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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

Mi primo Barack

Kathleen Parker
Kathleen Parker
lunes, 5 de julio de 2010, 06:01 h (CET)
WASHINGTON -- En los días transcurridos desde que sugería que el estilo retórico del Presidente Obama imita los gestos femeninos característicos, he sido informada de lo siguiente:

Uno, un varón negro no puede manifestar ira en público si no quiere ser considerado un Negro Iracundo.

Dos, sugerir que un caballero negro tiene algún rasgo femenino, incluso si se enmarca como "avance evolutivo", equivale a castrarle y reducirle a figura de los tiempos de Jim Crow.

Éstas han sido las dos quejas corrientes que vengo escuchando como consecuencia de la columna. Algunos de los que han escrito son caballeros educados que se identificaron como afroamericanos que convienen más o menos con mi idea pero quieren ayudarme a ver las cosas de forma diferente. Otros no fueron tan cordiales.

¿Creo que la gente es demasiado susceptible? Sí. ¿Creo que he transgredido algún límite? No. Es una columna, no una disertación. Y mi tesis, que parafrasea la noción de que Bill Clinton fue el primer presidente negro, sólo es seria si usted cree realmente que Clinton es negro.

Pero también reconozco que mi experiencia vital es diferente a la de la mayoría de los afroamericanos. Y esa experiencia me permite tanto el lujo de no ver a la gente a través del prisma racial como también (a veces) olvidar imaginarme cómo puede interpretar mis palabras la gente de orígenes diferentes.

Como escribía mi colega del Washington Post Jonathan Capehart en el blog PostPartisan - y me explicaba durante una conversación telefónica -- los varones negros están sujetos a un rasero diferente al de los blancos. Tienen práctica ocultando sus emociones. No pueden "estallar" como algunos han animado a Obama a hacer en público en respuesta a la marea negra del Golfo.

No se me había ocurrido, pero me fiaré de Jonathan y los demás que dicen que es el pan de cada día de los varones afroamericanos.

Tendrá que fiarse cuando digo que no veo a Obama exclusivamente como un varón negro -- con independencia de lo que diga su partida de nacimiento. No sólo es mulato sino que también ha logrado trascender el color de piel, al menos desde donde yo lo veo.

Como nota al margen, hay otra razón de que no lo vea como negro exclusivamente. Es mi primo. Tenía intención de guardar esta perla para una columna futura, pero ahora parece un momento igual de bueno que cualquier otro para presumir.

Supe de este sorprendente parentesco familiar cuando un primo que estaba elaborando un árbol genealógico se puso en contacto conmigo recientemente: "Y a propósito, ¿sabías que eres pariente de Barack?"

Al parecer, somos descendientes de hermanos cuyos padres - Johann Pieter Straub y Anna María Bárbara Hoffman - emigraron de Alemania a las colonias alrededor del año 1733. Así, de acuerdo con el árbol familiar, Obama y yo parecemos ser primos de octavo orden.

Me siento orgullosa de ser prima de Obama. Pero ese vínculo no me ciega a sus - y nuestros - defectos. En mi columna anterior, sólo pretendí ofrecer una posible razón de que el presidente esté pagando un precio tan elevado por su respuesta a la marea negra de la Deepwater Horizon.

La cultura estadounidense es compleja y las expectativas del género juegan un papel importante. Nos guste o no, eso incluye no sólo nuestro pensamiento contemporáneo más progresista sobre esos asuntos, sino también nuestra historia no tan progresista. Y reunida, esta mezcla de ideas constituye un campo de minas que los líderes tienen que transitar.

Pensemos: En los días anteriores al discurso del presidente en el Despacho Oval acerca de la crisis del Golfo, hubo un gran revuelo acerca del "estilo" de la respuesta de Obama. En la MSNBC, Donny Deutsch argumentaba que "no muestra ninguna emoción en absoluto".

Mucha gente parecía tener deseos de ver una emoción en particular: No la del "Siento vuestro dolor" de Bill Clinton, sino una del tipo "BP, te espero en la calle". Querían un referente de acción de corte híper-masculino, no Georgew W. Bush sino Terminator.

A saltos, Obama lo había interpretado. Quería saber "el culo de quién patear", nos dijo. Quería que taparan "la maldita fuga". El portavoz de la Casa Blanca Robert Gibbs nos aseguraba que en las conversaciones mantenidas con Obama, realmente "le había visto indignado".

Entonces el Presidente pronunció su discurso del Despacho Oval. Y la reacción colectiva fue, (BEG ITAL)"¿Eso es todo? ¿Dónde está la indignación?"(END ITAL)

Obama fue elegido por emplear un tipo concreto de retórica en el Despacho Oval que le sitúa en línea con la tradición retórica femenina y en posición diametralmente contraria al precedente histórico y las expectativas de su sexo. Una elección así podría terminar por ser un paso crucial hacia un mundo mejor. Pero la reacción en contra de su retórica sugiere que no estamos aún en ese punto.

Como prima, y como ciudadana-columnista no tan susceptible, le invitaría a emplearse mejor.

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