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Sexting
Octavi Pereña
Jessie Logan, una joven de 18 años no pudo resistir el linchamiento a que se la sometió debido a unas fotos desnuda que había mandado a su amigo por medio de su móvil. Cuando se rompió la relación, su novio que le decía amarla con locura la envió a sus amigotes. Jessie fue el blanco de las burlas de sus compañeros de clase. La joven, valientemente dio testimonio de lo ocurrido en una televisión local, apareciendo en pantalla en silueta y con la voz distorsionada.. A pesar de ello, la travesura de esta adolescente terminó colgándose en su habitación. En el suelo se encontraba el móvil que había utilizado para hacer y enviar unas fotos que no debían haberse hecho ni enviado nunca.
El caso Jessie Logan es impresionante. Ojalá que su testimonio televisivo sirva. Era su propósito que otros adolescentes se lo piensen dos veces antes de hacerse y enviar fotos sexy. La Jessie sintió los efectos de su acción poco después de haberla cometido. Otros, la descubren cuando quieren acceder a la universidad y se les cierran las puertas. En otros casos, la travesura juvenil pone palos a la rueda a la hora de buscar empleo porque las fotos comprometedoras han llegado por un conducto u otro a las manos de quien les puede proporcionar trabajo. Las fotos enviadas por el móvil son como las palabras, cuando se han enviado no se pueden recoger y enterrarlas.
El relajamiento sexual de hoy se le puede considerar liberador. Lo cierto es que esconde una fuerte carga de culpabilidad. Si fuese cierto que disponer del cuerpo a discreción es una manifestación de liberación de los tabúes que se dice impone le religión, la Jessie Logan pone de manifiesto que esta afirmación no es verdad.
Su error lo pagó con su vida porque no pudo resistir a la presión a la que le sometían su círculo de amistades. ¡Cuán necesario es tener presente el consejo bíblico que enseña que el cuerpo no es para ser exhibido públicamente ni de manera gráfica!
De una manera u otra el sentimiento de culpabilidad que provoca el sexting, palabra inglesa que une en un solo vocablo la relación que existe entre sexo y mensajes vía móvil. Más pronto o más tarde las fotos enviadas pasan factura. El mal ya está hecho y no puede darse marcha atrás. A pesar de que las consecuencias públicas de los envíos fotográficos, en algunos casos se pueden evitar, lo cierto es que los efectos en la conciencia son devastadores. Las fotos enviadas golpean como un boomerang. ¿Cómo repeler la agresión? ¿Suicidándose tal como lo hizo la Jessie? ¿Escondiéndose y sufriendo en secreto los latigazos de la culpabilidad que provocan profundas depresiones y alteraciones en el buen funcionamiento corporal? Existe la posibilidad de empezar una nueva vida dejando enterrado el pasado.
Cristo perdona los pecados cometidos. Su sangre derramada en el Gólgota los borra y deja el almo como una hoja de papel blanco. Las punzadas que perjudican a la salud síquica desaparecen por completo. Sí que la memoria puede recordar hechos que se desearía no haber realizado nunca. Este recordatorio sirve para que en el futuro no se vuelvan a cometer para después arrepentirse. Dicho recuerdo no culpabiliza. Podrán llegar a los oídos comentarios maliciosos sobre lo que se hizo en el pasado, pero en Cristo estas críticas perversas no hacen ningún daño porque el Señor es el escudo que detiene los dardos encendidos lanzados con el propósito de perjudicar. El Señor protege a los suyos de todos sus enemigos.
Quien en su adolescencia haya cometido un error parecido al de Jessie Logan, si ha confesado su pecado a Cristo, recuerde lo que dice el salmista: “Bienaventurado el hombre que teme al Señor… Por lo cual no resbalará jamás, en memoria eterna será el justo. No tendrá miedo de malas noticias, su corazón está firme, confiado en el Señor, asegurado está su corazón, no temerá” (Salmo 112:1,6-8).
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