|
¡Náufragos a la deriva!
Rafael Pérez Ortolá
A fuerza de repetirnos las cantilenas, no lo dudamos, lo importante es el buque, el grandioso navío que nos permite la navegación; es la mejor construcción e incluye las nuevas tecnologías. Nunca se había obtenido una estructura de tal naturaleza y potencia para el uso de los humanos. Ni se concibe una posible construcción diferente del buque, la estructura de ese GRAN BUQUE, la hemos convertido en un dios intocable, un verdadero ídolo. Lo denominamos de muchas maneras grandilocuentes, Economía, Democracia, Ideología, Multinacionales, Naciones o Sindicatos. Pretenden imponerse como monstruos indiscutidos, hegemónicos e intransigentes.
De pronto se oye, ¡Hombre al agua!, cuando alguien no pudo soportar con dignidad los embates de los elementos, meteorológicos o derivados de las acciones sociales, a cual más fuerte y cruel, manifiesto o traidoramente disimulado. Si cayeron niños o adultos en la travesía, ¡Qué importa!, MENUDENCIAS, con las que debemos contar. Es la estructura la que mantiene su predominio, alejada de las pequeñeces de unos casos concretos. La petición de socorro se diluye entre el fragor de los ruidos ambientales. Con la excusa de las grandes entidades, de su gestión omnipotente, y agresiva hasta los mínimos detalles, ni se considerará la posibilidad de unos funcionamientos diferentes. ¿Únicamente nos queda la resignación sufridora de apechugar con las consecuencias? ¿No debemos levatar la voz?
Una de las desviaciones morbosas, tan antigua como la humanidad, también conviene decirlo; se fragua en torno al carácter presuntuoso de las personas; llevado al extremos de considerarse DUEÑOS de la VIDA. Si quitamos a Dios del horizonte, dependeremos en exclusiva del punto de vista humano. Lo que se haga con la vida, incluida la supresión violenta de la misma, dice uno de sus manipuladores actuales, dejó de ser natural, tiene carácter científico y artificial. ¿Se queda ahí la cosa? ¡Quiá! Se agrava el desmán con el desplante agresivo, cuando se dispone de la vida de los demás. La vida administrada según las conveniencias del momento nos arrastra al sino maléfico al que me refiero.
Alguien decidió poner fin a unas vidas ajenas. Con orgullosa AGRESIVIDAD, se suceden masacres y eliminación de fetos, pena de muerte en paises que pretenden dar ejemplo de conducta, impasibles ante los asesinatos masivos y continuados en México o Colombia, estallidos violentos entre las parejas, guerras y hambrunas. O se recurre a la variante TAIMADA, con la intervención encubridora de los procedimientos técnicos. Estos días se publica la confesión de un médico, procedió a terminar con la vida de unos pacientes, por que le pareció lo más conveniente. Con el disimulo de un pretendido alivio de los sufrimientos (Lo que pretendemos todos), escuchamos a los dominadores de la vida, que justifican “dosis mortíferas de por sí” practicadas en nuestro país; cuando menos, son una apropiación indebida de la vida de otros.
El genial Géricault pintó y puso así de manifiesto los desastres como nadie; su “Balsa de la Medusa” se ha convertido en icono de los abandonados a su suerte horrorosa por el gobierno de turno. Vistos los entuertos de estos críticos años, la acción elusiva de Zapatero, rodeado de unas ministras de acciones y méritos en consonancia con su jefe, sin un contrapeso eficaz por parte de los ministros; quizá hablaríamos de la BALSA de la MEDIOCRIDAD, de la desfachatez o de la grave incompetencia. Quizá, pero no dudamos del enorme número de damnificados, no cabrían en una balsa; por unos procedimientos gubernamentales desafortunados o inexistentes, abandonados en aguas tempestuosas y profundas. No es posible el olvido; la incompetencia y la actitud displicente de unos gestores determina consecuencias muy desastrosas.
Cuando las imágenes no presentan figuras claras, expresan sombras y claridades irregulares; decimos que se trata de un arte o de una realidad abstractos. No hay figuras, pero se transmiten sensaciones. Estamos en esas, nos intentan liar, y lo consiguen, con un cúmulo de esquemas desfigurados. Al estilo de Kandinsky, las figuras han perdido su pefil y la abstracción anárquica es la que refleja la realidad. Hemos alcanzado un contrasentido, la ABSTRACCIÓN CONCRETA. Aunque no se dibuje el esquema nítido de una figura, se percibe con claridad feroz la sensación de un desfalco radical en las altas esferas que nos repercuten sus efectos. La abstracción pretende ser tan descarada, que se percibe como un impacto inusitado, que ya desearían haber logrado los artistas de lo abstracto. Si miramos los dineros, por que desaparecen entre los resquicios de oficinas lujosas, los beneficios tienen su recorrido aún en plena crisis. Situados en el ámbito de criterios o reflexiones, se fundieron en un magma indefinido. El mal sueño se alarga, en sí mismo es una realidad patente; la desaparición de los esquemas claros facilita la labor de los manipuladores.
Los embaucadores pretenderán mantener confusa a la tripulación y a los pasajeros, es la manera de perpetuarse en sus manejos. La inmensa credulidad es un factor de colaboración con ellos; por increible que pudiera parecer, se cree cualquier fruslería, se miran las cosas muy por encima. Se entiende poco la falta de respuestas contundentes, abundan las CONCIENCIAS SOMETIDAS, no se observan las determinaciones críticas desde los sectores sociales afectados; a lo sumo se expresan como comentarios dicharacheros e intrascendentes. ¿Se explica todavía la afiliación a los sindicatos? ¿Alguien tomó en serio las repercusiones de los políticos actuales? ¿Quién vota en conciencia? ¿Qué es eso de la conciencia? Al parecer, con semejante desorientación es lógico el sometimiento. Las quejas no tendrían así sentido.
Hay un descubrimiento reciente de posible aplicación para las vicisitudes amenazantes que hoy repasamos. Una de las ventajas de los estímulos mentales y la consiguiente RESPUESTA REACTIVA del cerebro, sobre todo si es intensa, abre los interruptores para la puesta en marcha del sistema inmunológico. Es decir, con un pensamiento diligente se facilitaría la actuación de las defensas orgánica; y viceversa, si la mente está inactiva, muy pasota en relación con el entorno. Según este correlato, no tenemos motivos para dormirnos, porque nos clavan saetas desde puntos inverosímiles. Aunque también lo sabemos, cualquier exceso resulta perjudicial; ante una abrumadora carga de estímulos, tendemos al aturdimiento y la ofuscación consiguiente. Con esa paralización, desorientados y a la deriva, tendremos muy complicada la consecución de buenas defensas inmunológicas y el cerebro atorado para las psicológicas. Si no reaccionamos en otra dirección, ¿Quién nos sustituirá en el empeño?
No valen ROLLOS ZAPATEROS al estilo de los mitineros mediocres que toleramos y votamos. Las cosas son de una manera, tozudas y no aptas para la tergiversación de las palabras. El robo no deja de serlo por una triquiñuela que lo disimule, el asesinato no admite otras definiciones, el engaño no depende de los decibelios de más o de los silencios cómplices. Admitamos la realidad circundante. Como punto de partida para la búsqueda de algunas soluciones viables.
|