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Etiquetas:   Artículo opinión   -   Sección:   Opinión

Esquiroles

Ángel Ruiz Cediel
Ángel Ruiz Cediel
@angelruizcediel
viernes, 2 de julio de 2010, 05:04 h (CET)
La crisis artificial que padecemos la han perpetrado los magos de las finanzas del Poder Negro, pero la pagan los trabajadores; los dineros que necesita el Estado para enfrentar sus problemas creados podría sacarlos de muchos niditos perfectamente legítimos, pero prefiere arrancárselos a los trabajadores; la reestructuración de infraestructuras o empresas es por completo ajena a los empleados o los usuarios, pero los poderes cargan las tintas especialmente contra los trabajadores, y son cinco millones de almas (doce, contando a la parentela), los que han sufrido directamente las consecuencias, y, a renglón seguido, todos los demás trabajadores, sean funcionarios o empleados de las empresas privadas. Lo fácil, lo villano, ha sido ir siempre contra los más débiles: los trabajadores, ésos que ya estaban sobreexplotados y con unas condiciones salariales y de precariedad tercermundista.

La empresa del Metro de Madrid ha decretado una huelga salvaje, y, enseguida, todos los voceros del Poder Negro se han echado encima, desde medios de comunicación partidista a opinadores profesionales de todo pelaje. Uno, claro, se pregunta si esto es justo, y se responde que no, que los perjudicados directamente, además de los propios intereses de los huelguistas, son los trabajadores en general, que son los que usan el metro porque los que tienen buenos haberes van cómodamente en su coche (aunque ahora más lentamente). Sin embargo, habría que decir que habitamos una sociedad tan sorda que sólo escucha a quien hace ruido. Desde saltar a la fama a tener privilegios de lo que sea, sólo se consigue mediante ruido, mucho ruido. Así fue como se consiguieron derechos contra una Dictadura que no le temblaba el pulso a la hora de sacar a la calle a sus grises y las lecheras; así es como han alcanzado el poder partidos que hablando bajito nunca lo hubieran conseguido; y así es como se ha escrito la Historia desde que el mundo es mundo.

A los de ETA, por ejemplo, se los libera, se les da puestos en las Instituciones, permisos carcelarios y mil beneficios impensables, que a simples quinquis no se les da, sencillamente porque estos últimos no son ruidosos... ni matan. Es el Gobierno que el que ha establecido el procedimiento. Pero es que lo mismo pasa en todos los demás ámbitos sociales. Si los trabajadores, ante el atropello actual perpetrado desde el PSOE se dedican a hablar en voz bajita y con mucha educación, con toda seguridad no tendrán otra conquista que la misma que los nefastos sindicatos pseudosociatas –UGT y CCOO- han conseguido hasta ahora: pérdidas de empleo, aumento del paro, pérdida de derechos y rebajas de salarios, además, claro, de precariedad y miseria para los que tienen un puesto de trabajo. El poder es sordo y mal intencionado con los débiles –incluso con sus débiles-, y no escuchará jamás a quienes hablen bajito y con mucha urbanidad, sino que les marearán con mil sofismas y bellas palabrerías, enredándoles en su turbia madeja. Sólo escucha, en fin, el ruido, el mucho ruido.

Doña Esperanza Aguirre se sofoca porque los sindicatos montan las huelgas allá donde gobierna el PP, pero debe considerar la señora Aguirre que sus servicios mínimos no son mínimos exactamente, y que ella misma, si no estuviera con toda su Administración consumiendo los ingentes recursos que dilapida y malgasta para nada y dejara de inaugurar todos los días obras y más obras multimillonarias, no sería necesario ni siquiera un recorte de derechos y haberes de los trabajadores para conseguir dinero: ella derrocha muchísimo más. ¿Y qué no decir de Gallardón, quien sólo en sus delirantes obras y sus coqueteos olímpicos se ha gastado varias veces lo que se supone va a ganar el Gobierno con este miserable atropello a los débiles?...

Es un engorro injusto que quienes usan el metro o el servicio que sea paguen con su tiempo las protestas y las consecuencias de las acciones emprendidas por los trabajadores de estas empresas por defender sus derechos y sus intereses, pero ya se sabe: hoy por ti, mañana por mí. A eso, en los sesenta y los setenta, en este mismo país se le llamaba solidaridad, y a los que se oponían, esquiroles. Esquirol es una palabra muy fea, porque define al trabajador que, desorientado, se ha puesto de la parte de quienes manejan el látigo y ha dado la espalda a los suyos, y lo que ha hecho Zapatero y lo que pretende Aguirre y Gallardón, es ni más ni menos que azotar a los trabajadores.

Tal vez haya mucho de maniobra política en esto de que se hagan las huelgas salvajes en Madrid porque gobierna el PP, pero tal vez es nada más que un tic que procura mantener un hálito de esperanza para que el gobierno que supuestamente tiene su tendencia reflexione, o, al menos, le sirva de advertencia. En todo caso, la huelga que no respeta los servicios mínimos hace mucho más ruido que la otra y capta enseguida la atención del respetable, que es de lo que se trata: ¿alguien podría decir que haciéndola con esos servicios mínimos del 50% tendría otro resultado que un larguísimo sufrimiento para los trabajadores y los usuarios, y que a esos mismos poderes que hoy se quejan por el sufrimiento de los usuarios les importaría el sufrimiento de estos un ardite?...

Con ruido, sólo con ruido y mucho dolor, se han conseguido los derechos que tienen los trabajadores: véase cómo son los propios gobiernos los que premian a los ruidosos. Con buenas formas y mucha educación, como se ha visto en treinta años de democracia, sólo se ha llegado a la precariedad, los contratos basura, el crecimiento desmesurado de los parados y el crecimiento desmesurado de los ricos. El camino, obviamente, estaba equivocado. Todo parece indicar que la consecución y defensa de los derechos no se pide por favor ni en voz bajita.

Si el gobierno quiere dinero, que vea la manera de quitárselo a aquéllos que de verdad lo tienen. A ver qué hacen los unos y los otros, y a ver qué tan educados son y lo bajito y educadamente que hablan.

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