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De nuevo el G-20
Luis del Palacio
Con un presupuesto carísimo, gran parte de él destinado a medidas de seguridad, tuvo lugar la IV Cumbre del G-20 en Toronto (Canada) Y parece que, como viene siendo habitual en las reuniones de un grupo tan heterogéneo de países, las conclusiones son tan ambiguas como las interpretaciones de los horóscopos, aunque en este caso parece que sí ha existido unanimidad en cuanto a lo fundamental que es reducir el déficit público. La cuestión estriba en cómo hacerlo, dado que la globalización económica es asimétrica y cada nación padece sus particulares crisis. Resulta curioso que tan “selecto” club cuente entre sus miembros con países tan dispares como Japón, Argentina o la India; una prueba más de que lo que prima es el PIB correspondiente y no el poder adquisitivo real de los ciudadanos. La clase media china no es equiparable a la alemana o la canadiense por mucho que se insista. Y si no miren ustedes el utilitario que puede permitirse un norteamericano medio, un francés y, hasta hace poco, un español y compárenlo con los TATA de a mil euros con que media Asia amenaza invadir a la otra media y muy pronto (ya lo verán) a África. Eso del coche familiar es un ejemplo muy claro, pedestre si se quiere, de cómo andan las cosas: En regiones superpobladas del mundo existe una “pequeña” clase media que puede permitirse ciertos “lujos” de la sociedad de consumo y por eso se habla de “economías emergentes”. La realidad es que esa clase media, con ser pequeña en relación al total de la población del país que se trate, suma en ocasiones tal cantidad de millones de personas que puede equivaler, por ejemplo, al doble de la población española (ese sería el caso de la India o de China) De ahí viene la falacia de las “economías emergentes”, donde a fuerza de hablar de cifras macroeconómicas se trata de enmascarar una lacerante realidad social.
En la pasada reunión del G-20 se habló mucho de “reformas estructurales”, aunque es difícil que alguien concrete más porque, de momento, nadie parece tener claro en que consistirán. Hasta ahora han dado por buenas las “medidas de austeridad” adoptadas por un buen número de países afectados por la crisis –entre ellos el nuestro- que consisten básicamente en reducir el gasto social. Ni la debatida tasa bancaria –otro punto en el que todos han estado de acuerdo- saldrá de la cuenta de beneficios de los bancos, sino de lo que nos cobran las entidades bancarias por tener nuestro dinero en ellas.
Por mucho que se insista no es el G-20 una especie de gobierno mundial, sino el grupo de naciones que se reparten el comercio a gran escala. Y en lo que nos toca, los países de la Unión Europea, que hemos renunciado a la soberanía fiscal y a hacer una política económica nacional, tendremos que escuchar el resultado de sus deliberaciones que, por ahora, son sólo advertencias y no imposiciones.
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