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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

La confusión que rezuma del golfo

E. J. Dionne
E. J. Dionne
domingo, 30 de mayo de 2010, 22:52 h (CET)
WASHINGTON -- ¿Quien está a cargo de detener el vertido de petróleo, BP o el gobierno federal?

El hecho de que la respuesta a esta pregunta parezca ser igual de turbia que el agua que rodea a la plataforma petrolera accidentada en el Golfo de México sugiere que es un momento inmejorable para reconocer que nuestros argumentos que comparan el capitalismo frente al socialismo y al gobierno federal frente al sector privado enturbian mucho más de lo que aclaran.

Hay muchas ironías trágicas arrastradas a la superficie junto con el crudo. Considere la situación del Gobernador de Luisiana Bobby Jindal, un conservador devotamente contrario a los esfuerzos del gran gobierno.

"La fortaleza de América no reside en nuestro gobierno", afirmaba Jindal en su respuesta al discurso del Presidente Obama ante el Congreso en 2009. "Reside en los compasivos corazones y el espíritu de empresa de nuestra ciudadanía".

Pero con su estado abocado al desastre medioambiental de proporciones inciertas, Jindal pide una ayudita a Washington. Da la lata con que el gobierno federal no está haciendo lo suficiente para ayudar. "Está claro que no tenemos los recursos que necesitamos para proteger nuestras costas", decía a principios de esta semana, manifestando su frustración con "el esfuerzo descoordinado hasta la fecha que con demasiada frecuencia ha significado que la ayuda llega tarde y mal".

No se puede culpar a Jindal por perder la paciencia. ¿Pero reconocerá en algún momento que los "corazones compasivos" no bastaron a la hora de capear esta catástrofe? ¿Preguntará alguna vez a BP lo preparada que estaba para algo así? ¿O se apoyará simplemente en "el espíritu de empresa" de la compañía?

Por su parte, la administración Obama no ha trasladado un mensaje consistente precisamente. El domingo, el Secretario de Interior Ken Salazar proclamaba en los exteriores de la sede de BP en Houston: "Si descubrimos que no estaban haciendo lo que se suponía que hacían, les obligaremos a hacerse a un lado como corresponde".

No según el Almirante Thad Allen, el responsable de la respuesta a nivel nacional. Hablando al día siguiente en la Casa Blanca, Allen observaba: "Quitar de en medio a BP plantea una pregunta: ¿Con qué los reemplazamos?"

Precisamente. Aunque Allen puede no ser un filósofo político, habló con la sofisticación de uno durante una entrevista con la CNN.

"Lo que hace de éste un incidente anómalo sin precedentes", decía, "es que el acceso al lugar de vertido está controlado por la tecnología que se utilizaba para la prospección, que es propiedad del sector privado".

Ahí lo tiene: "¡Haz algo!" gritan los ciudadanos al gobierno encargado de proteger el medio ambiente de y alrededor de un Golfo de México que no es propiedad privada de nadie. Pero el gobierno, al parecer, no sabe hacer nada de nada porque los medios para contener este incidente anómalo sin precedentes están por completo en manos de una empresa privada. Se confió en que sabía lo que estaba haciendo con un equipo complejo que, al parecer, ni BP entendía muy bien o no estaba dispuesta a utilizar con prudencia.

Con retraso, la Administración Obama se ha dado cuenta de que la ciudadanía nunca puede aceptar la idea de que su gobierno está impotente. Está haciendo gestos para demostrar que lleva las riendas, hasta cuando no las lleva. El presidente planea volver a visitar el Golfo, y el miércoles la Casa Blanca llamaba a un grupo de columnistas para invitarles a una sesión con Allen, que se está ganando su reputación de sincero de pega. Hablaba mientras se daba la orden de intentar tapar el yacimiento a través de un proceso bautizado de forma pintoresca "Top Kill".

Allen fue directo al decir que la ley sitúa con claridad la responsabilidad de poner fin a este vertido en BP. Añadió que era "una línea de investigación legítima" si es donde debería ponerse el énfasis. "¿Son bienes públicos o privados?" preguntaba. "¿Quién debe fabricarlos? Es una cuestión absolutamente legítima". Es un desastre que esta cuestión legítima no se planteara hace mucho. Allen instaba acertadamente a que la decisión del Congreso de poner tanta autoridad en manos de empresas privadas sea examinada por la comisión que investiga el vertido.

La "liberalización" es maravillosa hasta que descubrimos lo que pasa cuando no se utilizan o se respetan los reglamentos. Todo el mundo es capitalista hasta que la empresa hace aguas. Entonces todo el mundo empieza a hablar como socialistas, suponiendo que el gobierno puede arreglar las cosas porque lo ven tan enorme y poderoso como los críticos del movimiento fiscal dicen que es.

Pero la verdad es que hemos apartado competencias del gobierno y puesto enormes responsabilidades en un sector privado que nunca va a considerar proteger el interés de la nación como su principal tarea. El chapapote del Golfo es, en último término, producto de nuestras propias contradicciones.

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