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Etiquetas:   Opiniones de un paisano   -   Sección:   Opinión

Rosario Pino, Cospedal y las esencias del Estatut o, dicho de otra manera, las almejas

Mario López
Mario López
martes, 6 de julio de 2010, 06:03 h (CET)
Mira que estamos tontos. No hará lustros que hemos aprendido que la esencia de un contrato está en la letra chica, pero nos da igual, porque somos unos chulos. Lo del Estatut estaría muy bien como guión para la mojigata serie "Padre de familia", pero no hay que hacerle caso a Cospedal. Cospedal es como esos medicamentos que guardamos en el botiquín de casa y está más caducado que las bragas de Isabel la Católica.

Ahora, bien es cierto que sería crueldad ensañarse con la muchacha. Todos sabemos que es tonta, y ya está. Me he leído la letra chica del Estatut y de la reforma del Estatut realizada por nuestro venerable TC. Bien. Ambos textos subrayan que la última instancia judicial catalana es el Tribunal Superior de Justicia de Catalunya. Únicamente, en el texto aprobado por el soberano pueblo catalán, sus cortes, y firmado por el Borbón, se precisa que el Tribunal Supremo se podrá ver competente ante determinados recursos de alzada, respetando escrupulosamente la legislación vigente en todo el Estado español. Sinceramente, me cansa mucho repasar lo obvio. Entiendo que en la discusión de lo obvio encuentran su razón de ser los necios, vulgo, el 90% de nuestros políticos. Y cobran una pasta (aunque al hipermillonario socialista Boyer le parezca diezmos de paletos). Yo me casaría con Boyer si no fuera por Isabel Preysler. Estar casado con ese hombre debe ser esclarecedor. Toda vez que dejas de percibir salarios de paleto para cobrar una pastizara. Sinceramente, ¿a quién le importa el aliento clerical de don Miguel? ¿Que huele a semen pegado a sotana de cura recién masturbado?. Nadie es perfecto. En ciertas órdenes hay prefectos, pero nadie es perfecto. Recuerdo una canción de moda de los años sesenta del pasado siglo (y tan pasado, porque hay que ver lo poquito que se cortó). Se llamaba "Miguel e Isabel". La letra era una especie de exposición bastante cruda, y exenta de poesía, del amor entre estos hipotéticos jóvenes que se hicieron novios. Una letra descriptiva, basada en una mezcla de obviedades y lugares comunes. Muy acorde con la época y que a su autor le granjeó una pastizara, de esas que hasta el mismo socialista Boyer acepta como un salario por encima del analfabeto. Pues nada, que yo me voy a meter en un curso de corte y confección para, a través del túnel del tiempo, contratarme de modistilla en el Madrid de los Austrias. Y que Rosario Pino me componga una zarzuela. Ya sé que la mujer era actriz, y que jamás emprendió la ardua tarea de escribir un libreto, pero me consta que si me conociera sería capaz de reescribir Sobre gustos no hay nada escrito, obra que la encumbró en el prepucio de Jacinto Benavente. Por cierto, que me acabo de enterar de que María Guerrero era bollera y le comía la almeja a la brava actriz que en Madrid da nombre a la calle más abarrotada de marisquerías, vulgo almejas.

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