|
Vergonzantes progresos
Rafael Pérez Ortolá
Estamos siendo zarandeados por un torbellino al que bien pudiéramos denominar como de progresos vergonzantes; el panorama dispone de pocas alternativas atractivas, abundan las desastrosas, la mayoría nos mantienen en la sección peyorativa de los calificativos. Con ser abundantes los avances técnicos, cibernéticos sobre todo, no será necesaria una gran justificación para el nombramiento de adjetivo prominente al de PROGRESO en la DESORIENTACIÓN, título ideal y lamentable para el moento presente. Destinos, medios utilizados, gente despreciada en el camino, corrupción, políticos y banqueros con el cazo preparado, falta de criterios, anarquía moral y filibusterismo; son tan apabullantes como de presentación simultánea. Cualquiera tiene fácil la elaboración de una lista completa con nuevos elementos discordantes y alarmantes. ¿Nadie reacciona en contra? ¿Revertirá el desbarajuste por su propia evolución?
Ruge el mercado internacional, martillea una cultura vacía de contenidos, casi todo está conectado por comunicaciones con las más diversas técnicas, viajeros, corrientes secretas y manipuladoras. Con estos funcionamientos no extrañará que de tanto hablar de globalización nos lo hayamos creído. Sí, sí, no se precipiten, existen formas de actuación comunes, como la niebla envolvente, extendida y con poca sustancia. Sin embargo, son miríadas de conflictos muy individuales, cada persona con sus matices, cada pequeño grupo también; con sus biografías y sus modestos avatares. El asunto de lo global consiste en un malicioso TRUCO de ANULACIÓN. No es global el dominio ejercido, cada día descubrimos detrás, los nombres y apellidos de los truhanes (Extranjeros, nacionales, vecinales); como quedó patente, el sufrimiento de los particulares afectados tampoco es global. De global nada, nos dejamos embaucar con el burdo truco. Nombres, etiquetas, proliferaron en cada época; por el contrario. el timo es lo único global en estas historias sufridas.
De tanto escapismo como presenciamos, disfraces e hipocresías sin freno, mentiras no precisamente piadosas, otras ateas y sobre todo alevosas; la realidad se nos ha desdibujado, resulta complicado situarse con la vorágine. Por eso nos convencen con cierta facilidad, entramos en una auténtica ABSTRACCIÓN. ¿Quién podrá combatir contra algo abstracto? ¡Quiá! ¡Despertemos! Vamos a ver. Ellos dictan las leyes, después afirman que la práctica realizada es legal, ¡naturalmente! Ahora es cuando se presenta el intrincado maligno, en pocos años crecen los patrimonios de encopetados legisladores en cifras de ¡millones de euros!; ¿Legal?, podrá ser. ¿A costa de exprimir a quienes? Por que el disfraz de los porcentajes de comisión, del mercado libre y terco, de los consejos políticos en las teóricas obras sociales del ahorro ciudadano; está clarísimo que no son abstracciones. El progresismo de salón no modifica el concepto de vergüenza y tampoco otros epítetos mayores. Aunque me olvidaba de la destrucción “global” de todo concepto y criterio, es una MENTIRA global; lo creímos, nos lo repiten y seguimos mansos.
Por los entresijos de las crisis actuales, planteamientos sociales erróneos, desbordamientos de la situación; por todas partes surgen y se acumulan los interrogantes. ¿Europa? ¿España? ¿Comunidades autónomas? ¿Cuál es la deriva de la democracia? Tampoco son cuestiones nuevas, se quedan sin respuestas y se huye hacia delante. Preguntas que podemos centrar en la idea de un DIRIGISMO CEGATO; si no es cegato, no hay remisión, habremos aupado a unos dirigentes incompetentes o malversadores. Como un nuevo “rapto de Europa”, se creo un mastodonte sin atender a las ramas, despreciando a sus propios componentes (Véase esta misma Disyuntiva de diario Siglo XXI en II-2005). Aunque votemos, en lo cercano y en lo centralizado, los detentadores del poder ya están elegidos en las listas cerradas; queda muy en entredicho la representatividad a la vista de los sucedidos. ¿Por qué se aleja la sensatez a pasos agigantados? ¡Qué maldición es esta!
Por mucho que los ropajes del progreso vistan lujosos trajes científicos, cubiertos por comunitarismos de pacotilla o con los adornos de mercados liberados; lo vergonzoso estriba en la ATOMIZACIÓN insolidaria que arrastran las diferentes simulaciones. Estamos ante un perverso juego de palabras; en eso sí somos plenamente globales, cada cual tira a lo suyo, descaradamente y abusando sin reparos. De tanta descoordinación y aislamiento, se descentra el mismo sistema de operaciones, no atina con unas andanzas verosímiles adaptadas a la condición natural de los participantes. Aún está por descubrir algo muy importante, estamos condenados a vivir en agrupaciones sociales, lo queramos o no; si alguien pensó en esta evidencia natural, quizá lo hizo con poca intensidad, el empeño tiende a una disgregación antinatural. ¿Por qué tipo de explicación discurren tan mal las cosas?
Se nos acaban los recursos, tampoco ahora se entiende la gente hablando. Aunque a menudo se menciona el diálogo, incluso se solicita con fuerza en mítines y arengas; pronto vemos que no se trata de proclamas dispuesta para la escucha del discordante, se pide algo sin pensar en su cumplimiento, y sin este intercambio será nulo el diálogo, como suele suceder. Por eso fracasa cualquier intento. Olvidamos hasta la necedad el significado de la DIALÉCTICA. No es cuestión de teorías, su eficacia y su realización se demuestran con su práctica; y esta se ve en pocos foros. Voces sí se oyen, melifluas desde las poltronas, estentóreas en tertulias de gran audiencia, ministras y ministros con voz pero sin razones, protagonistas sin fundamento. Qué casualidad, el esfuerzo dialéctico precisa de razones, funciona con el intercambio de aportaciones variadas y tiene como meta la búsqueda de la mejor verdad posible. Un progreso sin buena dialéctica, huele a rancio desde su gestación. En fin, una renuncia más, y van…
Estos días leía a una de las predicadoras habituales sobre cuestiones éticas, muy instalada en los medios, sin mucha dialéctica sana en sus expresiones. La desazón viene tras el análisis de sus frases. Viene a decir, a los sujetos, como personas, les corresponde una ética de máximos y en el sistema político asentaría una ética de mínimos. A mi juicio, dos FALACIAS ÉTICAS tremendas. Como si la ética se instalara por decreto, ¿Qué instalarían los gobernantes que lucimos? Y la segunda, el embudo de lo difícil para cada sujeto y a los políticos una ética comprensiva de menos aspiraciones, como ente público y de convivencia. A la vista tenemos la vergüenza, también ha degenerado esta idea de consideración social. No se por que se empeñan en la denominación de “ética” para semejantes proposiciones, ya no se plantean argumentaciones ideales en consonancia con la naturaleza humana, no es una búsqueda con miras elevadas; se usa de mala manera el concepto, con gran afán acomodaticio, con aires de MEDIOCRIDAD ramplona. ¿Cabe esperar notables mejorías con ese tenor en las inquietudes?
Atrapados en el resto de libertad decisoria todavía a nuestra disposición, cada persona en particular y cada agrupación, tendrán forzosamente algo que decir; si pretenden el establecimiento de unas relaciones sociales dignas. De lo contrario, acomódese cada cual por donde pueda.
|