de que se deje decidir a Catalunya, estoy seguro que en estos momentos un referéndum sobre la independencia obtendría un resultado negativo, son muchos los catalanes que quieren seguir su camino junto a España pero si desde el Partido Popular se sigue encendiendo la llama del anticatalanismo y los jueces siguen recortando derechos, ya que esta sentencia es interpretativa en muchos de sus aspectos que no quedan nada claros, algún día el resultado puede ser diferente.

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