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Etiquetas:   Reportaje   Periodismo   -   Sección:   Cultura

“No te metas en este asunto si no quieres perder a tu familia”

Este fue solo uno de los duros y amenazantes mensajes que recibió el entrevistado de este nuevo post. ¿Qué escribió este periodista de República Togolesa?, ¿por qué tuvo que pedir asilo político en España?
Kaik Espada Martín
miércoles, 25 de enero de 2017, 00:08 h (CET)

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De la misma manera que ocurre a veces en España, Kossi Siméon Atchakpa llegó al periodismo de una forma peculiar, realmente estudió Filosofía. Una radio de Togo necesitaba una persona que supiera leer y escribir bien en Ewé, el idioma mayoritario de su país, y esa fue la llave de acceso a una profesión que lo enamoró pero que también le separaría de su familia y le lanzaría fuera de su tierra. Tras el micro se forma y progresa en sincronía con el proceso de democratización de su país, que va desde 1999 a 2003, y en el que el aumento de libertad permite la aparición de prensa más comprometida en la que nuestro protagonista no duda en participar: delaradioalaprensa.com podría haber sido el nombre de su blog en aquel momento.

Así pues, deja las ondas y entra de lleno en un semanario nacional como redactor y, solo un par de años más tarde, su “buen hacer” lo coloca como redactor-jefe. Más tarde, en 2006 da otro salto más y se incorpora a la redacción de una publicación de tirada mensual que acababa de nacer: “Afric Hebdo, una revista que abarcaría temas relacionados con todo el continente, dirigida por un conocido político opositor hasta su muerte en 2008. Aquí escribía de política, sociedad y cultura”, me explica el periodista asilado en Zaragoza.

El fallecimiento del dueño es el fatídico detonante que desencadena su exilio. “Este ingresó en una clínica por subida de azúcar y al día siguiente desapareció del centro. 24 horas más tarde encontraron su cuerpo en una de las playas de Togo. Solo 2 horas tardó el gobierno en emitir un comunicado asegurando que el ahogamiento fue la causa de su muerte”, me explica Siméon con gestos de extrañado, pues no esperaron ni siquiera a la autopsia.

No hace falta tener un agudo olfato periodístico para pensar en secuestro y asesinato. Simeón, aunque lo piensa, no llega a tanto en su primer texto sobre el tema, simplemente hace un análisis sobre los sospechosos acontecimientos que además, explica, se hacen todavía más turbios cuando la oposición y los medios piden insistentemente la autopsia y el gobierno se niega en rotundo a autorizarla. En su segundo artículo, sin embargo, fue más allá y pidió claramente una investigación internacional. “Aquí empezaron los problemas: sms, llamadas de números desconocidos… `No te metas en este asunto si no quieres perder a tu familia era alguno de los amenazantes mensajes´”, explica Siméon, y me cuenta un desagradable suceso: “para alejarme del problema decido salir unos días de casa, en la que vivo con mi mujer e hijos, para trasladarme a mi pueblo. Durante mi ausencia, Josephine, mi esposa, recibe en casa a unos falsos compañeros de trabajo que preguntan por mí, o lo que es lo mismo, unos sicarios”.

“Mi error fue ponerme en contacto con asociaciones de defensa de Derechos Humanos”, así de contundente se muestra Siméon al contarme que la vía de escape que eligió en esos momentos de pánico fue la de contactar con Amnistía Internacional, entre otras organizaciones. “Se pusieron en contacto con Interior y el ministro me quiso poner protección oficial. Si tú lo aceptas, todo seguirá igual o te matarán”. No dudó ni un segundo en negarse a esta extraña vigilancia: “significa firmar tu propia sentencia de muerte, lo sabe todo el mundo”, y más que en todo el mundo, en Europa fue donde tuvo que poner la mirada para salir de ese infierno: Alemania, Francia… o España.

“Es muy complicado pedir un visado en mi país, hay que acreditar ida y vuelta y más cosas”, pero explica cómo lo hizo: “colaboraba con la asociación ENDEV y supliqué que me mandaran al Tercer Foro Mundial sobre Migración en Madrid, al que podían enviar solo a 3 voluntarios”. Lo quiso con tantas fuerzas que solo un mes después de ser amenazado por ejercer su derecho de libertad de expresión aterriza en Madrid, pasa por Barcelona y se queda en Zaragoza como asilado político.

“Estamos felices, hemos tenido suerte”, añade de forma espontánea su mujer, quien está a su lado durante esta emocionante charla. Ella, Josephine, y sus hijos tardaron 3 largos años en reunirse con él en Zaragoza. Agradecen inmensamente toda la ayuda recibida por Asociación de periodistas de Aragón, Reporteros Sin Fronteras y ONG Rescate, hablan muy bien castellano y buscan continuamente trabajo porque saben que no pueden volver a su país en mucho tiempo, pero ansían su retorno. “La cultura se lleva dentro, pero la familia no” dice con rotundidad este luchador que simplemente por ejercer honradamente su trabajo es protagonista de esta entrevista.
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