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Etiquetas:   Opiniones de un paisano   -   Sección:   Opinión

A la muerte de un presidente del Congreso de los Diputados

Mario López
Mario López
miércoles, 7 de julio de 2010, 06:05 h (CET)
Hombre, por Dios, no me digas. Se ha muerto Félix Pons. Si la Transición tiene sus exegetas, valedores, y críticos, el señor Pons (belleza en siete días, ¿se acuerdan?) es el paradigma. Presidente del Congreso de los Diputados durante diez años. Diez años, diez, y nadie se acuerda de él. No es de extrañar, fue un hombre serio y aburrido.

Los venerables presidentes de la sede donde reside, esquiva y huidiza, la voluntad del soberano pueblo han sido, por orden alfabético, los siguientes: Pedro Acuña, Antonio Aguilar, Miguel Álava, Santiago Alba, Manuel Alonso (el de la estación Alonso Martínez), Fernando Álvarez (el primero de la Transición), Melquiades Álvarez, Fernando Álvarez, Agustín Argüelles (abuelo del famoso ingeniero), Juan Armada (padre de Alfonso el del golpe), Manuel Barrio, Martín Belda, Julián Besteiro (sí, ese mismo), Esteban Bilbao, José Bono, Juan Bravo (el de la célebre calle de Bravo Murillo), Gabino Bugallal (abuelo de la famosa retratista), Francisco Calello, Vicente Cano, Alonso Cañedo (arzobispo de Burgos), José María Calatrava (visabuelo del famoso arquitecto), Miguel Calderón (nieto del que se tomó la vida por un sueño), Francisco Calello, José Canalejas (retratado por Sorolla y asesinado en la Puerta del Sol delante de mi abuelo Adrián), Antonio Cano (nada que ver con Mecano), Vicente Cano (hermano del anterior), Antonio Cánovas (restaurador borbónico, rey del pucherazo bipartidista, asesinado en un balneario de Mondragón, donde la famosa orquesta), Diego Cañas (inventor de la famosa dosis de cerveza), Alonso Cañedo, José Casquete (obispo de Císamo), Emilio Castelar (gaditano de labia fina, revolucionario y presidente republicano; en defensa de su causa la Universidad sufrió el más sangriento asesinato de estudiantes que conoce nuestra historia, en la funesta Noche de San Daniel), Francisco Castillo (obispo de Oxaca), Alejandro Castro, Francisco Castro, Francisco Ciscar, Diego Clemencín, Modesto Cortázar, Manuel Cortina, Jaime Creus (obispo de Mallorca), Antonio Cuesta, Eduardo Dato, Ildefonso Díez, Jerónimo Díez, Ramón Dou, Francisco Dueña, José Espiga, Joaquín Fernández (el famoso Espartero cuyo caballo tenía los cojones más célebres de nuestra historia), Torcuato Fernández (el gran cerebro de la Transición), Evaristo Fernández (el de la cerveza San Miguel), Raimundo Fernández (el de la calle de El Corte Inglés), Joaquín Ferrer, Álvaro Figueroa (primer conde de Romanones, íntimo amigo y socio de Alfonso XIII, y reputado pederasta), Manuel Flores, Álvaro Flórez, Tomás Gener, Ramón Giraldo, , Álvaro Gómez, Augusto González, Pedro J. Gordillo, José Miguel Gordoa (obispo de Guadalajara, México), Juan José Guereña, José Miguel Guridi, José María Gutiérrez, Benito Hermida, Andrés Jaúregui, Landelino Lavilla (un crack), Antonio Larrazabal, Joaquín Maniau, Manuel Marín (pedagógico sin competencia), Andrés Morales, Vicente Morales, Francisco Morros, Diego Muñoz, Bernardo Nadal (obispo de Mallorca, tatarabuelo de Rafa Nadal y no sé qué de Eugenio el del premio literario), Vicente Noguera (marqués de Cáceres, el del excelente vino), Vicente Pascual (fundador de la leche), Antonio Payán (bisabuelo de la mujer de Raphael, consuegro de José Bono), Antonio Pérez, Juan Polo (abuelo de la collares, señora de Franco), Luís Rodríguez, José Antonio Sombiela, Federico Trillo (el de manda huevos), José Pablo Valiente (abuelo del ministro franquista López Bravo), Juan de Valle, Felipe Vázquez, Andrés Vega, Manuel Villafañe, Miguel Antonio de Zumalacárregui (abuelo de la mamá del millón). Si no he contado mal, hemos tenido 90 presidentes del Congreso de los Diputados. Una vulgaridad. Cualquiera puede serlo. Pero, en fin, si no me equivoco, el señor Pons fue el que más duró en el cargo. Claro, estuvo con Felipe González, el que robó la pipa de la paz a Cuervo Ingenuo. Ahora, mucho cuidado a la hora de hacerle la elegía, pensárselo antes de decir que fue el mejor, porque hemos tenido un puñado de presidentes, al 90% de los cuales no los conoce casi nadie, y los pocos conocidos lo son gracias al callejero. Ahora bien, si me dan a elegir, me quedo con el marqués de Cabra, toda una celebridad.

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