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Elevar el umbral de la pobreza
Robert J. Samuelson
WASHINGTON -- ¿Quién es pobre en América? No es una pregunta fácil de responder, y la administración Obama lo hará más difícil. Es difícil porque no hay una definición concluyente de la pobreza. La renta modesta importa, aunque no está claro lo baja que debe ser. La pobreza también es un estado mental que fomenta comportamientos autodestructivos - malos hábitos laborales, desintegración familiar, hijos ilegítimos y adicciones. Por último, la pobreza es resultado de un golpe de suerte pésima: accidentes, pérdida del puesto de trabajo, discapacidad.
A pesar del desorden de la pobreza, hemos tendido a medir los avances realizados en su lucha mediante un baremo estadístico único, el umbral federal de la pobreza. Originalmente fue diseñado durante la década de los años 60 por Mollie Orshansky, una analista de la Agencia de la Seguridad Social, y pasó a formar parte del programa Guerra contra la Pobreza aprobado por Lyndon Johnson. Ella calculó el coste aproximado de una dieta escueta - pero equilibrada - usando datos del Departamento de Agricultura y lo triplicó. Esta cifra se ajusta anualmente a la inflación. Durante el ejercicio 2008, el umbral de la pobreza se situó en 21.834 dólares en el caso de una familia de cuatro miembros con dos hijos menores de 18 años.
Según este baremo, no hemos hecho grandes avances. Menos en los períodos de recesión, cuando el índice de pobreza puede alcanzar el 15 por ciento, lleva décadas oscilando dentro de una horquilla estrecha. En el ejercicio 2007 - apogeo del último ciclo económico - el índice de pobreza era del 12,5 por ciento; uno de cada ocho estadounidenses era "pobre". En el ejercicio de 1969, apogeo de otro ciclo económico, el índice de pobreza fue del 12,1 por ciento. Pero la aparente ausencia de avances es engañosa por dos razones.
En primer lugar no tiene en cuenta la inmigración, que ha elevado el cómputo de la pobreza. Muchos inmigrantes son pobres y mano de obra de baja cualificación. De 1989 a 2007, alrededor de las tres cuartas partes del incremento de la población pobre se registró entre los hispanos - sobre todo los inmigrantes, sus hijos y nietos. El índice de pobreza en el caso de los negros descendió durante este período, aunque siguió siendo muy elevado (24,5 por ciento en 2007). Los "expertos" de la pobreza no se detienen en la inmigración porque ello implica que unas políticas más restrictivas pueden paliar la pobreza estadounidense.
En segundo lugar, el bienestar material de los pobres ha mejorado. El baremo oficial de la pobreza oculta esto computando únicamente la renta líquida pre-retención fiscal e ignorando otras fuentes de ayuda. Éstas incluyen deducciones en el impuesto sobre la renta (una ventaja fiscal de los trabajadores de renta modesta), cartillas de alimentación, seguro de salud (Medicaid), ayudas a la vivienda y subsidios energéticos. El gasto de los hogares pobres a partir de todas las fuentes de recursos podría duplicar su renta declarada, según informa un estudio realizado por Nicholas Eberstadt, del American Enterprise Institute. Aunque muchos pobres viven al día, se han beneficiado del incremento de la calidad de vida. En el año 2005, el 91 por ciento tenía microondas, el 79 por ciento aire acondicionado y el 48 por ciento tenía un móvil.
El umbral de la pobreza existente podría mejorarse añadiendo al cálculo algunos recursos y obviando algunos gastos (por ejemplo: la atención infantil). Lamentablemente, la propuesta lanzada por la administración de implantar una "medida complementaria de la pobreza" en 2011 - para complementar, no reemplazar, el umbral de la pobreza existente - va más allá de estos cambios. El nuevo cálculo de la pobreza agravará la confusión pública. También plantea dudas de que la estadística no se esté adaptando para impulsar un programa político.
La "medida complementaria" relaciona el umbral de la pobreza con lo que el tercio de estadounidenses de renta inferior gasta en comida, vivienda, ropa y bienes de primera necesidad. El umbral real - no calculado aún - será casi con seguridad superior al umbral de la pobreza actual. Por otra parte, la nueva definición tiene consecuencias extrañas. Supongamos que todos los estadounidenses duplican sus ingresos mañana, y supongamos que su gasto en comida, ropa, vivienda y bienes de primera necesidad también se duplica. Esto parece significar menos pobreza - (BEG ITAL)pero no según el nuevo cómputo de pobreza(END ITAL). No disminuiría, porque el umbral de la pobreza se elevaría a medida que creciera el gasto. Muchos estadounidenses encontrarán extraño esto: la población es más rica, pero "la pobreza" permanece constante.
Lo que produce este resultado es una visión diferente de la pobreza. El concepto actual es absoluto: el umbral de la pobreza refleja el importe aproximado de satisfacer las necesidades básicas. Por el contrario, la medida complementaria incluye una noción de la pobreza relativa: la gente es pobre automáticamente si se distancia de los máximos, incluso si sus ingresos están aumentando. El concepto es que sufren privación psicológica al distanciarse del grueso de la población. El cálculo de esta definición relativa dificulta que la gente a la cola escape alguna vez de la "pobreza".
El nuevo indicador es un "mecanismo de propaganda" destinado a promover la redistribución de la riqueza al avalar que la pobreza es difícil de combatir o que crece, dice Robert Rector, de la Heritage Foundation. Tiene razón. La Oficina del Censo ha llegado a estadísticas parecidas a las de la propuesta de la administración. En el ejercicio 2008, el umbral de la pobreza tradicional fue del 13,2 por ciento; con la estimación del nuevo baremo alcanza el 17 por ciento. El nuevo baremo de la pobreza supera al antiguo, y la brecha crece con el tiempo.
Parafraseando al difunto Senador Daniel Patrick Moynihan: la administración define la pobreza al alza. Es legítimo debatir hasta qué punto debemos ayudar a los pobres o tratar de reducir las desigualdades económicas. Pero el debate no debe verse distorsionado por baremos engañosos que probablemente entenderá un estadounidense de cada 100.000. Los baremos gubernamentales deben procurar la neutralidad política. Este fracasa.
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