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Tags: Opinión · The Washington Post Writers Group · E. J. Dionne
Cómo cambia Obama a la derecha


E. J. Dionne


E. J. Dionne E. J. Dionne
miércoles, 23 de junio de 2010, 03:33
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WASHINGTON -- La promesa de cambio de la campaña de Barack Obama no incluía un compromiso de transformar el conservadurismo estadounidense. Pero uno de los principales legados de su presidencia podría ser una revolución de la derecha estadounidense en la que las formas más seculares y antiguas de política desplazan al activismo religioso.

La reacción a Obama también ha radicalizado franjas del movimiento conservador, alentando teorías conspirativas largo tiempo olvidadas y líneas de pensamiento parecidas a las desposadas por la John Birch Society y otros grupos de extrema derecha de la década de los años 50 y 60.

Los críticos del conservadurismo lo interpretan en ocasiones como una masa homogénea movida por la hostilidad al "gobierno intervencionista", el apoyo al tradicionalismo social y una acusada animadversión hacia el progresismo.

Pero el conservadurismo es un movimiento diverso con muchas variantes y tensiones filosóficas. Políticos conservadores de éxito como Ronald Reagan (y como George W. Bush durante su primer mandato) mantuvieron la paz entre los conservadores sociales, económicos y empresariales al tiempo que moderaban la retórica del movimiento en público. En la oposición, los conservadores logran enterrar sus diferencias con frecuencia. Pero el conservadurismo se ha derrumbado en cuanto sus componentes han entrado en conflicto o cuando la retórica extrema ha salido a la luz.

La llegada del movimiento de protesta fiscal supone un bofetón a una antigua forma de libertarismo que entiende como inconstitucionales la mayoría de las políticas nacionales que el gobierno ha adoptado desde el New Deal. Percibe de manera típica las amenazas más peligrosas a la libertad como la imposición de elitistas de formación sólida alejados de "los valores estadounidenses".

En su radical antipatía al poder del gobierno federal, este movimiento puede demostrar ser una amenaza a los Republicanos en lo que por lo demás podría ser un buen año para el partido.

La disculpa del Representante Joe Barton a BP la pasada semana por la presunta "extorsión" de Obama de 20.000 millones de dólares en nombre de los perjudicados por la marea negra del Golfo fue vergonzosa precisamente porque destacaba lo lejos que llega la desconfianza de la derecha hacia el gobierno federal.

Frente a la elección entre apoyar a una enorme corporación británica o al gobierno federal que defiende la compensación de las víctimas del desastre, Barton se alineó con la petrolera.

Barton retiraba más tarde su disculpa bajo la presión de los líderes Republicanos, pero muchos dentro del partido y en la derecha se hicieron eco de sus opiniones. El Comité Republicano de Estudio, compuesto por más de 115 legisladores conservadores, ya había declarado el fondo de compensación "política de extorsión de estilo Chicago", al tiempo que Judson Phillips, el secretario de Tea Party Nation, lo tildaba de "extorsión".

El lenguaje de los nuevos anti-estatistas, al igual que el lenguaje de la derecha de la década de los años 50, se remonta de forma regular a la Constitución estadounidense y los Fundadores para llamar la atención sobre presuntas amenazas a la libertad.

Un colectivo llamado Patriotas Fiscales (muchos colectivos de protesta fiscal incluyen la palabra "patriota" en sus denominaciones) se describe como "un colectivo creado para plantar cara, hombro con hombro, para proteger a nuestro país y la Constitución sobre la que nos fundamos". Tea Party Nation dice que es "un colectivo civil de personas de mentalidad parecida que quieren nuestras Libertades Individuales conferidas por Dios y que fueron redactadas por nuestros Padres Fundadores".

A medida que la atención sobre el movimiento se ha incrementado, sus críticos (últimamente Chris Matthews en un documental de la MSNBC y Jason Zengerle en el New Republic) han destacado lo mucho de esto que es material estadounidense viejo.

Uno de los grupos más relevantes de la derecha a mediados del siglo XX adoptó el nombre de Estadounidenses por la Acción Constitucional. El colectivo, como informaban Seymour Martin Lipset y Earl Raab en su clásico sociológico "La política de la sinrazón", defendía "la derogación progresiva de las leyes socialistas incluidas en nuestro código".

Los ataques contra una clase de educación elitista que son la tónica de las críticas conservadoras a Obama y su círculo de íntimos también ha sido un veterano pedigrí de la derecha. "Puedo encontrar muchos más acentos de Harvard en los círculos comunistas de América hoy de los que encontrará en todos los míos juntos", afirmaba en 1966 Robert Welch, el fundador de la Birch Society.

Lo llamativo es el extremo al que el movimiento de protesta fiscal ha desplazado a la derecha religiosa como voz predominante de la militancia conservadora. Los conservadores religiosos no han desaparecido, y Sarah Palin, la heroína del movimiento de protesta fiscal, comparte desde luego sus opiniones del aborto y el matrimonio homosexual. Pero estos asuntos se han visto eclipsados por la temática anti-gobierno más generalizada impuesta por la Nueva Vieja Derecha, y el "conservadurismo compasivo" que mueve a partes del movimiento político cristiano no tiene cabida en la estructura de mando actual de la derecha.

De esa forma Obama ha revivido un estilo venerable pero preocupante de pensamiento conservador. A corto plazo, la energía del nuevo movimiento le amenaza. A largo plazo, su extremismo podría ser su salvación.

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