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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Gigante censura de pantallas

Manuel Villena (Granada)
Redacción
sábado, 10 de julio de 2010, 13:44 h (CET)
Es triste y penoso que la instalación de pantallas gigantes para seguir las hazañas futfolísticas de la selección española sea noticia en algunos lugares de España. Parte de la clase política, velando por la integridad y pureza de los valores nacionalistas del pueblo al que representan, han hecho todo lo posible para que “su pueblo” no sufra la peligrosa contaminación con los sentimientos del resto de los españoles.

Si por estos ridículos y cicateros dirigentes fuera, muchos de sus conciudadanos tendrían que ver los partidos de la selección española tal como en los tiempos de la dictadura se escuchaba “La Pirenaica”: en el más estricto secretismo y clandestinidad. Y es que en su monumental miopía no aciertan a ver más allá de su orondo ombligo.

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Banalización

Si bien, en esta lucha maníquea entre movimientos que se oponen a la igualdad y sólo buscan la discordia entre los diferentes géneros, un papel clave lo juega el auge del feminismo radical. A grandes rasgos, el feminismo no es una única ideología, sino que se divide en variantes como el liberal, el socialista, el étnico y el radical. Mientras el primero defendía los derechos de las mujeres, el segundo destacaba la opresión de las mujeres de clase trabajadora y el tercero el de las mujeres pertenecientes al mundo postcolonial. Actualmente, el feminismo radical se arroga el monopolio sobre el discurso feminista, convirtiéndose en un pensamiento excluyente y etiquetando como “machista” a todas aquellas corrientes que no comparten la totalidad de sus puntos de vista. El feminismo radical culpabiliza al hombre por el mero hecho de serlo, lo feminiza en su forma de ser y lo funde bajo el signo del patriarcado. En última instancia, el fin de esta versión ultramontana del feminismo es presentar la supremacía de la mujer sobre el hombre como una supuesta y falsa igualdad. No hay que engañarse. El feminismo radical no sirve a la mujer, ni tampoco al hombre. Ha desechado como motivo de su lucha otras causas en las que también está en juego la igualdad frente a la coacción: la violencia en los matrimonios homosexuales (tanto de hombres como de mujeres), la identidad transexual, el maltrato de los niños en el seno familiar, el maltrato del hombre en el hogar, el maltrato de los discapacitados y de las personas mayores por parte de su propia familia. El feminismo radical entiende que esta violencia no existe, que es mínima y que no puede ser comparada con la sufrida por la mujer. En definitiva, el feminismo radical es la gran traición -tanto como el patriarcado- hacia el propio ser humano.

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