Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Sueldos Públicos Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil

Opinión

Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

Cambio judicial en el que creer

E. J. Dionne
E. J. Dionne
miércoles, 7 de julio de 2010, 06:08 h (CET)
WASHINGTON - Este es el momento en el que se sabe que algo trascendental ha sucedido a nuestra lucha por el papel del Tribunal Supremo: cuando los Republicanos dejan de hablar de "activismo judicial", cuando los izquierdistas hablan de la importancia de la democracia y el respeto a los funcionarios electos, y cuando los magistrados ya no son considerados árbitros de béisbol.

Todas estas cosas emanaron de las vistas de confirmación de Elena Kagan en el Comité Judicial del Senado la semana pasada, a pesar de que puede que no se haya enterado a menos que haya leído algunas de las crónicas o blogs más reflexivos. Y lo sucedido tiene el potencial para transformar un debate lánguido que lleva atrapado en el ámbito conservador tres décadas por lo menos.

El relato estándar del testimonio de Kagan es que fue brillante, encantadora y esquiva. La parte brillante y encantadora está en lo cierto, y hasta sus críticos Republicanos del comité fueron lo bastante amables para reconocerlo. Y es cierto que Kagan no cayó en la trampa de anunciar cómo fallaría en tal o cual caso. Después de todo, quiere ser confirmada.

Pero mucho más de lo que se le reconoce, Kagan llegó a establecer una clara filosofía judicial que (1) entiende que los tribunales están en la obligación de someterse a las decisiones de funcionarios electos menos en los casos más extremos, y (2) pone en cuestión la noción del presidente del Tribunal John Roberts de que los jueces son simples "árbitros", como si su tarea fuera, en las agudas palabras de Kagan, ser "autómatas".

Y fueron los senadores Republicanos los que parecían suplicar que fuera un activista judicial y revocara los decretos del Congreso. Por eso el Senador Tom Coburn le preguntó si fallaría en contra de una ley que obligara a los estadounidenses a ingerir una cierta cantidad de frutas y verduras.

"Suena a ley estúpida", respondió Kagan, y luego habló con admiración del magistrado Oliver Wendell Holmes, que "odiaba gran parte de la legislación implantada" durante los primeros años del siglo XX "pero insistía en que si el pueblo la quería, estaba en su derecho de ahorcarse".

"Los jueces", decía Kagan, "deben darse cuenta de que no son los miembros más importantes de nuestro sistema democrático de administración". Es una oración que podría grabarse provechosamente en una de las paredes del edificio del Tribunal Supremo.

Sí, parecían admitir implícitamente los Republicanos, son los conservadores los que ahora son los activistas judiciales. Por ese motivo pasaron durante estas vistas a una línea de ataque contra los juristas de izquierdas por "dictar sentencia pensando en el resultado".

Esta fórmula no parece funcionar mucho mejor a los conservadores. Como señalaba el profesor de Derecho Jonathan Turley en la MSNBC, es difícil pensar en un caso más "orientado al resultado del fallo" que Bush vs. Gore, que vio anunciar a una mayoría conservadora que su razonamiento para elevar a presidente a George W. Bush no se iba a invocar en futuros casos. No obstante, la concesión que los conservadores se están viendo obligados a hacer en la cuestión del activismo es enorme.

En la cuestión de los magistrados como árbitros, Kagan podría haber esquivado el tiro y dejado la cuestión en el aire. No lo hizo. La metáfora del árbitro, decía ella, tiene "sus límites" porque sugiere erróneamente que juzgar "es una especie de empresa de autómatas" y que "todo tiene que estar claro". Sonando como el magistrado jubilado David Souter en su reciente discurso a los licenciados de Harvard, Kagan decía, correctamente, que en los casos extremos "se dan con frecuencia roces de valores constitucionales". Es por eso que "no todos los casos se resuelven por unanimidad".

De hecho, la metáfora del árbitro es peligrosamente engañosa y tal vez hasta a propósito. Insinúa que la respuesta que la mayoría concreta del Supremo proporciona es la única respuesta posible a una pregunta difícil. Si esto fuera cierto, no tendríamos la lucha muy política a cuenta del tribunal tan evidente durante estas vistas.

Y este fue el otro hito importante de esta batalla de confirmación que es un buen augurio para el futuro. Mientras los senadores Republicanos dominaron las vistas de la magistrado Sonia Sotomayor, los Demócratas mostraron esta vez un grado de disciplina que simplemente no se espera de un partido que con tanta frecuencia considera la disciplina una terrible enfermedad.

Un Demócrata tras otro reforzó la noción de que un tribunal conservador nos devolvería a la sátira social de Mark Twain cediendo poder a las corporaciones y minando la capacidad de la administración de servir de contrapeso en defensa de los individuos en posiciones débiles de negociación.

Habiendo facilitado en tiempos a sus detractores ser tachados de elitistas, los progresistas vuelven a comportarse como pequeños demócratas. Ese sí es un cambio en el que podemos creer -- y un enfoque que hasta podría salir victorioso.

Noticias relacionadas

Cataluña sigue en la cuerda floja. El separatismo sigue vivo

Seguimos pensando que la situación catalana está muy lejos de solucionarse

En un mundo de fugitivos

Es asombroso observar que esta humanidad globalizada todavía no sepa vivir armónicamente

La campaña contra la violencia de género

No parece que esté teniendo mucho éxito: siguen muriendo mujeres

Noticias que impactan...

O ya no

Marta Rovira, feminista, lenguaraz, embustera y manipuladora

"Hay un límite donde la tolerancia deja de ser virtud” B. Burke
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris