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Cien Rosales
Nieves Fernández
Es mayo-junio. Mayo porque pasamos lista a su último día por aquí tan manchego y festivo, y nos acercamos a ese cuarenta de mayo refranero, hipotético que lo mismo nos guarda el sayo que nos lo recuerda paralelo al frío, siendo en todo caso un sayo de junio, intemporal, intempestivo. Y junio, por razón propia de calor que empuja a mayo antes de que éste acabe para instalarse él con toda su razón de sol encima.
Es mayo-junio y la literatura en forma de feria del libro madrileña, calurosa y multitudinaria se pone a nuestros pies y a nuestro esfuerzo. Difícil buscar un título, una obra que no sea un best seller o esté manipulada por las poderosas redes de la publicidad. Demasiadas librerías haciendo el junio-agosto, que también está bien pues quién puede vivir en esta época de ventas en papel, cuando las pantallas superan y complementan todos los ámbitos de la palabra. El lector busca y busca y no siempre va a ser una novela gruesa la que nos invite a la lectura, puede ser un poema. Encontrarlo será una tarea fácil o difícil, pero si lo encontramos, buscándolo o por mera casualidad, si se pone a nuestros ojos, el poema puede darnos la vida o la respuesta que andamos buscando. Y así se apagará nuestra satisfacción, nuestra voracidad de buenas lecturas, porque no sólo de pan viven la mujer y el hombre, si me permiten la corrección sexista del lenguaje para hacer justicia a la estadística cuando afirma que es la mujer la que lee mucho más que el hombre.
Y entonces, buscándolo pero también por casualidad, el poema aparece.
Es curioso y tópico también que la primavera nos hable siempre de flores y de versos. Un poeta con nombre de florido arbusto se asoma a estas líneas para proclamar que hace cien años que nació, tal que un treinta y uno de mayo en Granada. Cien años que tras su trabajo heredado a modo de rimas se aparece nuevo a nuestros ojos de lectores ávidos. Es lo que suele ocurrir con las grandes obras y grandes autores. Luis Rosales se llama y desde su recuerdo y los múltiples actos que se están celebrando a lo largo de sus geografías quiero destacar varios de sus títulos. Será La casa encendida, una de sus obras más importantes, la que dé nombre al lugar donde se muestra una gran exposición sobre su vida y obra y mucho más, todo un centro cultural. Dijo una vez este poeta que “él no quería ser un autor de moda”, pero tampoco que se le olvidara, eso nos lo dice ahora su hijo Luis Rosales Fouz en pleno centenario de su padre, y será también un sobrino, José Carlos Rosales, el comisario de la completa exposición que recorre Andalucía y ahora Madrid, pero no todo queda ahí, habrá cientos de lecturas públicas en centros educativos a cargo de otros poetas andaluces, así como la publicación de su antología. Exponer, leer y transmitir y publicar la obra son tareas importantes para que un poeta como Luis Rosales no quede olvidado. Es el autor del año en Andalucía, nombrado así para no ser olvidado, por nacer en un 1910 lejano y presente.
El CAL, Centro Andaluz de la Letras, ejemplo nacional e internacional de transmisor de cultura y sabiduría, no sólo a través de los escritores andaluces sino de los de toda España, es el encargado de programar estos actos que nos recordarán el vitalismo del autor pero también su conciencia del dolor y las penalidades existenciales de la vida humana.
Y en un panel gigante como él, un poema también gigante. La obra que deseo destacar de Rosales es Rimas, otras Rimas que no las de Bécquer, es increíble la riqueza de la poesía y cómo nos acompaña y nos salva en cada instante, poderes de la literatura, se dice que uno de los poemas, Ven conmigo, se lo escribió a su esposa enferma. Sin embargo, el poema se hace extensivo a todo el que quiera compartir su optimismo tras los momentos, también en crisis. “(…) Estás inquieta. / Se te ha olvidado andar, se te ha caído/ la voz y no la encuentras,/ la buscaré contigo y las palabras/
vendrán./ Vamos a hacer la primavera,/ vamos a hacer el mar poquito a poco,/
la luz, la paz, la guerra,/ como si no se hubiesen desprendido/
ya una vez de tu voz y en ti nacieran. (…)”
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