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Opinión
Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   Europa  

Pensamientos pesimistas sobre Europa y España

“Estos son malos tiempos. Los hijos han dejado de obedecer a sus padres y todo el mundo escribe libros” M.T. Cicerón
Miguel Massanet
lunes, 30 de enero de 2017, 00:17 h (CET)
Mientras Europa se entretiene en un intento de superar su desconcierto, mediante demostraciones de superioridad sobre el pueblo americano, que ha sido capaz de escoger a un señor de derechas que está decidido, “rara avis política”, a poner en práctica la política que les dijo a los que lo votaron que pondría en marcha; se está produciendo, en este viejo continente, un fenómeno de reacción contra los intentos de los comunistas de implantar de nuevo sus doctrinas obsoletas, que a algunos les ha dado por calificarlo de “populismo” otros, normalmente los de izquierdas, de movimientos de “extrema derecha”, pero que, para cualquiera que siga de cerca la política y se haya apercibido de los movimientos estratégicos de la izquierda, de esta izquierda que nos está entrando a través de las inmigraciones ( en España de la que nos viene de Hispanoamérica), de estas avalanchas que los buenistas defienden como si todas las naciones que han conseguido un cierto nivel de vida gracias al trabajo, el orden, la disciplina, el estudio, el sacrificio y, todo hay que decirlo, la contención de estos movimientos falsamente sociales que lo que proponen es apelar a las “subvenciones”, a la “caridad”, a las “donaciones” y a las cesiones por parte de aquellos que pagan sus tributos por los bienes que consiguen con su esfuerzo, pero que, para estos que prefieren desanimar a los inversores, que gustan de renegar de los empresarios o que piensan que, aparte de favorecer el aborto para que nazcan menos nuevos ciudadanos, es preciso atacar a la religión, prescindir de la moral y la ética y exprimir a los ricos, a las personas acomodadas o a los empresarios que han contribuido a la creación de puestos de trabajo con sus inversiones y sus ideas; con los que se vuelven muy exigentes, como en su día lo hicieron con los padres de familia que se esforzaban en educar a sus hijos, corrigiendo sus defectos, sancionando sus equivocaciones y, si fuera preciso, aplicando castigos físicos moderados; tan vilipendiados por las leyes actuales y tan perseguidos legalmente, sin otro resultado visible que el de unas nuevas generaciones a las que es imposible orientar debido a la destrucción de la autoridad del padre dentro de la familia y a su imposibilidad de encarrilar a sus hijos por estar vetados a usar métodos que permitan corregirlos, porque el principio de autoridad paterna ha desaparecido gracias a los “derechos” que se les han otorgado a los jóvenes ante sus padres, que han quedado completamente desautorizados por unas leyes absurdas, carentes de lógica y elaboradas por aquellos que, como objetivo primordial para alcanzar sus objetivos, decidieron atacar a la Iglesia católica y a las familias, como baluartes inexpugnables que se les habían impedido, durante siglos, conseguir imponer sus doctrinas libertarias.

Puede que ahora nos extrañemos de que, un señor de extrema derecha, haya conseguido el apoyo del pueblo americano, cuando todo parecía indicar que, quien se iba a llevar la victoria, hubiera podido ser cualquiera del resto de candidatos del acomodaticio y mafioso lobby republicano o, la preferida de muchos norteamericanos, a pesar de sus graves defectos, de ser una de las correosas y aprovechadas sobrevivientes de mil batallas políticas, algunas de las cuales nada favorecedoras para la esposa del señor Bill Clinton ( un presidente lleno de luces y grandes sombras), la gran perdedora de los comicios, Hilary Clinton. Pero puede que no sea tan raro si se contempla lo que ha sido, a juicio de muchos ciudadanos americanos, el periplo del señor Obama durante sus 8 años de rector de los destinos de los americanos, durante los cuales ha fracaso en política exterior ( relaciones con Rusia, retirada de Irak, incapacidad para acabar la guerra contra el EI, fracasos en su intento de implantar una política sanitaria, derrotas repetidas en el Congreso y el Senado etc.) y tampoco se puede considerar como el periodo más brillante en cuanto a su prestigio ni sus aparentes logros, como ha sido el caso de haber restablecido relaciones con la Cuba de los Castro, sin haber conseguido que la dictadura que domina la isla haya cedido en ningún punto importante, que le permitiera regresar la democracia, desparecida de dicha nación desde hacía más de treinta años. Sin embargo, los Castro sí recibieron una importante dosis de oxígeno con la llegada del turismo americano y el regreso de muchos inversores de aquella nación. Pero el pueblo cubano sigue en la miseria. Obama, con su evidente facultad oratoria, sus buenas formas y la condición de ser el primer presidente de color de la nación americana, ha sido favorecido durante años pero, la realidad, el balance de su etapa al frente de los EE.UU, no ha sido, ni mucho menos, el que se había esperado de él y, lo cierto es que no ha podido llevar a cabo ninguno de sus grandes proyectos, por mucho que se ha valido de la demagogia y su popularidad para intentar engañar al pueblo americano, incluso a sus propios votantes más entusiastas, las personas de color y los hispanos, que lo acogieron en su día como un nuevo y deseado Abraham Lincoln y han acabado votando en su contra.

Pero es que, en esta Europa que, empezando por España, se está sintiendo la amenaza de una nueva invasión del extremismo de izquierdas, y ya se están empezando a notar la aparición de movimientos de ciudadanos que han percibido el peligro de que se siga permitiendo, sin reaccionar, la extensión de esta nueva marea roja que nos llega desde américa latina y que ya lleva años intentando apoderarse de los puestos estratégicos de las instituciones comunitarias, con el propósito de llevar a cabo el proyecto que José Stalin había concebido, con sus frentes populares, para una Europa en horas bajas y que fue, precisamente, el fascismo italiano y el nacional socialismo alemán, de Mussolini e Hitler, los que le impidieron llevarlo a cabo. Los movimientos de derechas (sí, de extrema derecha, sí señores, porque siempre los polos opuestos son los que se repelen) están tomando cuerpo (incluso en Alemania ya están apareciendo una serie de partidos que están preocupando a las autoridades alemanas, surgidos principalmente de la oposición a la avalancha inmigratoria y de las desagradables consecuencias que, para el pueblo alemán, han tenido lugar a su causa).

La señora May se mueve y no parece que lo haga mal. El brexit inglés se ha aliado con el nuevo gobierno americano y parece que de él van a surgir relaciones económicas que, muy posiblemente, puedan suplir las que pudiera perder el RU por su distanciamiento de la UE. La premier inglesa ya ha firmado la venta de armas a Turquía por una importante cantidad de millones y no parece que, ésta activa primera ministra del UK, esté dispuesta a perder el tiempo en si Europa responde a sus solicitudes de libre comercio o prefiere imponerle barreras aduaneras; más bien da la impresión de buscar, por otros derroteros, compensar el comercio que pudiera perder. Es posible que, cuando lo intenten, la Gran Bretaña ya haya conseguido dirigir su comercio hacia otros destinos que pudieran, por el contrario, dejar de favorecer a la UE.

El motor del pesado y poco ágil entramado europeo, carente de la unidad que se había proyectado que tuviera, amenaza con moverse demasiado lentamente para enfrentarse con posibilidades de éxito a un bloqueo o semibloqueo de los EE.UU; su posibilidades de defenderse por sí misma de sus adversarios los rusos o los mismo yihadistas del EI, ya fuera a causa del terrorismo que la amenaza constantemente o ya viniera de un posible ataque terrestre, parecen muy remotas y costosas y, aunque la señora May ha asegurado que Trump le ha garantizado su colaboración con la Otan, lo que parece evidente es que está dispuesto a exigirle a la CE un implicación mayor en el coste de sostenimiento de dicha institución y, muy posiblemente, una menor implicación en cuanto al personal americano destinado a ella.

El señor Rajoy hará bien en no dejarse arrastrar por cantos de sirena, como los del señor Hollande, en Francia, y mida muy bien sus declaraciones respecto al personaje de Donald Trump, tan maltratado por la prensa española y, en especial, por todo el conjunto de la izquierda, cada vez más extremista y dispuesto a aprovechar el menor desliz de nuestro presidente de gobierno, para crucificarlo. Y hablando de crucificar, no parece que el reafirmado presidente de Ciudadanos, el señor Albert Rivera, se muestre muy decidido a aproximarse al PP, antes bien, da la impresión de que se está preparando para unos nuevos comicios, como si ya pensara que al PP no le va a quedar más remedio que convocar unas nuevas elecciones para mayo.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, empezamos a sentir que son muchas las circunstancias que pueden obligar, aún en contra de su voluntad que, claramente, es la de concluir la legislatura, al gobierno minoritario de Rajoy a convocar una nueva consulta, si no consigue apoyo para aprobar los presupuestos, aunque piense que puede prolongarlos por todo el año, y si, el Parlamento, se convierte, como es muy posible que suceda, en una verdadera cámara de tortura para todos los proyectos que los populares quieran someterle a su aprobación. Ver para creer.
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