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Tags: Opinión · The Washington Post Writers Group · Robert J. Samuelson
Quimeras energéticas


Robert J. Samuelson


Robert J. Samuelson Robert J. Samuelson
martes, 22 de junio de 2010, 05:07
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"Durante décadas, hemos hablado y hablado de la necesidad de acabar con la prolongada adicción de América a los combustibles fósiles... Una y otra vez, el camino a seguir se ha visto bloqueado, no sólo por los lobistas del sector del petróleo, sino también por la falta de valor y sinceridad política". Barack Obama, discurso del 15 junio acerca de la marea negra de BP.

WASHINGTON -- Por una vez, sería bonito que el presidente descendiera al nivel de los estadounidenses en materia energética. Barack Obama no es esa clase de presidente. Su discurso de la otra noche estaba motivado por el control político de daños -- los suyos. Estuvo lleno de desinformación y mitología. Obama ofreció una brillante visión de una América que será una conversa de las energías "limpias", supuestamente, la eólica, la solar y la biomasa. No va a suceder en muchísimas décadas, si es que llega a producirse alguna vez.

Para empezar, no vamos a poner fin a corto plazo a nuestra "adicción a los combustibles fósiles". El crudo, el carbón y el gas natural cubren hoy alrededor del 85% de las necesidades energéticas de América. La Agencia de Información Energética de los Estados Unidos espera que el consumo energético crezca tan sólo a una media del 0,5% anual entre los años 2008 y 2035, pero sigue siendo un incremento acumulado del 14%. El consumo de combustibles fósiles se elevará ligeramente en el año 2035 y su porcentaje seguirá suponiendo el 78% del total.

A menos que clausuremos la actividad económica, necesitamos los combustibles fósiles. Las bombillas de consumo inteligente, los electrodomésticos de bajo consumo, los vehículos de mayor eficiencia, todo puede desacelerar el consumo energético. Pero contrarrestando este ahorro hay más población (391 millones de habitantes frente a 305 millones), más hogares (147 millones frente a 113 millones), más vehículos (297 millones frente a 231) y una economía mayor (un volumen casi doble). Aunque se presume que las energías eólica, solar y biomasa van a crecer a un ritmo hasta 10 veces superior al crecimiento del consumo energético total, apenas suponen el 11% del suministro en el año 2035, por encima del 5% del año 2008.

Existen límites físicos a las nuevas fuentes de energía, como demuestra Robert Bryce en su nuevo libro "Apetito energético: Los mitos de las energías 'verdes' y los verdaderos combustibles del futuro". Supongamos que un inventor "descubre una forma de transformar el aceite de soja en queroseno para aviación", escribe Bryce. "Hasta con ese invento, la transformación de toda la cosecha anual de soja de América en combustible de aviones sólo cubriría alrededor del 20% de la demanda de combustible de aviación estadounidense". El combustible de los aviones, a su vez, supone alrededor del 8% del consumo estadounidense de gasolina. De igual forma, los generadores eólicos tienen un potencial limitado; deben tener como apoyo capacidad generadora de respaldo cuando no corre aire.

Las consecuencias de la marea negra de BP se presentan en dos partes. La primera resulta familiar: el incendio; los muertos; los pájaros cubiertos de crudo; los humedales contaminados; las playas cerradas; los pescadores preocupados. La segunda es menos apreciada; un debate energético más turbio.

Obama ha hecho de la denigración del petróleo y del sector del petróleo uno de sus pilares retóricos. Esto es superficial intelectualmente, aunque comprensible políticamente. Las "energías limpias" no van a sustituir al petróleo ni a lograr reducciones sustanciales de las emisiones de efecto invernadero -- por ejemplo, el recorte del 83% antes del año 2050 con respecto a los niveles de emisión de 2005 recogido en la legislación de cambio climático de la Cámara el año pasado. A falta de enormes avances tecnológicos (por ejemplo, técnicas baratas "de secuestro de las emisiones" que trasladen el dióxido de carbono bajo tierra) o un cambio inverosímil masivo en favor de la energía nuclear, sencillamente esto no va a suceder. Es una quimera. Según la proyección de la "referencia" calculada por la Asociación de Información Medioambiental, las emisiones de dióxido de carbono en el año 2035 están un 8,7% por encima de las de 2008.

En lugar de admitir lo evidente, Obama insinúa que otros países lo están desmintiendo. "Países como China están realizando inversiones en empleo e industria verdes que deberían estar haciéndose aquí en América", decía en su discurso. Si China puede hacerlo, ¡nosotros también podemos! Bien, con independencia de lo que esté logrando China en energía eólica y solar, es una atracción de cara a la galería. En el año 2008, los combustibles fósiles satisfacían el 87% de sus necesidades energéticas, según informa la Agencia Energética Internacional. Sólo el carbón representaba el 66%. China supone alrededor de la mitad del consumo mundial de carbón bruto. Su consumo creció a un ritmo del 10,7% anual entre 2000 y 2008.

Las líneas maestras de una política energética práctica están claras. Un impuesto sobre los combustibles o el carbón a implantar de forma gradual empujaría a la población hacia productos de consumo más eficiente, incluyendo los vehículos. Cualquier impuesto debería formar parte de un programa presupuestario que incluya importantes recortes del gasto. Es un enfoque mejor que mezclar propuestas de legislación de intercambio de emisiones -- suscritas por la Cámara y la administración -- que con el tiempo van a plagarse de licencias y excepciones. Finalmente, la investigación y el desarrollo deberían buscar fuentes de energía más baratas y más limpias.

Mientras tanto, es imperativo extraer el gas natural y el petróleo nacionales. Esto genera puestos de trabajo y limita nuestra dependencia de importaciones inseguras. Los avances en la prospección han abierto a la explotación enormes reservas de gas natural atrapado en la pizarra ("gas de pizarra"). Obviar detalles importantes en aras de la velocidad y los errores humanos cometidos por BP parecen las principales causas del vertido. Teniendo en cuenta los antecedentes sólidos en materia de seguridad que tenía antes el sector, la moratoria de seis meses de Obama a la prospección en aguas profundas no está justificada y debería ser acortada. No son los lobistas del sector lo que mantiene a los combustibles fósiles sino la realidad de que son económica y socialmente necesarios. Un presidente honesto lo habría dicho.

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