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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

De cómo se destruye una nación

Miguel Massanet
Miguel Massanet
jueves, 8 de julio de 2010, 06:11 h (CET)
El proceso de cambio de mentalidad de los españoles comenzó cuando, el señor ZP, en el 2004 se alzó con el gobierno de España. Aquel, aparentemente inofensivo y apenas conocido diputado del PSOE, que tuvo la habilidad de explotar a su favor los sucesos del 11-M y que entró con la piel del cordero prometiendo diálogo, buen entendimiento con la oposición y trabajo para todos, escondía, bajo su sonrisa de fauno, todo un proyecto de cómo conseguir, en una legislatura, eliminar a la oposición, cargarse el endémico sentimiento religioso de la mayoría del pueblo español y convertir al Ejército ( la gran preocupación de comunistas y socialistas ) en una triste, dócil y apoltronada caricatura de lo que había sido en los años anteriores a la llegada de los socialistas al poder. Lo cierto es que, en sólo 6 años, el señor Zapatero y su equipo desintegrador, han llevado a cabo un a labor tenaz, esforzada, metódica, solapada y efectiva de destrucción masiva de todas aquellas creencias, valores, costumbres, morales y pensamientos éticos que, durante siglos, habían estado profundamente arraigados en los corazones de una gran mayoría de los españoles.

Debemos reconocer que no ha tenido que esforzarse demasiado, si se tiene en cuenta la casi nula eficacia de la oposición del PP del señor Rajoy, que se ha ido dejando comer el terreno pensando que, los errores del PSOE. bastarían para poner en sus manos a España sólo limitándose a esperar que la breva madurara. Posturas equívocas en temas de tanta trascendencia como pudieran ser el del aborto; el de los matrimonios gay; el del Estatut catalán; el de la financiación de la CC.AA; el del secesionismo vasco y catalán; el de la educación, con su casi nula oposición ( más de boquilla que efectiva) a la ley de EpC y su evidente pasividad, si no colaboración, en el bochornoso tema de la lengua española, proscrita no sólo en Catalunya y el País Vasco, sino, para más INRI, en Valencia, en Galicia y en las Baleares, un feudo que se dejaron arrebatar por la incompetencia de quienes estaban al mando del partido en aquella región. Sólo el señor Vidal Cuadras entendió que, contra los extremistas, sólo se puede luchar con firmeza, sin paños calientes y manteniéndose firmes en las propias convicciones; presentando batalla cara a cara, poder a poder y sin emplear subterfugios, artimañas y acercamientos a quienes no pretenden otra cosa que expulsar a España de sus territorios.

El señor ZP ha sido y sigue siendo el principal responsable de que, en nuestra nación, salvo en el caso excepcional del fútbol, la ciudadanía haya dejado de sentirse española; se hayan debilitado los lazos comunes que nos unían a unas comunidades con las otras y se ha sembrado la semilla de la discordia, de modo que, hoy en día, cada comunidad lleva a cabo su propia batalla para conseguir mayores beneficios, para defender su propia identidad y para arrumbar con la mejor partes de las ayudas económicas, sin importarle ni poco ni mucho los problemas de aquellas partes de nuestro país que están pasando más apuros y tribulaciones. El señor Zapatero empezó por decir que el concepto de “España” era discutible y, a partir de aquí ya tuvo la batalla perdida contra aquellos que buscaban, desde hacía años – con poco éxito, todo hay que decirlo –, encontrar un punto de apoyo para poner la palanca que debía independizarlos del resto de la nación. Hoy en día, salvo unos pocos nostálgicos que nos consumimos en la impotencia, una gran parte de los españoles ya no saben lo que es “patriotismo” otros, simplemente, lo desprecian y, la gran mayoría, se siente más integrado en sus respectivas CC.AA que como miembro del estado español. Un estudio decepcionante y que evidencia la labor destructiva de los socialistas en su empeño de convertir a España al federalismo; ha sido llevado a cabo por la Universidad Camilo J. Cela y el Instituto de Gestión Empresarial y Managemant, dejando al descubierto que, la mayoría de jóvenes catalanes ( un 54’6%) se siente solo catalán, mientras que, en el caso de los jóvenes madrileños de entre 14 y 20 años, en un 32% se sienten más identificados como ciudadanos europeos y españoles al mismo tiempo.

¿Cómo es posible que, hace sólo unos pocos años, el sentimiento del catalanismo separatista en Catalunya no sobrepasase un 17 % y, en las últimas encuestas, haya subido al 37 %? Es la consecuencia de la permisividad con la que el gobierno del PSOE, con ZP a la cabeza, ha estado demostrando con los nacionalismos, especialmente con el catalán. El chantaje del Tripartito y de CIU al Gobierno socialista, ha sido la causa de que, paso a paso, los partidos separatistas hayan ganado cotas de poder; hayan implantado, sin oposición del Gobierno Central, una política de inmersión lingüística que ha dejado fuera de juego al castellano y han conseguido desterrarlo por completo de la enseñanza. De nada han valido los esfuerzos del TSJC, que ha intentado, con sus sentencias, restablecer el derecho constitucional a recibir enseñanza en castellano; ya que todas sus sentencias han sido desobedecidas, sistemáticamente, por la Generalitat empecinada en su objetivo de implantar la lengua catalana como idioma único. Ni tan siquiera el TC, en su reciente sentencia sobre la legalidad del Estatut, ha tenido las agallas suficientes para reconocer que, lo que ocurre en Catalunya con el idioma español, es la violación más evidente de lo que establece la Constitución respecto al derecho del uso del castellano en todo el territorio nacional.

Muchos tenemos la sensación de que, con el fallo del TC, ¡este fallo que tanto disgusta a aquellos que todavía quieren más independencia y más poder!, ha constituido la definitiva derrota de la Constitución de 1978 y que, de no reformarse integralmente para devolver las cosas a aquella situación de la que nunca se debieron mover, mucho nos tememos que la deriva nacionalista ya no va a haber quien consiga pararla y que, la independencia de algunos territorios comunitarios del resto de España, sólo es una cuestión de tiempo. La verdad es que, bien mirado, no nos debiera de extrañar que nos encontremos ante un órdago de los nacionalistas, porque los partidos políticos, los que se consideran nacionales, no han hecho otra cosa que preocuparse por alcanzar el poder, dejando de lado lo que le convenía a España y ¡Hete aquí los resultados!

Es imposible que exista la imparcialidad de la Justicia, si sus propios órganos de gobierno están politizados hasta la médula; como es el caso del CGPJ (cuyos miembros son nombrados por los partidos políticos) el TS y el Fiscal General del Estado del que, a la vez, dependen todos los fiscales que han de acatar sus órdenes; todos ellos dependen de los políticos que son quienes los designan para el cargo. La muestra más flagrante de la politización de la Justicia la hemos tenido en la famosa sentencia sobre el Estatut catalán, donde el TC ha dado una penosa demostración de cómo las intrigas internas, las presiones partidistas, los recados de los ministros y las órdenes directas desde la presidencia del Gobierno, han hecho zascandilear a los magistrados, han puesto en evidencia a la señora Casas y han demostrado a la ciudadanía que, esto del Estado de Derecho en España, no es más que una broma macabra y de mal gusto porque, en realidad, nuestra democracia se mantiene en una sola de las tres columnas en las que sostiene al Estado, según Montesquieu; una columna construida con una amalgama de sectarismo, totalitarismo, pensamiento único, relativismo y, sobre todo, absolutismo dictatorial; lo que, lamentablemente, nos hace regresar a tiempos pretéritos en los que la II República se dejó arrastrar a semejante situación. Lo que ocurrió después, lo conocemos todos lo que ocurrirá ahora, ¿quién se atreve a pronosticar?

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