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Fútbol: un gol de penalti y en el último minuto…
Daniel Lázaro
A falta de espectáculo y emoción en el Mundial, el sábado pudimos ‘divertirnos’ con la última jornada en Segunda División. Bueno, siempre y cuando no fuésemos aficionados de Real Unión, Cádiz o Real Murcia, que vuelven a Segunda B. Por arriba estaba cantado que el Hércules iba a ser el último en ascender a la Liga BBVA, gracias a un inexplicable, a la vez que impresionante, final de temporada de Javier García Portillo.
Por abajo, la jornada prometía y no defraudó. Nueve equipos implicados, infinidad de combinaciones y tres plazas de descenso en juego. Solo una pega: de los nueve equipos, seis jugaban ante conjuntos sin aspiración alguna. Así que equipos como Las Palmas, Albacete, Salamanca, Huesca y Rayo Vallecano, que dependían de sí mismos, ganaron sus partidos cómodamente y certificaron su salvación. Y el equipo que más puntos tenía al inicio de la jornada, el Girona, acabaría sufriendo en Montilivi ¡y de qué manera!
Real Unión y Cádiz eran los únicos que no dependían de sí mismos, y con las victorias del resto de equipos, igual daban sus resultados. Así las cosas la emoción pasaba por la capital gerundense. El Girona necesitaba puntuar para salvarse y el Murcia necesitaba ganar. El destino quiso que durante gran parte de la segunda mitad, el Girona fuese equipo de Segunda B. Decimotercero antes de empezar, decimonoveno en esos momentos. Poco menos que increíble. El 0,3% de probabilidad de descenso se cumplía. Claro que la probabilidad sería mayor si se diesen como seguras las victorias antes mencionadas.
Y así fue el partido hasta el minuto 93, momento en el cual Teixeira Vitienes indicó el punto de penalti. El tinerfeño Kiko Ratón tenía en sus botas el devenir del Girona. Alberto Cifuentes tenía la responsabilidad de salvar el descenso del Murcia a Segunda B. Tira Kiko Ratón… ¡para Alberto! No, espera, que se le ha escurrido, le está golpeando en la pierna y… ¡entra! Más tensión es imposible de maquinar. El Murcia es de Segunda B desde el descuento, tras diez años deambulando entre Primera y Segunda.
Y es que, como dijo un amigo en Twitter, manda narices –esto lo digo yo– que, tras 462 partidos y 1114 goles, el último puesto de descenso a Segunda B se decida en el último de ellos, en tiempo de descuento, con el resto de partidos finalizados y con un duelo fraticida.
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