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Una derrota no va a silenciar a la izquierda demócrata
E. J. Dionne
WASHINGTON - Las primarias de esta semana deberían de haber sido una alegría para los Demócratas. En cambio, un comentario perdido de un asesor de Obama amenazó brevemente con provocar una guerra civil en el seno del Partido Demócrata, que necesita toda la unidad posible.
La administración maniobró con rapidez para sanear el mal sabor dejado cuando un alto funcionario de la Casa Blanca cuyo nombre no ha trascendido menospreciaba el trabajo organizado para derrotar a la Senadora Blanche Lincoln en las primarias Demócratas de Arkansas.
Saboreando claramente la victoria de Lincoln en una segunda vuelta en la que contó con el respaldo del Presidente Obama, el teniente político dijo: "Los sindicatos acaban de tirar por el retrete 10 millones del dinero de sus afiliados en un ejercicio inútil", añadiendo que "incluso si la mitad del total se hubiera canalizado bien... podría haber marcado la verdadera diferencia en noviembre".
Los comentarios circularon por la blogosfera izquierdista instantáneamente, provocando la indignación de un movimiento sindical que había trabajado duro para que Obama saliera elegido - y con el apoyo del cual muchos Demócratas en la cuerda floja cuentan este otoño.
En una entrevista la mañana del miércoles, David Axelrod, asesor de Obama, distanciaba a la administración de las incendiarias declaraciones. "No comparto esta valoración y no es la postura de esta Casa Blanca", dijo. ¿Pero creo que esos recursos se podrían haber empleado mejor en sentidos que podrían haber beneficiado a los buenos candidatos progresistas de todo el país? Probablemente".
El revuelo refleja la frustración de la izquierda con la labor del Partido Demócrata a causa de los niveles de paro constantemente elevados y la dificultad de conseguir sacar adelante este año hasta las medidas de gasto estimulador más discretas a través de un Congreso Demócrata.
"Nuestra política parece depender de la elección entre los apóstoles del odio disfrazado de populismo y las voces de complacencia disfrazadas de progresismo", decía el secretario de la federación sindical AFL-CIO Richard Trumka a la izquierdista Campaña por el Futuro de América el martes. Habló mientras acudían a las urnas los electores de Arkansas y otros 11 estados.
Trumka habló de la ambivalencia de la izquierda con Obama, afirmando que "el plan de recuperación del Presidente Obama hizo mucho bien", pero añadiendo luego enfáticamente que "fue una minucia en comparación con la fuerza de la catástrofe económica del Presidente Bush - en gran parte porque se acompañó de un vano esfuerzo por satisfacer a hipócritas congresistas Republicanos y Demócratas pusilánimes".
Tales opiniones allanaron el reto a Lincoln. Se impuso por los pelos al teniente de la gobernación Bill Halter mediante una campaña que admiraron hasta algunos de los partidarios sindicales de Halter en privado. Ellos observan el éxito de Lincoln valiéndose de la oposición de los sindicatos nacionales y los grupos de izquierdas para volver a presentarse como profana - siendo una veterana de casi dos décadas en Washington. Muchos también lo achacan a la ferviente campaña del ex Presidente Bill Clinton, al ser aún una figura muy popular entre los Demócratas de Arkansas.
La escaramuza entre la Casa Blanca y los sindicatos distrajo la atención de una fecha en la que el Partido Republicano siguió desplazándose a la derecha, poniendo en peligro sus esfuerzos de cortejo a los moderados que de lo contrario se sentirían tentados de depositar un voto de castigo a los Demócratas este otoño.
La prueba A de la acusación es el éxito extraordinario del Partido Republicano a la hora de devolver a la vida política al secretario de la mayoría en el Senado Harry Reid. Al designar a Sharron Angle, una de los favoritos del movimiento de protesta fiscal, los Republicanos dieron a Reid el contrincante que esperaba. Ha estado vinculada a grupos de extrema derecha y ha dicho que quiere eliminar paulatinamente la seguridad social de los trabajadores más jóvenes y abolir el Departamento de Educación. Rezagado en las encuestas durante todo el año, Reid ahora se encuentra por delante al menos en una encuesta reciente.
En California, los Republicanos eligen a dos empresarias conservadoras relativamente moderadas, Carly Fiorina por el escaño de la Senadora Bárbara Boxer, y Meg Whitman contra el Demócrata Jerry Brown, que intenta recuperar el puesto de gobernador que abandonó en 1983. Pero tanto Fiorina como Whitman tuvieron que desplazarse a la derecha para ganar sus primarias. Ahora tendrán que volver a configurar sus campañas en el estado que dio a la nación a Ronald Reagan, pero que desde entonces se ha vuelto hostil a los conservadores.
Durante la mayor parte del año, la atención de los medios se ha centrado en el descontento con Obama en el extremo conservador de la política. Pero esta indignación es probable que sea mucho más importante a la hora de modelar el futuro del Partido Republicano que el del país.
Esta semana marcó un giro en la trama, al evidenciar el descontento con el presidente y los Demócratas conservadores que se viene acumulando en la izquierda. Administración y sindicatos superarán su refriega post-Arkansas porque tienen que hacerlo. Pero el enfrentamiento territorial es una muestra de la factura que el elevado paro está pasando al apoyo al presidente entre los que alguna vez fueron sus partidarios más apasionados.
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