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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Nacionalismos de pacotilla

Miguel Massanet
Miguel Massanet
sábado, 10 de julio de 2010, 08:14 h (CET)
Un anónimo dejó escrito: “Dios escribe recto con renglones torcidos” y, aunque, a veces, nos cueste admitirlo y nos parece extraño que quien creó de la nada el Universo, tenga que utilizar caminos que, a veces, no nos resultan fáciles de seguir al común de los mortales; pensando, quizá, que la majestad del Sumo Hacedor queda algo menguada al no dejar clara y evidente su participación en cada episodio de la vida de las personas, de las comunidades o de las mismas naciones; prefiriendo utilizar vericuetos más sutiles pero no, por ello, menos eficaces para la consecución de sus inabarcables, para el género humano, designios. Es difícil hallar un nexo lógico de conexión entre lo que todos pensamos que es la España actual y el Mundial de Fútbol; no podemos entender como una ciudadanía aparentemente dividida por clases, por pensamientos políticos, por cuestiones de nacionalismos y por sectarismos, adoctrinamientos, ideales opuestos y moralinas ad hoc, impuestas por una concepción oportunista de la vida, basada en una filosofía relativista que pretende justificar hasta la mayor aberración en función de los supuestos derechos del individuo por encima de la razón y del bien común.

Debo reconocer, señores, que me siento estupefacto cuando he podido constatar los efectos milagrosos, no se los puede calificar de otra manera, del partido de la selección de fútbol española contra la potente Alemania –que fue capaz de endosarles “4 hermosos 4” goles a la temida selección argentina del señor Maradona – si es que queremos frotarnos los ojos para asimilar un hecho de que, todos los ciudadanos españoles, pensábamos que era imposible que se produjera en nuestra patria y que, sin embargo, nos ha alborozado cuando hemos podido percatarnos de las demostraciones enormes de júbilo causadas por el triunfo de la Selección española (no me gusta llamarla “la roja”, como si se la quisieran apropiar las izquierdas como un elemento de propaganda); no sólo en capitales como Madrid, donde se podía esperar que se produjeran, sino en lugares de España en los que, la españolidad de sus ciudadanos, está más que puesta en cuestión y donde el exhibir una bandera española se puede considerar, casi, como un delito de lesa majestad. Barcelona, Victoria, Pamplona etc., fueron hervideros de españolismo por los cuatro costados aunque, mucho nos tememos, que algunos políticos de la extrema izquierda y separatistas, debieron tascar el hierro del freno cuando, sus exhibiciones de banderas alemanas expuestas en el exterior de sus sedes ( con todo el respeto que se merecen como insignias nacionales de una nación amiga) con el sólo objeto de demostrar, a quien quisiera enterarse, de su falta de patriotismo; los dejaron en el más completo de los ridículos y, de paso, desacreditados ante los suyos por su fracaso de táctica. Vean por donde, no obstante, como este odio hacia España y lo español, no les impide estar pidiendo que el Estado los siga subvencionando, para que así puedan continuar, con dinero español, sus furibundos ataques al resto de la nación española.

Pero hay, en todo este hecho una lectura positiva que nos ayuda, a aquellos que creemos en una patria común, solidaria y con un idioma oficial, el español; a creer que no todo está perdido; que es muy posible que nos estemos dejando engañar por la capa de pintura roja externa que cubre algunas regiones españolas y no nos entretengamos en raspar lo que pervive bajo ella. Existe un fermento de patriotismo que por no manifestarse ostentosamente, por estar contenido por la prudencia y huir de demostraciones innecesarias, parece como si no existiera. Lo del partido Alemania-España, creo que nos ha demostrado que, en realidad, bajo un aparente divorcio entre los españoles; bajo supuestos enfrentamientos ideológicos o por supuestos rencores de unos contra los otros como consecuencia de la Guerra Civil que tuvo lugar hace más de 70 años; existe un profundo sentimiento nacional en la mayoría de los españoles, algo muy íntimo y que puede que, en muchos ciudadanos, sea muy difícil de exteriorizar, dada esta moda que los progresistas han querido imponer, en virtud de la cual el ser patriota; el sentirse solidario con el resto de comunidades de este ente supremo que es España o el profesarse portadores de las mismas raíces culturales, históricas e idiomáticas; es algo que no está bien visto, algo obsoleto que no cuadra con la nueva sociedad y que huele a rancio, demodé o, incluso, subversivo.

Para mí era algo inconcebible que la Plaza de España de Barcelona estuviera llena de simpatizantes de la selección jaleándola, exhibiendo banderas nacionales y portando camisetas de la selección nacional, sin que nadie, ninguno de estos “valientes” de ERC se atreviese a asomar el hocico por miedo a que alguien se lo chamuscase con el fuego del patriotismo, que emanaba de aquella multitud de españoles que no se avergonzaban de demostrarlo. No podemos dejar de preguntarnos si, toda esta parafernalia montada alrededor del Estatuto catalán, si todas las amenazas del señor Montilla y los exabruptos del señor Puigcercós; tienen el apoyo masivo de los ciudadanos de a pie que ellos se arrogan o, en realidad, se limita a una exhibición de plumas, como las de la cola del pavo real, que se reduce a esto, a una exhibición, un “bluf”, detrás del cual que no haya más que debilidad, miedo al fracaso, temor a perder el poder o pánico a que, España, pueda recobrar el rumbo y, el golpe de timón que todos esperamos que se de; acabe con esta filfa; manipulada; exagerada; desproporcionada; exacerbada con referendos locales, sin ningún sentido ni validez legal, pero que contribuyen a que, gentes fácilmente impresionables y manipulables que residen en pequeñas localidades, se lleguen a convencer de que existen posibilidades reales de conseguir una independencia que, por otra parte, seguramente significaría la ruina de muchos de ellos; una emigración de las grandes empresas, que no querrían someterse a los caprichos del Tripartit y un aislamiento del resto de España que, como es evidente, debería cortar el grifo de las subvenciones, de las que los actuales gobernantes de la Generalitat se valen para sostener una Seguridad Social que ellos, por si solos, no podrían sostener o para realizar infraestructuras que, un gobierno catalán, se vería incapaz de poder acometer sin ayuda externa. Algo sobre lo que meditar detenidamente. Al menos eso pienso yo.
No se dejen impresionar por esta “magna manifestación” que nos preparan los políticos catalanes para el próximo sábado, día 10 de julio. ¿Recuerdan ustedes otros tiempos en los que, autocares de toda España recogían, de gratis, a las personas que querían asistir a las magnas concentraciones de la Plaza de Oriente, en Madrid? Se reunían, con suma facilidad, a doscientas o trescientas mil personas enfervorecidas, que daban la sensación de que representaban a toda España y, sin embargo, todos sabíamos que no era así. Ahora, los separatistas, este Tripartito que cada día representa a menos gente; que sabe que, en las próximas elecciones, va a ser destronados por otras formaciones más sólidas y que se ven precisados a este tipo de demostraciones “multitudinarias” (después vendrá la habitual guerra de cifras entre los organizadores, la policía urbana y los que, con objetividad dirán la verdad) para vender que Catalunya quiere un “Estatut completo” y que “quieren decidir” y que, sólo con ellos ¿ quienes: los socialistas, los comunistas o los de ERC?, Catalunya será una nación para los catalanes, independiente y próspera. ¿En el Siglo XXI y con una Europa que tiende a lo contrario?, ¿con una lengua minoritaria, que sólo la conocen 6 millones de habitantes?, ¿Con un gobierno de izquierdas despilfarrador, endogámico y regido por incompetentes?¡ Nadie se lo cree!

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