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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

El elevado coste de la vagancia

Ruth Marcus
Ruth Marcus
miércoles, 7 de julio de 2010, 06:08 h (CET)
WASHINGTON - Hay que dejar de aplazar las cosas. Ese es siempre un buen consejo, y siempre difícil de escuchar. Pero en ciertas situaciones aplazar las cosas es más perjudicial que en otras. Una de éstas es poner orden en el caos fiscal del país. El consejo más reciente de dejar de aplazar las cosas -- o, quizá más importante, la explicación más reciente del motivo de que aplazar las cosas sólo las va a agravar y la solución entonces será mucho más dolorosa -- viene cortesía de la Oficina Presupuestaria del Congreso, y su nuevo informe acerca de las perspectivas presupuestarias a largo plazo (http://tinyurl. com/25a7chn).

La Oficina, como todos los demás analistas económicos sensatos, no pide una carga inmediata contra los déficit récord -- muy al contrario. Como explica el informe, "Con la actividad económica y el empleo muy por debajo hoy de los niveles que podrían alcanzarse utilizando en su totalidad la población activa y las reservas de capital de la nación, elevar la recaudación o limitar el gasto inmediatamente probablemente sirva para moderar la recuperación económica".

Traducción: es demasiado pronto para pisar el freno.

"Sin embargo", añade el informe, "cuanto antes se acuerden cambios a largo plazo sobre el gasto público y la recaudación, antes se implantarán tras el periodo de debilidad económica y más limitado será el alcance de los daños a la economía fruto del aumento de la deuda federal".

Traducción: Cuanto más tiempo se pierda, más difícil será luego.

Eso tendría que ser evidente -- aunque, una vez más, puede que no para aquellos que defienden que el crecimiento económico descontrolado podría vaporizar el problema, o que moderar el crecimiento del gasto público en sanidad podría hacerlo mucho menos amenazador. Puede que sí, pero es una esperanza peligrosa en la que confiar. Puede que me toque la lotería mañana, pero no es un plan de jubilación muy inteligente.

La Oficina Presupuestaria del Congreso demuestra el motivo. Examina "la brecha fiscal" -- la medida a la que el gobierno tendría que recortar el gasto inmediata y permanentemente, subir los impuestos, o ambas cosas -- con el fin de estabilizar la deuda nacional a su nivel de principios de este ejercicio como porcentaje de la economía real. No es nada de lo que alegrarse: el 53% del producto interior bruto, un nivel que no se veía desde poco después de la Segunda Guerra Mundial.

Imagine que los legisladores quieren mantener estable la deuda hasta el ejercicio 2035. Supongamos un escenario político realista - la mayoría de los recortes fiscales Bush siguen en vigor, el impuesto mínimo alternativo se ajusta al ritmo de la inflación, los recortes programados en las compensaciones de Medicare a los médicos se cancelan.

Si la austeridad comienza en 2011, exigirán incremento un anual de la recaudación o recortes en el gasto público equivalentes al 4,8% del PIB. Esto equivale a 715.000 millones de dólares más o menos (en dólares ajustados a la inflación de 2010) el primer año -- por encima del presupuesto de defensa entero. Pero esperar hasta el ejercicio 2015 empuja esa cifra hasta el 5,7% del PIB, lo que significa encontrar 1 billón de dólares en ahorros ese primer año. Esperar hasta el ejercicio 2020 eleva la remesa necesaria hasta el 7,9% del PIB, o la friolera de 1,5 billones de dólares sólo el primer ejercicio.

Y este cálculo no refleja el verdadero coste de la espera, a medida que las proyecciones de la deuda desplazan la inversión y elevan los tipos de interés de la servidumbre de la deuda pública. "Incorporar esos efectos recrudece aún más el impacto de aplazar los cambios legislativos", advierte el informe.

Una vez que esta desagradable recesión sea historia, el país está abocado a un desagradable período de apretarse el cinturón. Lo desagradable que sea dependerá de lo rápidamente que logren adoptar medidas los legisladores.

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