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Tags: Opinión · Momento de reflexión · Octavi Pereña
“Santificado sea tu nombre”


Octavi Pereña


Octavi Pereña Octavi Pereña
miércoles, 30 de junio de 2010, 07:55
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MATEO 6:9. “Padre que estás en los cielos” implica que con Dios mantenemos una relación de familiaridad. El apóstol Pablo escribió: “Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama:¡Abba, Padre! (Gálatas 4:6). “Abba”es una palabra que significa ‘padre’ que es de fácil pronunciación para los niños pequeños que empiezan a hablar y que expresa la confianza y el amor que el niño siente por su padre. El sentimiento de familiaridad que acompaña a la palabra abba es con el que nos hemos de acercar a nuestro Padre que está en los cielos.

Por un lado el creyente en Cristo mantiene con el Padre celestial una relación de confianza y amistad, a la vez, pero, “santificado sea tu nombre” implica que no debemos perder de vista el temor reverencial que se le debe a Dios. ¿Cómo podemos al mismo tiempo llamar a Dios ‘Padre’ y reverenciar su nombre como sagrado, ante quien nos hemos de descalzar y mantener con el una relación de familiaridad? Afortunadamente ambas verdades van juntas. Son como las dos caras de una moneda que son inseparables. Ambas verdades enriquecen. Tengamos siempre presente cuando nos acerquemos a Dios que a la vez que Padre es el Dios tres veces santo ante cuya presencia hemos de enmudecer.

Cuando Dios habló a Moisés en el Sinaí, entre otras cosas le dijo: “No tomarás el nombre del Señor tu Dios en vano, porque no dará por inocente el Señor al que tome su nombre en vano” (Éxodo 20:7). La ley fue dada para hacer resaltar nuestro pecado. Si amásemos a Dios sobre todas las cosas tal como se nos pide, no habría necesidad de que el Padrenuestro nos recordase que Dios es santo y que su nombre debe ser santificado. La visión celestial que nos muestra Apocalipsis enseña que los moradores de la corte celestial alaban y adoran espontáneamente a Dios. Los residentes en el cielo no necesitan que se les achuche para adorar y alabar a Dios para que reconozcan que Él es santo y poderoso.

Debemos dar gracias a Dios por el mandamiento que nos recuerda que hemos de santificar y no tomar en vano su nombre, porque nos recuerda que somos transgresores de dicho precepto a la vez que nos impulsa a humillarnos ante su presencia implorando su perdón y misericordia. Esta es la función del mandamiento: hacernos ver nuestro pecado y llevarnos a Cristo en quien encontramos el perdón. Ahora sufrimos porque nuestro pecado nos impide santificar el nombre de Dios como se merece. Pero mañana cuando estaremos en su reino eterno, en el cual no habrá pecado ni cosa inmunda, con toda normalidad santificaremos el nombre de nuestro Dios.

MATEO 6:10 a “Venga tu reino”
Esta frase del Padrenuestro sacude nuestra conciencia si sabemos lo que dice la oración modelo enseñada por Jesús. Debido a nuestro pecado nos encontramos muy bien aquí en esta tierra inhabitable. Nuestra mirada está puesta a nivel de nuestros ojos. En cierta manera nuestro comportamiento tiene que ver con el de los animales que no levantan nunca la vista hacia el cielo de donde les viene el socorro que necesitan. ¿Recuerda el lector que Dios cuida las aves de tal manera que siempre encuentran el alimento necesario, pero no levantan los ojos hacia su Protector que las alimenta para darles gracias?

El hombre o la mujer que sabiendo lo que dice, afirma:”Venga tu reino”, está reconociendo que no se encuentra bien aquí en la Tierra. Podrá tenerlo todo: el bienestar inmenso, abundancia de bienes materiales que le permiten satisfacer todos sus caprichos, pero no encuentra satisfacción en todo ello. Aquí en la Tierra, en las actuales condiciones, no es el lugar idóneo para vivir. Cuando los labios pronuncian brotando del corazón: “Venga tu reino” dicen a Dios que quieren gozar de su presencia. Que se anhela estar con Él porque solamente entonces disfrutará del descanso eterno que Dios ha prometido a los que aman a su Hijo Jesús.

Para su pueblo Dios ha dejado establecido un recordatorio para que no olvide que vivir aquí en la Tierra no es lo ideal. Jesús, antes de morir en la cruz estableció que su muerte debía recordarse con pan y vino, que simbolizan su cuerpo y su sangre dados para salvación de su pueblo. El apóstol Pablo inspirado por el Espíritu del Señor cuando instruye sobre el simbolismo del pan y del vino, termina diciendo: “Así, pues, todas las veces que comáis este pan, y bebáis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que Él venga” (I Corintios 11: 23-26).

El secreto para pedir a conciencia “venga tu reino” se encuentra en el Jesús muerto y resucitado, sentado ahora en la diestra del Padre intercediendo por su pueblo hasta el día que vendrá en toda su gloria para llevarse con Él a su pueblo en el reino de Dios que no tendrá fin. Ya no pediremos más “venga tu reino” porque estaremos en él.

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