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Trinidad Jiménez miente
Luis del Palacio
Muchos amigos, algunos compañeros y hasta una monja teresiana amiga de la familia me han pedido que dedique esta columna, que será publicada al día siguiente del llamado Día Mundial sin Tabaco, precisamente al tabaco y su prohibición en cualquier espacio público cerrado.
Se nos viene encima el verano y a los que tenemos el hábito –“vicio” para los inquisidores- del tabaco, “nos la querían meter doblada” (perdón por la grosería) aprovechando el solaz de las terrazas y que parece que con eso de la playa, las excursiones por la montaña y la canción del verano (la de “Algo pequeñito”, por fortuna, no será) tendemos a relativizar el incordio, la palmadita en el hombro de un estado paternalista e incompetente, el decretazo, la subida del IVA o lo que sea.
Sin embargo, y gracias a que no hay mal que por bien no venga y que Zapatero no pierde la esperanza de ganar post mortem (político) una última batalla, los perseguidos, apestados fumadores, tendremos un último respiro (o inhalación de nicotina) hasta enero de 2011. Ahora parece que empezarán a debatir la ley en julio y que, una vez aprobada, entrará en vigor en enero de próximo año. Este columnista, a quien a veces le gusta apostar a par o impar, no cree que ZP llegue a fin de año; cosa que aventuré hace tiempo y de ahí la referencia a Rodrigo Díaz de Vivar en lo de “ganar batallas después de muerto”. Si la ley es sancionada por el Parlamento es muy difícil que el PP, si gana las elecciones, la derogue.
Pero antes de que me extienda demasiado, me gustaría hacer una pequeña aclaración, un mentís a nuestra ministra de Sanidad:
No es verdad que el papanatismo sobre las medidas inquisitoriales en contra del tabaco se haya extendido a todos los países miembros de la Unión Europea, y que nosotros seamos otra vez “los niños malos que no hacemos los deberes” y estupideces por el estilo. Trinidad Jiménez –que ha hecho buena a Elena Salgado en el cargo que ostentó como ministra de la cosa- miente, engaña a los ciudadanos, cuando afirma que la prohibición de fumar en los espacios públicos cerrados se haya generalizado “en los países de nuestro entorno”. Contra todo pronóstico, no es la liberal Gran Bretaña, ni la bohemia Francia, ni la bullanguera Italia (empacho de tópicos que todavía funcionan) los que se han saltado ese principio del “catecismo del buen europeo”. Alemania -¡Sí! Alemania- ha sido el país donde no se ha impuesto el fundamentalismo en contra del tabaco y aquí el sufrido ciudadano puede elegir entre ir a un bar o local donde se fume o a otro donde no. Los restaurantes conservan sus dos zonas y… chacun à son goût!
Los alemanes, líderes de los movimientos verdes y ecologistas de Europa, han tenido el acierto de no confundir churras con merinas y tienen muy claro que una cosa es una oficina, un negociado de la Hacienda Pública, un hospital, o la sala de espera de una estación o aeropuerto, y otra muy distinta un bar de jazz, una sociedad gastronómica, un asador o una boda. En esto, y sin que sirva de precedente, Alemania es una verdadera “locomotora”, líder del ataque al pensamiento único.
La Salgado, que lo mismo sirve para un roto que para un descosido, cesó al frente de la sanidad pública antes de que nos prohibiera beber vino, y la Jiménez no se resigna a pasar a la pequeña historia como mentora de ZP, sino que se apunta al carro de los ministros desamortizadores y, si Obama no da contraorden, se saldrá con la suya en eso de prohibirnos fumar un buen habano después de una comilona o en la boda de un pariente (quizá sea por eso que el Duque de Feria ha decidido casarse este año… y nosotros con estos pelos).
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