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Economía desequilibrada
Robert J. Samuelson
"Las ideas de los economistas y los filósofos políticos, tanto cuando están en lo cierto como cuando se equivocan, son más poderosas de lo que se entiende comúnmente... Los hombres prácticos, que se creen bastante inmunizados de cualquier influencia intelectual, son normalmente esclavos de algún economista difunto". John Maynard Keynes (1883-1946), economista británico.
WASHINGTON -- Casi todo hijo de vecino quiere que los gobiernos del mundo hagan más por reactivar las achacosas economías. Nadie quiere una recesión "en dos partes". La cumbre del G-20 celebrada en Toronto se centró en la forma de evitar una. En los principales países industrializados -- los 31 integrantes de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico -- el desempleo se sitúa hoy en 46 millones de parados, alrededor de un 50% más desde 2007. No es sólo que la gente carezca de un empleo. Los largos períodos de desempleo pueden pasar factura a la capacidad laboral, llevando a una situación de desempleo permanente o movilidad social negativa. ¿Pero qué más pueden hacer los gobiernos? No está claro.
Puede que nos acerquemos a los límites de la economía. Como observaba Keynes, los líderes políticos son rehenes de las ideas de los economistas -- los vivos y los muertos -- y los economistas discrepan cada vez en mayor medida acerca de lo que hay que hacer. De acuerdo, la respuesta inicial a la crisis (recortes drásticos de los tipos, rescates bancarios, gastos de estímulo) probablemente evitara una depresión. Pero la crisis también castigó a la lógica de todas las teorías económicas relevantes: el Keynesianismo, el monetarismo y las "expectativas racionales". El caos intelectual resultante brinda el contexto a los desencuentros legislativos del momento dentro y fuera del país.
Consideremos la cuestión de los presupuestos. ¿Los déficits mayores estimulan la economía y crean puestos de trabajo, como sugiere el Keynesianismo estándar? ¿O la descontrolada deuda pública amenaza con crear otra crisis financiera?
La lógica keynesiana parece irrecusable. Si el consumo y el gasto empresarial son débiles, el gobierno eleva la demanda a través de recortes fiscales e incrementos del gasto. Pero en la práctica, la elevada deuda de los gobiernos impone límites económicos y psicológicos. La relación entre la deuda pública y la economía (producto interior bruto) es del 92% en el caso de Francia, el 82% en el de Alemania y el 83% en el caso de Gran Bretaña, informa el Banco de Arbitraje Internacional de Suiza.
Esto significa que los efectos benéficos de unos déficits más elevados se pueden perder de muchas maneras: a través de tipos de interés más altos si la deuda más abultada asusta a los inversores; a través de descensos acusados del consumo si consumidores y empresas pierden la confianza en la capacidad de las administraciones de controlar los presupuestos; y a través de una crisis bancaria si el capital bancario -- integrado de forma importante por los títulos de deuda pública -- pierde valor. Hay un tira y afloja entre el estímulo de los grandes déficits y los temores despertados por los grandes déficits.
Apoyándose en premisas favorables, la administración Obama afirma que su programa "de estímulo" de 787.000 millones de dólares salvó o creó 2,8 millones de puestos de trabajo. Podría ser. Los agentes de crédito no han perdido aún la confianza en la deuda pública estadounidense. Los tipos de interés del bono a 10 años superan por poco el 3%. Pero en Europa, se están superando los límites financieros. La colosal deuda de Grecia (relación deuda-economía real: 123%) producía un importante ascenso de los tipos de interés. Tanto Alemania como Gran Bretaña debaten planes de recortar de forma drástica sus déficits con el fin de evitar el destino de Grecia.
Eso es una locura, escribe Martin Wolf, el principal columnista económico del Financial Times. La austeridad concertada puede destruir la recuperación. Exacto, replica el economista ganador del Nobel y columnista del New York Times Paul Krugman, que sostiene que la economía estadounidense necesita más estímulos y déficits mayores. "La tacañería en un momento así...", escribe, "pone en peligro el futuro de la nación".
No es así, replica el economista de Harvard Ken Rogoff. El paquete de estímulo del Presidente Obama puede haber "ayudado a aplacar el pánico" de 2009, pero disparar ahora el gasto -- con déficits federales que superan el billón de dólares -- eleva "el riesgo de terminar sufriendo una crisis de deuda". Los déficits deben ser rebajados progresivamente, argumenta.
En la práctica, ciertos economistas están seguros de que los recortes presupuestarios pueden estimular el crecimiento económico bajo determinadas circunstancias. Un estudio de los economistas Alberto Alesina y Silvia Ardagna concluye que los recortes presupuestarios en los países ricos tuvieron a menudo un efecto de expansión cuando se ponía el acento en la reducción del gasto, no en las subidas tributarias. Supuestamente, estos planes presupuestarios influencian de forma benéfica los tipos de interés y la confianza sin debilitar los incentivos del empleo y la inversión.
Al igual que el manual keynesiano, el "monetarismo" también ha sufrido en su capacidad de explicación. Esta teoría sostiene que las grandes inyecciones de capital ("reservas") en el sistema bancario por parte de la Reserva Federal deben conducir a un mayor préstamo, mayor gasto e -- siempre que sean lo bastante sustanciales -- inflación. Bueno, desde el verano de 2008, la Reserva ha liberado alrededor de 1 billón de dólares de las reservas a los bancos, y no ha sucedido ninguna de estas cosas. La inflación sigue siendo ridícula, y la morosidad ha descendido de forma drástica más de 200.000 millones de dólares durante el último año. Los bancos siguen teniendo masivas reservas inmovilizadas.
Hay mucho que los economistas no comprenden. Como era de esperar, los fieles de las "expectativas racionales" -- una teoría que dice que la gente en general calcula mejor cómo responder a los sucesos económicos -- no anticiparon el pánico financiero ni el colapso económico. La desconexión entre la teoría y la realidad parece nefasta. La respuesta a la crisis inicial consistió en facilitar capital -- para rebajar los tipos y ampliar los déficits presupuestarios. Pero con los tipos de interés hoy bajos y los déficits elevados, ¿qué pasa si hay otra crisis?
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