Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Sueldos Públicos Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil

Opinión

Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Carril bici en Castuera: el puy de dôme

Ángel Morillo (Badajoz)
Redacción
miércoles, 7 de julio de 2010, 02:35 h (CET)
Resulta algo habitual en los días que corren que cierta oligarquía política utilice el dinero público, no para hacer las obras de infraestructura necesarias para el correcto desarrollo comunitario, sino para otras “obras” de dudoso provecho social, pues, producto de esos gatuperios, están más que “sobrados” muchos de los que se dedican a tan “noble arte” y algún que otro rico señorito de antaño (en Castuera hay apellidos muy ilustres en este sentido) que aprovecha para vender caro alguno de sus eriales; no queriendo -ni de broma- hablar siquiera del impuesto de Patrimonio (¿por qué será?) que, según los más insignes economistas del país, es la única solución para “arreglar” las cuentas del Estado sin dañar las pocas –en el país de la UE que menos- conquistas sociales de los más desfavorecidos, y que haría que supiéramos quienes son los que compran –y tienen- tantos automóviles de lujo y tantos “barquitos” y “modestas” casas en la sierra. Por supuesto, y como no, producto de haber sido “rigurosos y ahorrativos” durante la democracia… ¡su!, democracia.

Y sin entrar a valuar que este pueblo no es muy aficionado a la bicicleta (aquí, desde que dejaron el ciclismo -años ha- mi cuñado Nandi y el Tela, se va en coche a todas partes, a pesar de que la circulación es caótica por la desidia del Ayuntamiento y de la policía municipal que jamás va andando a ninguna parte…, con lo bueno que es andar), nos encontramos con la sorpresa de la construcción de un carril bici que, lo comprobarán a continuación, como el Puy de Dôme, hubiera hecho las delicias de Bahamontes, Charly Gaul, Louison Bobet... o, utilizado en sentido contrario, de Anquetil, Raymond Poulidor o el loco Gastone Nencini.

Porque, no se lo pierdan, el citado carril está dispuesto cuesta arriba –o cuesta abajo, según se vaya o se venga- con un desnivel que puede rondar fácil entre el 9% y el 15%, y, para poder “allanarlo algo”, se ha tenido que construir hasta un pequeño puente. Para colmo, al menos por ahora y que sepamos, no va tener esta “magna” obra mucho más de 300 metros, que, eso sí, serán muy útiles, obviamente, para utilizar por quienes padezcan enfermedades cardiovasculares o quienes quieran practicar, además del ciclismo, el parapente.

Así que nada. Que ya tenemos en Castuera, en miniatura, lo más parecido al famoso puerto francés que antes era habitual subir –y bajar- en el Tour. Más adelante, ya vendrán las viviendas en las parcelas colindantes…, o un “palacio de congresos”, o la “hospedería” (prevista en otro sitio, pero susceptible de poderse cambiar, ¿por qué no?). Pero, este esperpento de obra (como la de la calle de Santa Ana, convertida tras la remodelación en el terror de señoras y ancianos que en multitud de ocasiones han dado con su cabeza en el granito, la última hace tan solo unos días con lesiones graves), muy cara e innecesaria es otra muestra más de lo que supone la economía sostenible para ciertas “inteligencias superiores”: seguir sustentando el cargo para tener un sueldo –o varios, pues es raro, de entre estos neoliberales que se hacen pasar por socialistas, el que no tiene dos o más- tres veces superior al que les correspondería en justicia, a la par que mantener un status social del que en absoluto son merecedores, todo a costa de engatusar a bobos e incondicionales que están dispuestos a apoyar cualquier iniciativa aunque esta sea una memez semejante a la descrita.

De modo que, mientras tanto se funde el dinero de todos de esta manera poco clara y deshonesta (España es el país de la UE-15 –los más desarrollados- que menos tanto por ciento de su PIB dedica a fines sociales), hay trabajadores -y esto es sólo un ejemplo- en el propio Ayuntamiento que llevan más de ¡cinco años! sin recibir la ropa y el calzado obligatorio para desempeñar su cometido; y una trabajadora (auxiliar sanitaria, para más señas, de un centro geriátrico dependiente del mismo Ayuntamiento) a la que se pone pegas por tratar de recibir el tratamiento médico adecuado de dos enfermedades causadas por falta de los medios necesarios y haber tenido que desempeñar su trabajo cerca de diez años (lleva ¡16 años! con contrato, made in Felipe González, de “obras y servicios”) no a “golpe de pedal” y de manera razonable, sino a golpe de riñón y cuesta arriba (como el carril bici). Es decir, trabajando a veces más de diez días seguidos sin descansar y no cobrando nada por hacer turnos, festivos y domingos; no cobrando ningún plus, ni siquiera el de peligrosidad, por trabajar con asistidos; haciendo el trabajo en condiciones muy peligrosas (tres caídas en un mes) por el detrimento de las instalaciones (denunciadas, pero sin que nadie haga nada por subsanarlas); discriminada con respecto a otras compañeras a la hora de disfrutar sus días festivos, sus domingos libres y hasta un incentivo de 100 € (que se le ha negado) por haber trabajado en las fiestas de Navidad y, como no podía ser de otra forma entre estos (reitero, neoliberales con careta de socialista) “fabricantes de pobres” que nos gobiernan, cobrando unos 400 € menos al mes que sus homónimas de la Junta de Extremadura o del SES.

Supongo que todo esto –como lo del carril bici- lo hacen para que quede clara su teoría de: ¡me jarto y oprimo!..., qué bien me va.

Noticias relacionadas

La prueba de las banderas, ya innecesaria

J. LLano, Madrid

Nosotros estamos en lo cierto y ellos equivocados

G. Seisdedos, Valladolid

El nacionalcatolicismo, la póliza especializada

A. Alonso, Madrid

Democracia es mucho más que poner urnas

M. Palacios, Lleida

La tribu como autodefensa

V. Rodríguez, Zaragona
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris