|
Esto es África
Daniel Sanabria
La historia del fútbol no ha parido mundial más especialito que el de Sudáfrica. Vuvuzelas que taladran el oído como un inmenso enjambre de mosquitos, Jabulanis rebeldes que alzan el vuelo al primer contacto de zapatilla, y goles fantasma que atraviesan un metro la línea de portería. Italia eliminada en el grupo más fácil del mundial y Francia amotinándose bajo el mando de Anelka. Y en medio del espectáculo, España y sus polémicas.
Viendo el panorama de actualidad, no descarto que alguien resucite el debate de Raúl si esta tarde perdemos con Portugal. Porque si sale cruz, no callará una garganta a lo largo y ancho de la geografía española. Tres semanas después del inicio del mundial España ya no es tan favorita y a día de hoy hay opiniones para todos los gustos. El porcentaje de optimistas y pesimistas se ha equilibrado en la balanza y mientras uno se acuesta pensando que Portugal nos manda de vuelta a la península, otro se levanta diciendo que el camino hasta la final ya está hecho.
Mientras, el fantasma de Al-Ghandour sobrevuela Ciudad del Cabo. Los arbitrajes mundialistas dan mucho que pensar cuando la cita se celebra en países “diferentes” a los tradicionales. Pasó en Corea y está ocurriendo en Sudáfrica, donde colegiados de diferentes rincones del mundo se enfrentan a encuentros para los que no están capacitados. En países como Australia, por poner un ejemplo, el fútbol es un deporte casi desconocido. En cambio, no falta un árbitro australiano en el mundial. La globalización está genial, pero creo que el profesionalismo también.
Si hay un punto en el que convergen todas las opiniones, ése sin duda es en calificar a este mundial como el peor de la historia. El nivel de las selecciones más potentes está en el rasero de las más débiles, cualquiera puede eliminar a cualquiera, que a priori parece algo bonito y distinto, pero en el fondo nos lleva a la desilusión general. Italia, Inglaterra y Francia ya están eliminadas, y esta noche caerá España o Portugal; es decir, la mayoría de los equipos partícipes en esta segunda fase se están convirtiendo en meras comparsas.
Quizá habría que replantearse los lugares a los que llevar los mundiales. Si en Corea pasaron cosas extrañas, no menos raras están sucediendo en Sudáfrica, empezando y terminando por la inocencia de los árbitros. Y es que tras un par de toques al silbato pueden esconderse muchos millones de euros... En cualquier caso, algo huele a podrido en Sudáfrica, y sinceramente, no creo que sean las vuvuzelas.
|