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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

Que hable Steele

E. J. Dionne
E. J. Dionne
sábado, 10 de julio de 2010, 08:09 h (CET)
WASHINGTON -- Es fácil entender el motivo que tienen los Demócratas para desear que Michael Steele siga en el candelero. El secretario del Comité Nacional Republicano es un entretenimiento fabuloso, fuente constante de patinazos, carcajadas, aclaraciones y negaciones.

Pero Steele marcó hace poco un golazo, aunque usted no lo sabrá a tenor de la cobertura: sus declaraciones acerca de Afganistán puso a los Demócratas a recitar los eslóganes del Partido Republicano sacados de la era Bush. Por supuesto, pueden volverse contra cualquiera de cualquier partido que se atreva a cuestionar la dirección de la guerra.

Las palabras más incendiarias fueron las del inagotable Brad Woodhouse, portavoz del Comité Nacional Demócrata, que acusaba a Steele de "apostar contra nuestras tropas y hacer causa por el fracaso en Afganistán".

Woodhouse añadía: "Es simplemente inconcebible que Michael Steele mine la moral de nuestras tropas cuando lo que necesitan es apoyo y aliento".

Albergo cierta empatía hacia Woodhouse, que tiene que estar aburrido de tener que empalmar la demagogia del otro partido un día tras otro. Probablemente no pudo resistirse a dar a los Republicanos una cucharada de su propia medicina. Pero es algo peligroso en democracia y particularmente peligroso viniendo de un partido que, hace menos de dos años, insistió con acierto en que podía oponerse a la política exterior de la administración Bush por motivos puramente patrióticos.

Y las declaraciones de Woodhouse se producían poco después de que el 60% de los Demócratas de la Cámara -- 153 en total -- votaran a favor de una enmienda presentada por el Representante Jim McGovern, D-Mass., y dos de sus colegas en la que se obliga al Presidente Obama a presentar hacia el mes de abril un plan "para la seguridad y el repliegue ordenado y rápido" de las tropas estadounidenses destacadas en Afganistán.

La enmienda, que contó con el apoyo de nueve Republicanos, también habría permitido que una votación en el Congreso bastara para cortar la financiación adicional a la guerra si la retirada no empieza el próximo mes de julio, cuando la administración ha dicho que empezaría a reducir los efectivos en Afganistán.

No es por tanto sorprendente que una persona de las que han hablado del enfrentamiento entre los Demócratas y Steele fuera McGovern. "La reacción a Steele por parte de algunos Demócratas recuerda mucho a Dick Cheney", dice en una entrevista. "Los Demócratas tienen que entender que nuestro electorado está cada vez más incómodo con esta guerra".

La verdad es que las declaraciones de Steele acerca de Afganistán en un acto de recaudación de fondos celebrado en Connecticut estaban algo fuera de lugar. Hasta McGovern decía que "Steele se equivoca" al afirmar que "ésta es una guerra que eligió Obama". Después de todo, la guerra en Afganistán empezó bajo el Presidente Bush tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, con el apoyo aplastante de ambos partidos. Y la situación degeneró a ojos vista bajo la administración de Bush.

Pero la idea de Steele -- que Obama había criticado la guerra de Irak "al tiempo que decía que la verdadera batalla debía darse en Afganistán" -- es completamente acertada. Obama tenía una elección, y eligió escalar el conflicto. Y al afirmar que "lo único que no se hace es dialogar en una guerra territorial en Afganistán" y que "todo el mundo que lo ha intentado durante 1.000 años de historia ha fracasado", Steele exponía sencillamente argumentos que ya han ofrecido otros críticos de la Guerra de Afganistán.

Ya está bien discutir con Steele por todo esto, y fue honorable por parte de los Senadores John McCain y Lindsey Graham, los principales militaristas Republicanos, encararse con el secretario de su partido, teniendo en cuenta que el enfoque de Obama es totalmente de su agrado.

Personalmente, todavía espero que la estrategia de Obama en Afganistán funcione. Pero resulta desesperante que el Congreso pueda destinar 33.000 millones de dólares más a Afganistán sin que nadie pregunte de dónde van a salir los fondos al mismo tiempo incluso que los autoproclamados halcones del déficit obstaculizan los fondos destinados a los parados hasta que sean compensados con otros recortes presupuestarios.

Y McGovern tiene razón al decir que la oración más preocupante del artículo de Rolling Stone que dio problemas al General Stanley McChrystal fue esta observación atribuida a uno de los consejeros de su gabinete: "si los estadounidenses se pararan a pensar y empezaran a prestar atención a este conflicto, sería aún menos popular".

Pero la cuestión aquí no es tanto Afganistán como la disidencia en tiempos de guerra. Incluso si Steele estaba perdiendo la compostura simplemente, estaba en su derecho de ofrecer su opinión sin ser acusado de minar a nuestras tropas o "hacer causa por el fracaso".

Algunos de nuestros líderes más grandes, desde Abraham Lincoln hasta Robert F. Kennedy, plantaron cara con valor a las guerras de su tiempo. Steele no es ningún Lincoln y no es ningún Kennedy, pero en calidad de estadounidense disfruta de los mismos derechos que ellos. "Tolerar la disidencia no basta", dijo Kennedy. "Hay que exigirla". Si los miembros del partido de Kennedy no recuerdan esto, ¿quién se va acordar?

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