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Un tipo de malestar diferente
E. J. Dionne
WASHINGTON -- Un extraño malestar aqueja al Partido Demócrata.
Es una palabra arriesgada de utilizar, lo sé. Está cargada de malos precedentes y conlleva implicaciones desafortunadas. Así que seamos claros: el Presidente Obama no es Jimmy Carter, ni se le acerca. Y el discurso de Obama el miércoles no se parecía en nada al discurso "del malestar" de Carter en 1979 en el que Carter nunca utilizó realmente esa palabra. Obama pronunció un discurso bueno y sensato que no fue un éxito.
Lo extraño es que se consideraba que Obama necesitaba un éxito. Aquí es donde interviene el malestar Demócrata.
Los Demócratas deberían sentirse mucho mejor de lo que se sienten. Implantaron una reforma sanitaria que había sido su sueño durante más de 60 años. Sacaron al país de una aterradora espiral económica. Están a punto de aprobar la mayor reforma financiera desde el New Deal. La opinión pública ha identificado enemigos que son considerados como aliados Republicanos clásicos: las petroleras y la banca. Y teniendo en cuenta las anteriores políticas de los Republicanos, la marea negra del Golfo es tan problema suyo como de Obama como poco.
Además de todo esto, el Partido Republicano parece estar haciendo todo lo que puede para hacerse imposible de elegir, alejándose de la derecha y suscribiendo apoyo al movimiento de protesta fiscal que, en sus márgenes, predica la necesidad de revolución. Suena más a la Nueva Izquierda vieja que a un conservadurismo reforzado. Oh sí, y ¿se le ocurre una cosa que los Republicanos defiendan ahora aparte de recortar el gasto? No importa que se muestren inefablemente vagos al hablar de lo que recortarían.
Pero aun así los Demócratas son los aterrorizados, los inseguros y dubitativos -- y esto era así antes de que la marea negra agravara las cosas. La avezada retórica de Obama sobre "la necesidad de poner fin a la adicción de América a los combustibles fósiles" no se acompañaba de detalles concretos porque sabe que casi una docena de Demócratas en el Senado se muestran asustadizos a la hora de actuar. ¿Por qué parece con frecuencia que los Republicanos están llenos de intensidad apasionada mientras los Demócratas carecen de toda convicción?
El documento más importante del mes puede terminar siendo una encuesta realizada para la radio pública por la consultora Demócrata Greenberg Quinlan Rosner y los Republicanos de Public Opinion Strategies. En los 70 distritos electorales a la Cámara más reñidos, 60 de ellos ocupados por Demócratas, las encuestas concluyen que los Demócratas "se enfrentan a un entorno hostil en los comicios de 2010".
"Los resultados son un toque de atención para los Demócratas, cuyas pérdidas en la Cámara pueden superar con facilidad los 30 escaños", afirman. Dos hallazgos se imponen al conjunto: "El 62% de los Republicanos en distritos Demócratas se describen muy entusiasmados con las próximas elecciones" en comparación con apenas el 37% de los Demócratas. Y: "Por un margen del 57 al 37%, el electorado de estos 60 escaños Demócratas está convencido de que las políticas económicas del Presidente Obama han dado lugar a un déficit récord al tiempo que no han logrado reducir la destrucción de empleo".
La paranoia está asentada entre los Demócratas, y esta encuesta sólo agrava este desorden. En esos distritos reñidos, los titulares Demócratas se van a sentir tentados de abandonar el barco, distanciarse del Presidente, instar a sus líderes a ser cautos y salir huyendo a buscar refugio de la inminente marea Republicana.
Pero las cifras de la encuesta de la radio pública son tan pesimistas que los Demócratas deberían parar antes de suicidarse. Hay algo absurdo en la forma en que la administración y los Demócratas del Congreso han perdido cada uno de los debates públicos que deberían estar ganando.
Fueron derrotados con una ley de estímulo que claramente reflotó la economía, como argumentaba de forma convincente Alan Blinder, el ex gobernador de la Reserva, en el Wall Street Journal del miércoles. Salieron derrotados de la reforma sanitaria, una importante mejora con respecto al sistema actual implantada a través de un proceso que la hace parecer una mancha de chapapote en una playa de Alabama. Están perdiendo la batalla del déficit hasta teniendo en cuenta que fueron los Republicanos los que bajaron los impuestos dos veces mientras la administración Bush iniciaba dos guerras.
Obama es criticado con frecuencia por tener un aire de profesor condescendiente. La ironía es que unos Republicanos que tienen poco que decir de la forma en que solucionarían los graves problemas de la nación dominan la narrativa filosófica subyacente del país.
Desde Plaquemines Parish a Wall Street, estamos viendo lo que ocurre cuando el gobierno adopta un enfoque demasiado distante de los actores del sector privado económico. Aún así el Partido Republicano está logrando vender la idea de que el gran asunto de estas elecciones debería ser -- el gasto público.
El Profesor Obama y sus aliados deberían sentirse avergonzados. La cura del malestar, definido como "una sensación de agotamiento o falta de energía para desarrollar las actividades cotidianas" es desarrollar una sensación de seguridad de intenciones, actuar de forma audaz en su desarrollo.
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