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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

El PSOE impone, con los nacionalistas, el aborto libre

Miguel Massanet
Miguel Massanet
miércoles, 7 de julio de 2010, 06:09 h (CET)
Hoy, sin duda, es un día de luto para la otrora denominada “Católica España”. Cuando observamos con asombro como, en las calles de la capital de España, se celebran fiestas dignas de las Bacanales romanas, se despliegan las bandera arco iris ( quién nos iba a decir que el Arco Iris, el símbolo de la reconciliación de Dios con los hombres, después del Diluvio Universal, sería la “señera” de aquellos cuyas costumbres desenfrenadas tanto se asemejan a aquellas de los coetáneos de Noe, que dieron lugar al castigo bíblico); nos hacemos cruces de que, parte de la población madrileña, se sumara al acto colaborando con banderas y prestándoles apoyo a los gays, y, por añadidura, constatamos como hoy, en La Vanguardia de Barcelona, hay un articulista que cree que, los que se oponen a la expansión de esta nueva cultura de la homosexualidad, deberían de consultar con un médico, porque, para este señor, todo el que no vea una cosa natural en que dos hombres o dos mujeres formen pareja y practiquen sexo entre ellos, es que debe “practicar alguna terapia de grupo”. ¿No es así, señor De Felipe? Lo que sucede es que, si alguno siente esta tendencia, ignoro si este señor pertenece a este digno ramo de los de la mano con la palma hacia arriba, debería explicarnos el porqué él se cree que está en lo cierto y los que no aceptamos sus explicaciones estamos equivocados. Será, seguramente, porque la naturaleza, la sabia naturaleza, ha evolucionado durante miles de millares de años para crear dos sexos en las especies superiores para que, de un plumazo lleguen los “progres” a decidir cambiar el proceso, fabricándose sexos a voluntad para darles a las “almas” de algunos (y eso que suelen ser ateos) un habitáculo más adecuado a sus aspiraciones sexuales. Esto, seguramente, debe ser lo más corriente y lo más deseable para este defensor del gremio e “incisivo” censor de los que no entienden el fundamento de tal extraño comportamiento. En todo caso, esperamos argumentos científicos, señor De Felipe, y no simples afirmaciones gratuitas y sin soporte alguno que las avalen.

Pero, con ser algo preocupante y un signo de la degeneración de la raza hispánica –a similitud de lo que les sucedió a los romanos cuando llegó el periodo de la decadencia de su Imperio –; no tiene comparación, no llega al límite de la degeneración ni cae en la más bajas de las pasiones basadas en el egoísmo humano, como lo que hoy ha adquirido carta de naturaleza en nuestro país, fruto, en gran parte, del empeño caprichoso de una jovencita, la ministra Bibiana Aído, a la que, evidentemente, por su concepción moral de la vida, su sectarismo feminista y su evidente falta de formación que la faculte para ocupar un ministerio fantasma, como es este llamado de Igualdad; no se la debiera de haber consentido que, con tanto desparpajo, con tanta impunidad y con tan poco respeto por la vida ajena, se pertrechase de soberbia, se embadurnase de temeridad y se refocilase en autoestima, para arrastrar a todo el PSOE a embarcarse en la aventura de convertir, lo que siempre había sido un delito, en un derecho para que las mujeres para que, contraviniendo el orden natural y el sobrenatural, estuvieran facultadas, renunciando a su instinto maternal, a sacrificar al hijo concebido voluntariamente, acaso inconscientemente, posiblemente impulsada por un arrebato lascivo, pero con sus facultades mentales en orden; cometiendo, con ello, lo que antes sería un parricidio y ahora un medio fácil, expeditivo, económico ( los abortos los van a practicar en la Seguridad Social; ésta a la que todos contribuimos con nuestras cotizaciones y que, en ocasiones, nos dicen que no les basta lo recaudado para atendernos como sería deseable) y, por supuesto, legítimo, para evitar la molestia de tener que cargar con un “estorbo”, cuidar de un ser que llora, se hace pipí y, por si fuera poco, constituye un “engorro” para poder seguir la vida fácil del discotequeo, el amor libre y la promiscuidad.
Pero no pierdan ustedes de vista el aspecto mercantil de todo este desagradable tema. Vean ustedes la satisfacción con la que ha sido recibida esta ley, que autoriza la matanza de los inocentes, por toda esta pléyade de clínicas abortistas; por los descendientes o colegas del profesor Frankestein, que saben como sacar provecho de hasta la última porción de los cuerpecitos de aquellos seres que han sido privados de nacer y de vivir una vida similar a la que su madre, con más suerte, ha tenido el privilegio de poder gozar y que, en lugar de dedicar a reproducirse, como es ley de vida, y de gozar de la satisfacción de la maternidad ( en ocasiones negada a muchas mujeres que quisieran tener esta suerte de ser madres), ha preferido entregar, en el colmo del egoísmo humano, a su solo beneficio, a saborear el placer hasta el último sorbo, sin pensar más que en si misma y en la forma de sacarle el mayor provecho a una vida que, para ella, no tiene más objetivo que darle satisfacción a su cuerpo. Unos médicos que se han olvidado, si es que alguna vez lo hicieron, de su juramento hipocrático; de que, la función de su profesión, es un sacerdocio dedicado a salvar vidas y no a evitar que, seres humanos, puedan nacer, desarrollarse y morir, como les ocurre a todos los seres vivos de este planeta.

El negocio de los abortos es de carácter mundial y de él se lucran fabricantes de ungüentos y pomadas para las mujeres, traficantes de órganos, estudios científicos que se ha probado que pudieran hacerse, con tanta o mayor precisión y exactitud, con los cordones umbilicales de los recién nacidos o con las mismas placentas de la mujeres gestantes. Claro que el gran negocio, lo que ha convertido en millonarios a medicuchos incapaces de ejercer su carrera por su falta de preparación u otros “profesionales”, que trabajan bajo el auspicio de una clínica “legal”, practicando abortos y todas aquellas mafias que se valen del mercantilismo para hacer a las mujeres abortar a cambio de compensaciones económicas. Nadie, por el contrario, se preocupa del pobre ser indefenso que, inocente en el vientre de su madres, de su descastada madre; no sabe que le espera el lancetazo del bisturí que va a acabar con su existencia prematuramente; sólo por causa del desamor y el egoísmo de aquella persona que, ni siquiera se quiere plantear el concebirlo para darlo en adopción o pedir ayuda para que la asistan médicamente y le proporcionen un medio de vida durante su embarazo y, una vez haya dado a luz al hijo que lleva en su vientre, para poderlo criar dignamente.

De todo este proceso se ha dejado fuera al propio padre de la criatura que, aparte de contribuir en el embarazo de la mujer con la que ha yacido, no parece que le asista ningún derecho ni que se le permita opinar sobre si su hijo, la criatura que ha colaborado en engendrar, tiene otra opción que pasar por el degolladero del médico abortista. No parece que la ley sea pues nada “machista” como dirían las feministas; antes bien, da la sensación de que se ha elaborado para dejar fuera de la cuestión al hombre con lo que se produce una claro caso de discriminación, en perjuicio del varón, que parecería lógico que pudiera expresar su opinión, al menos, que pudiera hacer sus alegaciones como padre, exponiendo sus razones y sus argumentos a favor de una futura adopción del nonato, una vez hubiera sido concebido por su madre quien, de esta manera, no tendría porque asumir la custodia de la criatura que cedería a favor de su padre. Una familia monoparental como se la califica en la actualidad, con la ventaja de que así se podría salvar, seguramente, muchas vidas que de otra manera, están condenadas a desaparecer. Algo irremediable, que sólo el TC puede remediar aunque, que quieren que les diga, poco me fío de lo que pueda salir de un órgano tan politizado.

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