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Etiquetas:   Opiniones de un paisano   -   Sección:   Opinión

Al pan, pan, y al vino, vino

Mario López
Mario López
jueves, 1 de julio de 2010, 06:28 h (CET)
El ciudadano madrileño mayoritariamente considera que los trabajadores de Metro han cometido delitos perseguibles por la justicia, por declararse en huelga total sin respetar los servicios mínimos. Ayer por la mañana fui a El Corte Inglés a recargar la tarjeta pregapo de mi móvil. Cargué cinco euros y pagué con el único dinero que llevaba, un billete de cincuenta.

Después de cobrarme, me dicen que no tienen cambio. Me hicieron esperar veinte minutos, hasta que un empleado apareció para abrir otra caja de la que extrajo el cambio. Como respuesta a mis quejas, la empleada que me retuvo durante veinte minutos sentenció: "todos hemos empezado muy mal el día. La huelga del metro nos ha hecho polvo". Ya veremos qué va a pasar cuando El Corte Inglés decida emprender un ERE. ¿Esta empleada de El Corte Inglés solicitará la solidaridad de los empleados de Metro sin que se le caiga la cara de vergüenza? Una de las peores secuelas de "los años en que vivimos sobradamente" es que los trabajadores perdimos por completo la conciencia de clase y toda capacidad para ponernos en el pellejo del compañero. Por el contrario, durante aquel tiempo, cada uno de nosotros aprendimos a medrar sobre las cabezas de los demás, importándonos un pimiento su suerte, con el casi exclusivo objetivo de tener un coche, una casa y unas vacaciones mejores que las del vecino. Con los tiempos que corren, y los que vendrán, cuando ya no nos quede ni el perro que nos ladre, la única defensa que podría tener la clase trabajadora para no ser definitivamente engullida por la codicia de los poderosos, sería su unidad, su solidaridad y su disposición a defender sus derechos con arrojo. Si la mayoría de los trabajadores, en lugar de apoyar la huelga de Metro, se sienten damnificados solidariamente con sus patronos, me temo que ya hemos perdido la guerra. En eso sí que no tiene ninguna culpa la patronal. Ellos nunca nos podrían hacer malos a nosotros, si nosotros no nos dejáramos hacer. Pero es que nos hemos dejado, al consentir la corrupción generalizada participando en nuestras propias pequeñas corruptelas, viviendo por encima de nuestras posibilidades, mirando por encima del hombro a nuestros vecinos el mismo instante en el que nos hemos podido pagar unas buenas vacaciones. Todas esas claudicaciones pasadas van a ser nuestro futuro calvario. Y si no, al tiempo.

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