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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Sindicatos y separatistas andando a coz y bocado

Miguel Massanet
Miguel Massanet
viernes, 2 de julio de 2010, 05:33 h (CET)
¿Qué les parece a ustedes qué es lo que más precisamos en España, para salir de esta persistente crisis en la que estamos metidos? ¡Ya sé que, lo primero que se les ocurrirá decirme, será que se saque al señor Rodríguez Zapatero del puesto de presidente del Gobierno! Estoy de acuerdo pero, como es muy difícil que un señor que no admite consejos ni de sus propios ministros, lo vaya a hacer de los ciudadanos de a pie; será mejor que lo dejemos como está para tocar otro punto, no menos importante y perentorio, que afecta de lleno a nuestro futuro inmediato. En efecto, no tenemos más que echar un vistazo a la situación de nuestra banca, a la desconfianza de las Bolsas en la fiabilidad de nuestra Deuda ( pública y privada) y en la preocupación, repetidamente puesta en evidencia desde Bruselas y desde el BCE y el FMI, respecto al excesivo déficit público que el Estado debe soportar ante la imposibilidad de que los ingresos por impuestos cubran las necesidades de los pagos a los que debe hacer frente; no siendo el menor de ellos el ocasionado por los desorbitados intereses que nos vemos obligados a satisfacer por nuestra deuda (por el 5’53%) y la elevadísima prima de riesgo que, ante las dificultades de liquidez de nuestro sector financiero, está fluctuando por encima de los 205 puntos básicos. Aunque este no sea el tema que quiero comentar hoy, conviene que nos hagamos eco de que los bancos españoles estaban obligados a afrontar vencimiento de deuda por un montante de 442.000 millones de euros que recibieron de BCE cuando, hace un año, fue necesario que acudieran (como les corresponderá hacer ahora) a una subasta de liquidez de urgencia que los situaba al borde de la suspensión de pagos. En realidad han tenido que pedir una renovación para tres meses más, ¿qué ocurrirá cuando expire el nuevo plazo y no haya medio de pedir otro nuevo?

No hemos conseguido, hasta ahora, reducir el montante de nuestro desempleo, no se están recuperando los puestos de trabajo destruidos y siguen las sangrías a cargo de empresas que no han podido renegociar el pago de sus deudas, no han conseguido créditos bancarios y se han tenido que acoger, en última instancia, al procedimiento de concurso de acreedores o, en su caso, a la quiebra. Está en entredicho que el Tesoro pueda seguir pagando los 420 euros mensuales a aquellos que ya han agotado el subsidio de desempleo y, como ya nos viene anunciando el señor Blanco, la obra pública (uno de los remedios de urgencia para dar ocupación a los parados), en lugar de incrementarse se ha ralentizado y, en algunos casos, dejado para mejores oportunidades. Por si no fuera suficiente desgracia, y obligado por la presión internacional, ZP ha tenido que darle un giro radical a su política social y, dejando aparte todas aquellas frases grandilocuentes con las que se llenaba la boca, presumiendo de su apoyo a los trabajadores y de las ayudas que les daba; ahora, ante la mirada vigilante de toda Europa, China y los EE.UU., ha tenido que aplicar severas medidas de recortes de los salarios que, como es habitual, han recaído sobre los funcionarios (desde el simple administrativo a los altos cargos) y en los sufridos pensionistas. Quiero decir que estamos, como los funámbulos, balanceándonos encima de un hilo de alambre sobre un precipicio que amenaza con engullirnos a todos. A cualquiera que tuviera dos dedos de sentido común que se le preguntara sobre cuál debiera ser el comportamiento de los ciudadanos españoles en una situación semejante; es muy probable que respondiera:
“ Pues yo creo que formar una piña, ayudarnos los unos a los otros, procurar dar una imagen de confianza hacia los países de nuestro entorno y evitar que nuestras diferencias internas, nuestros desacuerdo políticos y nuestros rifirrafes nacionalistas, trasciendan de nuestras fronteras, dejándolos en un segundo término, para intentar conseguir que los capitales que se nos niegan y que tan importantes son para nuestro relanzamiento económico, vuelvan a España y ayuden a engrasar los engranajes oxidados de nuestras finanzas y de nuestra maltrecha economía”.

No parece que nuestras instituciones piensen lo mismo y, el ejemplo más doloroso de cómo los sectarismos partidistas, los egoísmos regionales, los agravios y resentimientos ancestrales de algunos sectores, especialmente activos ,de nuestra sociedad, son capaces de olvidarse de los intereses del pueblo español, para aprovechar la debilidad de un Ejecutivo desarbolado e inane, apalancándose en su temor de perder el poder, para dar rienda suelta a sus demagogias; intentando sacar tajada política de la situación, sin que les importe si, con ello, llevan la nave al naufragio. En realidad, lo que desearían es provocar un derrumbe total de la estructura del Estado para, desde la situación de pobreza, desesperanza, irritación y deseo de reivindicación de un pueblo desengañado, sin trabajo, soliviantado por la incuria de quienes les llevaron a la catástrofe; buscar el camino fácil de conducirlo por la senda revolucionaria ( vean los ejemplos de Venezuela, Bolivia, Ecuador o Cuba) que les ayude a auparse al poder y, desde allí, ejercer la dictadura ( dirán que “la del proletariado”, pero, en realidad, los que deciden y ejercen el poder sólo son unos pocos privilegiados, en el mejor de los casos)

Por ello, señores, cuando contemplamos la cara dura de los Sindicatos, –estos mismos que se han estado callados cuando le ha convenido al Gobierno –, montando un cisco en el Metro de Madrid, encendiendo el descontento de los trabajadores (natural, por supuesto y legítimo); lo mismo que intentaron hacer en Valencia, con un pobre resultado; con la única finalidad de perjudicar al PP de la Comunidad Madrileña, por interesarles a los socialistas, por cualquier medio que sea, segarle la hierba debajo de sus pies, a doña Esperanza Arrigue (algo difícil de verdad); no podemos menos que denunciar tanta falacia, tanta inconsecuencia y tan aberrante subordinación a los deseos del Ejecutivo, del que tan sustanciosos “regalos” reciben, en pago de sus buenos servicios. Faltará saber si el Gobierno, tanto en el caso de los catalanes como en vergonzoso espectáculo montado en Madrid, va a poder ocultarlo a quienes nos vigilan desde Europa, pendientes de cualquier indicio que delate cualquier posibilidad de desestabilización del país por medios poco o nada democráticos. No quisiera que ZP se las diera de listo y quisiera jugar con dos barajas esta partida con Bruselas, la Merkel y Obama. No quiero pensar en las consecuencias que nos pudieran acarrear semejantes veleidades.

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