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Tags: Opinión · Políticamente incorrecta · Almudena Negro
Nebrera y su burka


Almudena Negro


Almudena Negro Almudena Negro
@almudenanegro
viernes, 25 de junio de 2010, 08:26
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No es fácil para mí, porque en principio soy reacia a las prohibiciones. Me refiero a la prohibición del burka en espacios públicos que se está imponiendo de la mano de ayuntamientos catalanes. El Senado acaba de aprobar una moción para instar al gobierno a seguir la decisión tomada por ayuntamientos socialistas. Es un tema delicado, puesto que hablamos de libertades individuales y que es más que discutible que el Estado pueda imponer a las personas la forma de vestir o los alimentos que deben o no consumir. Si el motivo de la prohibición, como argumentan muchos, fuera la seguridad, habría que prohibir no sólo los carnavales, que también, sino los atuendos de las niñas de Zetapé. Por otra parte, ya se sabe que eso de cambiar libertad por seguridad suele acabar como el rosario de la aurora, o sea, en régimen autoritario.

Tampoco me vale el argumento, manoseado por la progresía, de que los símbolos religiosos no deben estar presentes en los espacios públicos, como si las personas dejaran de tener derecho a su libertad religiosa al entrar en uno de ellos o como si la religión fuera cosa del ámbito privado –esto último lo suelen cacarear los menos documentados-. Pero no. El burka no es un símbolo religioso. Así lo afirman numerosos musulmanes. Sí es un símbolo del islamismo. De la inferioridad de la mujer frente al hombre e incluso frente a los animales, aunque algunas socialistas patrias del feminismo radical parezcan encantadas con esta forma de sumisión. Un símbolo de la esclavitud legalizada por la teocracia desconocedora del cristiano “dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”. Un cántico al totalitarismo que nada tiene que envidiar a las esvásticas u hoces y martillos que, voluntariamente, he ahí la diferencia, portan algunos descerebrados que reivindican el hambre y el crimen.

Y aquí surge mi duda. Porque que yo sepa en el occidente de raíces judeocristianas se supone que hay igualdad ante la ley, sin que quepa discriminación en función de sexo. Y que yo sepa se persiguen el maltrato y las coacciones. Maltrato que puede pasar por imponer a mujeres, cuando apenas son unas niñas, un atuendo a modo de argolla que les recuerde constantemente su esclavitud. Atuendo que causa tales daños contra la salud al impedir el paso de la luz solar, que ríanse ustedes del por el hipócrita gobierno perseguido tabaco. Es justo llegados a este punto cuando decido que sí, que el burka debe estar prohibido por lo mismo que debe perseguirse la prostitución obligada de mujeres, que no es prostitución sino trata de blancas.

Que haya alguna tarada que quiera voluntariamente –y para tener voluntad hay que ser libre, tener capacidad crítica y de elección, cosa que no tienen la mayoría de mujeres en el mundo árabe aunque residan en Cunit, Hospitalet o Marbella- soportar el verano dentro de un burka no debe hacernos permitir la esclavitud. Por tanto, me inclino en favor de la prohibición.

Montserrat Nebrera, quien siempre me pareció que oscilaba un tanto confusamente entre el cilicio, el nacionalismo y la payasada egocéntrica, se ha tomado este asunto a chirigota. Se enfundó el que fuera fichaje de Piqué un burka y llegó a decir que se sentía “protegida” envuelta en el atuendo mientras se paseaba unas horitas por Barcelona. Qué bochorno. Porque lo mismo doña Montse pretende convencer al personal que es lo mismo disfrazarse de mujer esclavizada que serlo. O trata de hacernos creer que lo suyo es la alta política. Pues no ha colado. Ni lo uno, ni lo otro.

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