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Panem et circensis
Antonio Pérez Gómez
Describía el poeta Juvenal en el siglo I la nefasta costumbre de algunos emperadores de regalar alimento y entretenimiento a las masas indoctas para contentarlas y mantenerlas entretenidas. De ello hace 2000 añazos, pero hoy en día la práctica se lleva a rajatabla. Eso sí, el nuevo “circo” de hoy en día es el fútbol.
Todo el mundo sabe la estrecha conexión del fútbol y la política. Desde tiempos inmemoriales, la política se ha servido del deporte en general, y del fútbol en particular, para calar en la gente. Y digo que no es nuevo. Mussolini prácticamente compró el título de campeón del mundo en el 34 para su selección, que jugaba en casa. Hitler organizó en el 36 unas olimpiadas para mayor gloria de la raza aria; Franco no tuvo problemas en cambiar sus simpatías iniciales hacia el Atlético Aviación por la del Madrid, ya que a partir de Bernabeu empezaba a ganarlo todo dentro y fuera de España. Hoy en día, los movimientos independentistas vasco y catalán enarbolan la bandera del Bilbao y Barça, respectivamente, como iconos deportivos de sus causas nacionalistas.
Pero este abuso, esta prostitución que los políticos hacen del fútbol no pertenece sólo a lo sectores políticos más rancios, radicales o descerebrados. Los gobiernos democráticos también suelen hacer uso de esto. Y esa “cosa” que tenemos en España rigiendo nuestros destinos, no podía ser ajeno a práctica tan rastrera, faltaría más.
Y es que la situación del desgobierno “Zetapeiril”, con sus “Pepiños”, sus “Bisbianas”, sus “Pajines mentales”, con todos los dislates que entre todos organizan y desorganizan, ha llevado al del talante a tal descrédito ante la ciudadanía que desde el consejo de ministros han debido entender que sólo con un exitazo de la selección podrían aspirar a no ser revolcados por el fango en las siguientes elecciones (recordemos que el año que viene hay elecciones locales y regionales).
Así que, ya que parece que han salvado más mal que bien, el periodo de “sequía” que fue desde el final de la liga hasta el comienzo del mundial, desde las altas esferas se han entregado a usar la selección y el mundial. ¿Cómo? Pues confiando en que se produzca ese exitazo de la selección que decía antes. Para ello, no se ha reparado en gastos. Creyendo que los jugadores de la selección correrán más si se les pone una zanahoria más gorda delante de las narices, la federación de fútbol, dependiente del gobierno (les recuerdo que éstos suprimieron el ministerio de deportes) les ha puesto una prima de 600.000 euros por ganar el mundial. En esos ya somos los campeones del mundo. Tan sólo un dato: Alemania, otra de las candidatas, les pagaría a lo suyos unos 200.000 euros. La tercera parte. Las consideraciones derivantes de esto, en el contexto económico en el que estamos y tras recortar a los funcionarios el sueldo, se las dejo a ustedes, puesto que mi columna no es política.
Y otro “botón” más: adivinen cuando entra en vigor la tan cacareada e híper polémica reforma laboral que supondrá no sólo la liquidación definitiva de la política social del gobierno, sino la confirmación al mayor atentado contra los trabajadores de la historia de la democracia en España: el 16 de junio. ¿Les suena la fecha? Eso es: el día que debuta la selección en el mundial. No, no es una casualidad. Hoy, como hace 2000 años, se confía en que la masa indocta se pegue al televisor y no mire mucho hacia donde le llevan los que mandan.
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