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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

¿Esto es democracia?

Viridiana Fernández
Redacción
lunes, 5 de julio de 2010, 07:06 h (CET)
Nos hemos acostumbrado a los golpes de Estado, al asentimiento sin consentimiento, a una “democracia” subyugada al mercado, el mercado económico neoliberal, por supuesto, donde el pez grande se come al chico.

“¿Qué hay de malo en esto?”-preguntarán muchos. La respuesta es sencilla: cuando se cambia dinero por personas, el ser humano cava su propia tumba y niega todo aquello que le distingue de ser bestia (con perdón de las bestias).

Estoy hablando de hoy, de lo que pasa ahora en este mundo en el que Franco quedó lejos aunque sea innegable esa herencia que sigue floreciendo a golpe de letra escarlata y hostias consagradas. ¿Alguien tiene la poca vergüenza de decir que vive en un Estado íntegro, en una Europa justa y piadosa, en la cuna de la civilización?

Obviamente, éste no es aquel país en el que por hablar o pensar te jugabas la vida; está claro que somos unos privilegiados; hoy tenemos plena libertad en casi todo, salvo en lo más importante... en nuestra propia conciencia que quedó diluida en unos mass media que no nos pertenecen.

Hoy igual que ayer, se pueden destituir presidentes de países como si fueran marionetas. ¿Por qué? ¿Acaso no eran electos, no los habían elegido sus habitantes? ¿Acaso tomaron las Cortes, las armas, robaron, mataron, calumniaron...? ¿Imponían la segregación racial? ¡No! ¡No hicieron nada de eso! sólo pretendieron lo mejor para el pueblo, sacarlo de su miseria, repartir un poco más equitativamente las ganancias que da este planeta (que es de todos aunque la ley diga lo contrario), elevar el salario mínimo, proteger la economía autóctona... Lógicamente, no eran perfectos y cometían errores (como todos). Pero los justos no interesan al caciquismo económico y vuelven las armas a ganar y el pueblo a tragar.

Y sigo sin entender este mundo de zombies sedientos de dinero y más dinero, pero no de ese dinero ganado con las manos, necesario para vivir, sino de ese otro arrebatado al prójimo. Y lo más trágico de la historia es cuando éste lo consiente y encima le da la enhorabuena.

Zelaya no volvió a su puesto, como tantos otros de esa lista interminable donde triunfa la violencia (violencia, tantas veces europea disfrazada de libertaria). Y Samuel, el alcalde de Espinoso del Rey, tampoco volverá a su alcaldía.

Mi pregunta es la siguiente: ¿Para qué se celebran elecciones si nosotros, sus ciudadanos, no tenemos ni voz ni voto?

Ahorremos papel y tinta, señores, y dejemos a los de siempre usurpar el poder como siempre lo han hecho.

Es lamentable que aun en contra de la opinión popular, de las urnas, de la justicia, la ley siga favoreciendo a los expoliadores. Y es patético que una persona se declare alcalde de un pueblo que no le ha concedido ni un solo voto, de 600 personas ha sido impuesto por una minoría que no llega ni a la docena. ¿Esto es democracia?

A nadie se le escapa, que los “golpes de Estado” suelen ir unidos de xenofobias, malversación de fondos públicos, favoritismos a los amiguitos y derivados. Nosotros no podemos hacer nada, sólo podemos hablar, pero hablemos todos alto para que recuerden su apropiación legal e indebida de un puesto que no les pertenece. Dejemos ya a esa España en la que se apalea al más “débil” pues nosotros... también somos carne de cañón.

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