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Etiquetas:   La linterna de diógenes   -   Sección:   Opinión

Una ley lamentable

Luis del Palacio
Luis del Palacio
martes, 6 de julio de 2010, 06:11 h (CET)
Es muy difícil que los políticos que nos gobiernan, responsables del descrédito de lo que un día se llamó “el imperio de la Ley”, puedan hacernos creer que lo que hoy en día sale del horno legislativo de las Cortes sea el pan con el que hemos de comulgar, cuando lo que producen son adoquines (o ruedas de molino, siguiendo con la metáfora)

La nueva ley del aborto, que entró en vigor ayer, es una prueba más de despropósito argumental, de falacia panfletaria, que en un momento histórico intelectualmente más lúcido habría sido motejado de solemne y peligrosa estupidez y arrojado al cesto de los papeles sin mayores contemplaciones. Que una niñata contestataria decida practicar el aborto libre, sin que sus padres tengan arte ni parte más que a la hora de pagar los vasos rotos, cuando la Ley no le permite votar, ni tomarse una copa en una discoteca, ni conducir un coche es no sólo un insulto a la inteligencia, sino que se trata de un verdadero atentado al derecho (y la obligación) que tienen los padres a la tutela y educación de sus hijos hasta la mayoría de edad.

Los ufanos vencedores en esta disputa, que no es ideológica sino simplemente moral, estiman que la llamada “ley de plazos” (aborto libre hasta el tercer mes de embarazo y posibilidad de practicarlo a las veintidós semanas si corre peligro la vida de la madre) suple las carencias que tenía la “ley de los tres supuestos” ( posibilidad de abortar en caso de violación, malformación del feto o peligro de muerte para la madre) pero lo que no parecen haber tenido en cuenta es que la que se aprobó en 1985 no se aplicaba como era debido, lo cual permitió que proliferasen aberraciones de lesa humanidad tales como la clínica-matadero del doctor Morín.

La cuestión está en saber si detrás de tanto despropósito se esconde alguna razón oculta, o si, por el contrario, ese afán de “multiplicar los entes sin necesidad” obedece a la idiocia iluminada de algunos miembros del gobierno (he dicho “algunos”) con su presidente a la cabeza. Yo guardo muchas dudas La artífice del engendro, Bibiana Aído, figuraba en los mentideros como una de las “miembras” del gobierno cuya contribución a la causa zapateril quedaba ampliamente amortizada y, por lo tanto, convertida en material fungible. No obstante, no consuela pensar en los posibles reemplazos. Y en este caso “el sueño de la razón” produce… Pajines.

Parece que lo “políticamente correcto” según el ideario de la progresía militante es aplaudir absurdos como el que contiene esta ley. En un país donde todavía no se ha superado el mito de que el intelectual ha de ser necesariamente de izquierdas y de que la derecha es siempre iletrada e insolidaria, hay muy poco que rascar ¿Cómo tratar de debatir sobre el asunto con un sujeto como el “gran actor” José Sacristán, uno de los adalides del Sindicato de los Cejijuntos, que lleva treinta y cinco años abnegando de los que le convirtieron en un histrión famoso? ¿Cómo hacerle comprender a él y a los que se comportan públicamente como él, que manifestarse en contra de esa ley no es equivalente a ser un meapilas o un retrógrado? El suyo es un caso de psiquiatra; el de Almodovar, Bardem (madre), Concha Velasco etc. de mero oportunismo político. El karma de todos ellos (“Om mane padme hum”) se resentirá, quiero creer en ello.

Hay quien se consuela pensando que el Tribunal Constitucional – defensor antaño del derecho a la vida del “nasciturus”- acaso ordene una suspensión cautelar de la ley, a la vista de los dos recursos interpuestos. Pero, sea como fuere, el mal ya está hecho.

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