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Tags: Opinión · Disyuntivas · Rafael Pérez Ortolá
Guiños en la bruma


Rafael Pérez Ortolá


Rafael Pérez Ortolá Rafael Pérez Ortolá
sábado, 19 de junio de 2010, 04:48
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La antigüedad del Olimpo, con toda su camada de dioses, no permanece en un recóndito pasado; son muy intensos los esfuerzos para la creación de nuevos especímenes con pretensiones de divinidad, o quizá se reducen a cambios de nombre, a tono con las modernidades inquietantes. Hasta quienes estudiaron por letras han debido de aprender el nombre del nuevo Zeus, el todopoderoso PIB (Producto Interior Bruto). Rige azares, vidas y contiendas, desde sus elevados tronos. Suelen dibujarlo con unas cifras un tanto cabalísticas, ahí queda el dibujo del dios. El desconocimiento se agrava porque no disponemos de contacto directo con él, no caben explicaciones, aunque si las componendas. Desconcertados y patidifusos, asistimos como sumisos esclavos a sus reconvenciones indirectas; en las que descubrimos a los intermediarios con la divinidad en cuestión, reconcentrados en la POLÍTICA ECONÓMICA del momento. Esclavos de los empleos precarios, del paro azuzante, mientras el dinero - que sí lo hay-, se emplea en otros menesteres, con el contubernio de bancos, gobiernoso y sindicatos. Visto como una sigla lejana, el poderío supremo se ejerce, fatuo y displicente.

Con el endiosado PIB de marras se establecen unas metas con trazados economicistas. Colocadas en un sitial proporcionado, no se prestarían a las críticas desde otros ángulos. El asunto del PIB se sale de madre, desbarra olímpicamente en cuanto osamos preguntarnos sobre sus carencias. Interrogantes que me retrotraen al recuerdo del malogrado Robert Kennedy, que consideraba esta discusión como una de las cruciales. Con sus opiniones, nos fijamos en las CARENCIAS del PIB, dado que no mide la calidad de la educación, le pilla muy lejos si los niños gozan o no en sus juegos, tampoco incide en la belleza poética, ni en la integridad de los funcionarios o cargos públicos; Bob también se refería a la fuerza de los matrimonios, ¿Dónde quedó eso?, el PIB si acaso va en contra de los mismos. No incluye la inteligencia participativa y colaboradora en el debate social. “En suma, lo mide todo, salvo lo que hace que la vida merezca la pena”. Porque todavía son muchísimas las bondades no incluidas entre sus riquezas. En definitiva, parecen excesivas a todas luces las prerrogativas con que adornamos a semejante dios racional con patas de palo y rostro acuñado junto con las monedas.

En consecuencia, los dioses antiguos languidecen ante la soberbia de la gente moderna; pero algunos de los nuevos estilos generados, son de una consistencia sospechosa, sobre todo por su estrechez de miras, comprobada fehacientemente con el exámen del PIB que venimos comentando. Si la mirada se desvía hacia el dios del PROGRESO, introducimos un intenso factor de desconocimiento, dado que lo ambiguo de su definición le sitúa como indiferente ante las bondades o las maldades. Quedamos aturdidos por su parafernalia, sus manifiestos propagandísticos proliferan, de tal guisa, que no damos abasto para su valoración. Los razonamientos no salen bien parados a su alrededor, generan por el contrario impulsos de dominaciones, con unos beneficiarios a expensas de otros muchos sacrificados a su ídolo. Sucede sin más, entre otros progresos, con los avanzados medios disponibles para la información, las estructuras organizadas no muestran una tendencia nítida hacia mejorar las opciones de todos, antes al contrario; subvenciones, supeditaciones, monopolios, dictadorzuelos sociopolíticos, perversiones pseudodemocráticas, se encargan de esos malos progresos. El progreso, visto así, dispone de múltiples ramificaciones desnaturalizadas.

En el camino evolutivo se han perdido cualidades humanas importantes, con el natural deterioro de las relaciones sociales. Se podría olvidar la pérdida si hubiéramos obtenido a cambio alguna permuta valiosa. No cabe duda de la obtención de notables adelantos técnicos y científicos, por cierto, con un ritmo muy acelerado. Por lo mismo, es de destacar el retroceso, o como mínimo el estancamiento en lo referente a las buenas cualidades necesarias para el desarrollo existencial de las personas, aisladas o en el conjunto. Una renuncia tras otra, cedimos en las creencias particulares, de ideales apenas si se habla, de virtudes sociales y de éticas, aunque se hable, ni se sabe cual es su sentido genuino; hemos quedado bastante desvencijados. En consecuencia, perdimos muchas de las brújulas orientativas, nos deslizamos por una desgraciada DERIVA INSTRUMENTAL, la que hubieran deseado para nosotros los peores enemigos. Evolucionamos hacia una transformación neta, con la equiparación final de la persona a cualquier instrumento; al servicio de los caprichos económicos de los poderosos de turno, con todas las componendas que suelen pergeñar. Usados y conformados con la suerte corrida, no vislumbramos la dignidad resolutiva para desbaratar esa trama decadente. ¡Necesitamos estímulos enérgicos y apropiados!

¿Será verdaderamente amiga esta sociedad? No parece del todo descabellada la impresión de que ya sucedió la invasión de los enemigos bárbaros, pero con pérfido refinamiento; infiltrados por doquier, disimulando sus presencias alevosas. A la vista de las circunstancias ambientales, escasean los aliados; en todo caso, de haberlos, se encuentran abocados a una dispersión debilitadora. ¿Los encontraremos a tiempo? Difícil está la cosa. El tono general no se caracteriza por las respuestas decididas, formamos parte del penoso C C C -Catálogo de CONFORMISTAS CONFUNDIDOS-, un tanto frustrante, sin arrestos, sin iniciativas que permitan el dibujo de mejores perspectivas. La actitud se pasa de estoica, es tan exagerada que se convierte en un servil colaboracionismo con los farrulleros y sus despropósitos; conduce a la abúlica falta de responsabilidad, que palpamos en tantas actividades de la vida pública, de enrevesadas consecuencias.

¿Se lo podrían creer aquellos artesanos no tan antiguos protagonistas en sus trabajos? La obra efectuada portaba con toda honra el sello personal de su artífice. Ahora, en cambio, la autoría se desdibuja, con lo que se pierde en la implicación personal del trabajador. Si lo pensamos, veremos como actuamos plenamente DESFIGURADOS. ¿Dónde se perfila y reposa cada una de las actuaciones? Se escucha música, pero pocas veces se observa al instrumentista; esfuerzos, cuerdas, teclas, boquillas, temperamento, no suelen apreciarse en vivo. Los dineros depositados son gestionados por entes sin cara; aunque a veces con gran dureza facial. Generamos un frío ambiental en el trato, que asusta; dictan las normas y sentencian procedimientos los entes agigantados, instituciones, empresas colaterales ligadas a los propios gobernantes, con su denominador común definido, no dan la cara, no sabemos quien actúa.

La neblina se intensifica y enturbia el panorama; de tal modo lo hace, con tal persistencia y extensión, que no apreciamos alternativas limpias, con una mínima transparencia. Las triquiñuelas invaden los resquicios más recónditos. Circulamos, indefinidos si tratamos de precisar los conceptos, desolados por el escaso acompañamiento e inquietos por las posibles evoluciones venideras. Menos mal que de vez en cuando aparece una VISIÓN EXTRAÑA; una sonrisa ocasional, un sufrimiento cercano, el toque solidario, nos aportan una imagen dentro de la bruma. Se distinguen PERSONAS, a pesar de las trabas impersonales.

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