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El voto de Antonio Gutiérrez
Pedro de Hoyos
Zapatero la negaba pero las familias ya sabían que venía. Hablo de la crisis, claro, de la crisis que a nosotros no nos iba a pillar porque estábamos en la Champions Ligue esa. No es que Zapa sea el culpable ni el inventor, pero se pasó dos años haciendo el Don Tancredo mientras derrochábamos el dinero firmando presupuestos generales del Estado que ni la magia de Harry Potter podría convertir en reales. Eso sí, las familias españolas debían saber más que el presidente del Gobierno y el ministro que le dio aquellas dos tardes de Economía: Los nacimientos en España se redujeron un 5% el año pasado. Mire usté si había síntomas de gravedad económica y si los españoles los veíamos venir. Todos menos uno, vaya.
De la crisis que no existía se va a encargar el partido que la negaba, qué le vamos a hacer. Se va a encargar de reformar las leyes obreras un partido obrero. De reformarlas contra los obreros, toma contradicción. La derecha mientas tanto, unos y otros, nacionalistas y generalistas del poder (de mantenerse en él o de conseguirlo sea como sea y a costa de lo que sea), se encarga de quejarse y de protestar y de negar el pan y la sal a los gestos políticos y económicos que tanto habían pedido ellos mismos poco tiempo antes. Seguramente los recortes económicos y sociales que el Partido (¿Socialista? ¿Obrero?) Español está acometiendo lleguen tarde y sean pocos pero uno nunca espera que el socialismo (¿No deberíamos decir exclusivamente “el Zapaterismo”?) sea el encargado de recortar pensiones, de alargar la edad de jubilación y de facilitar el despido. Como acabo de decir algo más arriba la derecha tradicional está en lo suyo: todo tipo de sacrificio obrero es poco, siempre demanda más como se ha visto el martes en las Cortes.
Aquí el voto más honesto es el de Antonio Gutiérrez. No me atrevo a decir que sea el más acertado, que a mí Jordi Sevilla no me ha dado esas dos clases, pero sí el más honesto. ¡Tachán, tachán, se acabó su futuro como profesional de la política! El año que viene, a la calle a currar. ¿Se acordará de cómo se hacía? Otros pasaron honesta, limpia y generosamente a la mina directamente, o casi, desde el escaño.
Por una vez la libertad individual se está cepillando eso que llaman democracia y que no es más que el resultado de las imposiciones de las cúpulas de los partidos a sus culiparlantes señorías convenientemente embadurnadas con unos sueldos y unas dietas ni obreras ni populares. Nada más contradictorio que un diputado popular u obrero, tanto monta, a no ser que se llame Antonio Gutiérrez y haya sido secretario general de CC. OO.
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